Operación Balmis: Así es el “cerebro” que coordina a los miles de militares que luchan contra el coronavirus

LA RAZÓN visita el Mando de Operaciones, desde donde se gestionan las peticiones de ayuda que llegan a las Fuerzas Armadas. De más de 600 actuaciones en un día han pasado a menos de 300

En el mismo instante en el que arrancó el estado de alarma, las Fuerzas Armadas recibieron la orden de desplegarse por toda España para colaborar en la lucha contra el coronavirus. Bajo el nombre de «Balmis», unos 6.000 militares de media (el contingente ha llegado a superar los 8.200) participan a diario en la que es ya la mayor operación militar en territorio nacional en tiempos de paz. Un despliegue de personal y material sin precedentes cuyo «cerebro» está a apenas 10 kilómetros del centro de Madrid, en la Base de Retamares de la localidad de Pozuelo de Alarcón, donde se encuentra el Mando de Operaciones (MOPS). Allí, en una sala de apenas 250 metros cuadrados, una veintena de militares dirige a diario a esta orquesta de miles de uniformados de los dos Ejércitos, la Armada, la Unidad Militar de Emergencias y la Inspección General de Sanidad de la Defensa que a diario recorren España desinfectando, ayudando a levantar hospitales de campaña, transportando material sanitario y alimentos, dando seguridad a infraestructuras críticas o trabajando en los hospitales militares. Y lo hacen, como dicen ellos: «24/7».

Es jueves, 23 de abril, y tras 40 días de batalla, la situación parece que empieza a estabilizarse y mejorar. Los datos comienzan a ser menos negativos y aunque hay que tomarlos con prudencia, invitan a la esperanza. Y ese optimismo se nota en el Centro de Operaciones Conjuntas, desde donde se gestionan todas las solicitudes de ayuda que las distintas administraciones hacen a las Fuerzas Armadas. Lo normal es que desde este lugar se conduzcan las operaciones permanentes (en territorio nacional) y se realice el seguimiento de las misiones en el exterior, pero el coronavirus «rediseñó» el 14 de marzo esta sala, la cual ha visitado LA RAZÓN.

«Ahora tenemos una configuración “Bravo”, de nivel intermedio («Alfa» sería para tiempos de paz y «Charlie», para un nivel de intensidad de combate alto). Como hay que evitar los contactos entre las personas para reducir los contagios, tenemos una célula reducida, de unas 12 personas de día y cinco por la noche, más los mandos», explica el capitán de navío Alberto Cartelle, jefe del Centro de Operaciones de «Balmis».

Sin embargo, pese a esa mayor tranquilidad que viven tras la tempestad, la actividad no cesa en esta sala presidida por una pantalla gigante con un mapa de España en el que se muestran en tiempo real todas las intervenciones de los militares o los movimientos aeroestratégicos previstos.

Aquí llegan todas las peticiones de ayuda de las autoridades civiles, principalmente de las delegaciones de Gobierno de las comunidades, que recopilan las solicitudes de las diferentes administraciones de sus regiones. Eso sí, antes de que sean autorizadas por los ministerios competentes, el MOPS las recibe para ir valorando si son capaces de llevarlas a cabo y así agilizar el proceso. «El personal de operaciones las estudia, canaliza, coordina y asigna a los diferentes Mandos Componentes (Tierra, Aire, Armada, o UME)», explica Cartelle. Y aunque reconoce que le gustaría contar con más efectivos «para no sobrecargarlos», las medidas de protección mandan y aun así, tiene cubiertas todas las necesidades: dos personas para temas logísticos, dos para Sanidad, una para temas de influencia, otra para personal, dos de la UME, un oficial de enlace con la Policía Nacional, otro con la Guardia Civil... Por sus manos pasan todas las solicitudes.

La “estrella”, las desinfecciones

«Hemos llegado a recibir más de 600 peticiones al día», destaca para apuntar que «la “estrella” es la desinfección. Llevamos más de 9.600 actuaciones de este tipo, de las que más de 4.600 han sido en residencias». En total, y hasta el pasado jueves, los militares desplegados en «Balmis» han actuado en todas las provincias y en todas las comunidades de España. Las botas de los uniformados han pisado hasta ahora unas 2.000 localidades españolas para llevar a cabo cerca de 17.000 intervenciones, las cuales se dividen en cuatro tipos: sanitario (personal médico y equipamiento para hospitales de campaña, además de desinfecciones); logístico (transporte aéreo o terrestre de material o alimentos); seguridad (en apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado) y castrametación (construcción de hospitales de campaña o albergues).

«Hay intervenciones que tenemos más rodadas, como las desinfecciones», cuenta el capitán de navío, quien explica que su activación es «muy rápida» y se hace valorando el despliegue geográfico de las diferentes unidades. Lo normal es que se realicen al día siguiente de que haya entrado la petición. Otras, como montar una extensión para un hospital con tiendas de campaña, «necesitan más coordinación y planeamiento, y pueden tardar entre 48 y 72 horas», aunque «poco ha poco se han ido puliendo los procedimientos». Eso sí, recuerda que en los momentos más duros «tuvimos lista de espera, aunque nunca superó las 48 horas. Pero desde hace unos días, ya no».

«Alguna no se han podido ejecutar porque, o bien no disponíamos de esa capacidad, o no estaba autorizado. Otras eran muy imprecisas, como una comunidad que necesitaba la desinfección de todos los viales, todas las marquesinas, los cajeros automáticos... no venía nada detallada y nosotros necesitamos dónde, cuándo y qué para hacer una planificación militar», apunta. Según explica, «las comunidades que más ayuda nos han solicitado han sido Andalucía y Madrid, y la que menos, el País Vasco, pero también hemos hecho allí unas 40 intervenciones».

Prioridad: las residencias

En cuanto a cómo deciden qué actuaciones son prioritarias, reconoce que «las residencias han estado y siguen estando en la primera prioridad, pero hay otras, como son los hospitales, los centros de salud o centros penitenciarios». Eso sí, «una residencia antes que un parque», deja claro.

Pero ahora ya comienzan a bajar el ritmo y de las más de 600 actuaciones que tuvieron el 7 y 8 de abril han pasado a unas 300. «Hemos llegado a hacer hasta 280 residencias en un día y ahora estamos en 100 como mucho». Una carrera de fondo que muchos de los que están en esta sala llevan corriendo más de 40 días seguidos, parando únicamente para dormir. Cartelle es uno de ellos, junto al teniente general Fernando López del Pozo, comandante del MOPS, o el adjunto de Operaciones, general José Manuel Vivas. Ambos asienten con resignación.

Y, orgulloso, el capitán de navío destaca: «Solo hemos tenido una persona contagiada en el MOPS. Fue al principio, ya ha dado negativo y se ha reincorporado».

El jefe de este centro de operaciones también confía en que poco a poco la situación continúe mejorando: «Ahora se ha normalizado y vamos, como marino que soy, a velocidad de crucero».