Segundo apuñalamiento yihadista en Francia en lo que va de año

La propaganda de Isis anima a cometer atentados durante la pandemia

Knife attack in Romans sur Isere
Uno de los establecimientos en los que atacó el yihadista EFE/EPA/ALEX MARTINALEX MARTINEFE

Al final, la propaganda yihadista, lanzada de forma persistente, logra sus fines. Tal y como adelantó este periódico, ISIS (Estado Islámico, Daesh) anima en sus publicaciones a cometer atentados a los actores (“lobos”) solitarios durante la pandemia del coronavirus, con el fin de producir una mayor desestabilización de la sociedad occidental. Mostraba su deseo de que fuera Francia uno de los países más afectados por el mal.

De hecho, la Fiscalía francesa investiga como atentado yihadista el ataque perpetrado por un hombre al grito de "Allah Akbar" (Alá es grande) en el centro de Romans sur Isère en el que fueron asesinadas dos personas y heridas otras cinco.

El autor es un sudanés, refugiado en territorio galo, converso al Islam, al que se han encontrado en su domicilio documentos manuscritos "de connotación religiosa en las que el autor se queja sobre todo de vivir en un país de infieles".

El agresor, nacido en 1987, agredió con un cuchillo a las siete personas en distintos comercios y calles del centro de la citada localidad, de unos 33.000 habitantes situada a 25 kilómetros de Valence, en el departamento de Drome (suroeste)

Fue detenido quince minutos después de la acción criminal mientras, de rodillas, rezaba en árabe y pedía a los agentes que le mataran. Debe ser por aquello del “martirio” que él no se había atrevido a acometer por voluntad propia.

Este atentado es similar al cometido, el pasado mes de enero por un individuo que fue abatido por la Policía. Los hechos ocurrieron en un parque público de Villejuif, al sur de París. Aunque el hecho se atribuyó a la acción de un desequilibrado, lo cierto, según informaron a LA RAZÓN fuentes antiterroristas, es que el sujeto respetó a la vida a quienes le demostraron que eran musulmanes, a los que obligó a recitar suras de El Corán para comprobar este extremo.

En el caso de Romans-sur-Isère, el presunto asesino aprovecho a las personas que salían a comprar o iban a abrir sus establecimientos y, aunque había poca gente en la calle para perpetrar su crimen.