El asesino de mendigos que no querían ni los propios mendigos

Thiago Lages, brasileño, vagaba por España y tenía pendiente un expediente de expulsión

Trigésimo noveno día de confinamiento por el estado de alarma
Un mendigo pide limosna a los coches parados en la plaza Cerdá de Barcelona EFE/Andreu DalmauAndreu DalmauEFE

La pandemia de coronavirus que sufrimos ha generado, aún en sus comienzos, cuando la OMS lanzaba sus primeros avisos, situaciones indeseables que después de tornaron en dramas.

La Policía Nacional detenía el pasado 20 de enero en Zaragoza a Thiago Lages Fernándes, un brasileño de Bello Horizonte, nacido en enero de 1985. El arresto era por su situación irregular en España, a la que había llegado procedente de Portugal. No se le ingresó en el CIE, hasta que se solventara su expediente de expulsión, por las primeras medidas preventivas que se tomaban contra lo que con el paso del tiempo se convirtió en pandemia. Y quedó en libertad.

Ni los agentes, ni nadie, sabían que Thiago era una bomba de relojería, un presunto asesino en serie, que ha causado el terror entre los mendigos de Barcelona, a tres de los cuales ha asesinado, aunque la cifra puede alcanzar los cinco. Ya está en prisión, gracias a la acción de los agentes de los Mossos D’Esquadra.

Los crímenes, todos en la zona del Eixample, se han cometido de una manera fría, indiscriminada, siempre con un objeto contundente, un palo o una barra de hierro, con los que golpeaba salvajemente a sus víctimas hasta causarles la muerte.

Las motivación de una actuación tan inhumana es difícil de encontrar. Pero hay un dato que puede ser revelador. Thiago viajó de Zaragoza a Barcelona y, en un primer momento, se alojó en casas abandonadas donde duermen mendigos, okupas o personas que no tienen a donde ir. Su carácter violento, su escasa capacidad de convivencia, hicieron que fuera expulsado de estos lugares y que terminara viviendo en una caravana abandonada. ¿Sus crímenes son una venganza al rechazo que sufrió?. Es una hipótesis sin confirmar.

Las diligencias instruidas por los Mossos D’Esquadtra han permitido esclarecer e imputarle, de forma indiciaria, tres asesinatos de momento.

--El perpetrado el pasado 16 de abril. Golpeó a I. A. con una barra de hierro, que se encontró en el registro del lugar donde vivía. Las imágenes obtenidas por los agentes en el entorno de la zona del Auditori Nacional de Cataluña, permiten observar de forma clara cómo el autor de los hechos huye del lugar tras golpear a la víctima. Sus características: hombre vestido con pantalón largo negro y encima uno gris corto, un elemento tapabocas, un chaleco reflectante naranja colgando de una mochila, una gorra azul del F.C. Barcelona y gafas de sol, las cuales se quita, lo que permite ver su rostro de forma nítida. Los Mossos ya tenían la primera pista.

--El segundo asesinato, en la persona de J.R.B.G., se cometió dos días después, prueba de que actuaba de una forma compulsiva, un presunto asesino en serie. De nuevo, gracias a las imágenes de las cámaras de seguridad, se observó a una persona con gorra roja, mochila oscura, pantalones y chaqueta oscuros y un pañuelo en el cuello. Se detuvo en las proximidades de calle Caspe y, a continuación, a la altura del número 22, donde se hallaba la víctima, extrajo de la mochila un palo que agarró con su mano derecha y se dirigió hacia la víctima, que se encontraba dormida. Le propinó seis golpes contundentes en la cabeza. Por la fisionomía y morfología era la misma persona que la del crimen anterior.

--Y el día 27, el tercero, con la muerte de J. P.H en calle Roselló. La suerte fue que le vieron dos testigos con un objeto contundente, actitud agresiva y con un palo en la mano. También observaron que se dirigía a un indigente, que dormía habitualmente en un portal de la zona. Los testigos, por precaución, se ocultaron en sus casas. A los pocos minutos, contemplaron desde el balcón que el indigente estaba sangrando y avisaron a la Guardia Urbana. El agresor había desaparecido.

Los Mossos montaron un amplio dispositivo ya que, según todos los indicios, estaban ante un asesino en serie con el riesgo para las personas que ello conlleva. Esa misma noche, observaron a un hombre que coincidía con la descripción del presunto autor y procedieron a realizar un seguimiento hasta que fue detenido. Hacía movimientos extraños. Corría, se paraba, zigzagueba, se hacía el despistado, pero no le valió de nada.

Con anterioridad al arresto, un agente del cuerpo policial autonómico, que se encontraba fuera de servicio, cogió el ferrocarril dirección Barcelona y vio entrar en el vagón a un hombre en actitud nerviosa y errática. El mosso le vigiló por su extraña actitud hasta que se bajó en la estación de Gracia; le siguió a una distancia prudencial y pudo comprobar que tenía escondida una barra de hierro en la manga de la chaqueta, en el brazo derecho; en la mano izquierda llevaba un destornillador con el mango de color anaranjado. Sus intenciones no podían ser buenas y, además, se ajustaban al individuo al que se estaba buscando. De momento, no lo relacionó con los crímenes, pero su testimonio ha sido de vital importancia para reconstruir los hechos.

Gracias a las imágenes de videovigilancia de Ferrocarriles de Catalunya se pudo comprobar además uno de sus recorridos: subió al tren en la estación de Les Planes y en la estación Baixador de Vallvidrera bajó a las vías y agarró un objeto rígido que escondió.

En la entrada y registro practicada en la caravana que constituía su domicilio estacionada en el cruce del Molí de les Planes con Miralluny, de Sant Cugat del Vallès, se encontraron, entre otros objetos: unas gafas similares a las que llevaba el autor, una chaqueta reflectante color naranja negro y blanco, unos tirantes de goma color negro, una gorra roja del FC Barcelona, guantes negros sin dedos coincidentes con las imágenes obrantes en las actuaciones. Todos estos objetos eran coincidentes con los que llevaba el autor del crimen del día 16.

También fueron halladosun pañuelo tipo palestino gris, blanco, rojo y negro a cuadros, cazadora gris marca “Dissident”, gorra roja con visera azul del FC Barcelona y guantes color negro sin dedos, coincidentes con las imágenes relacionadas con el asesinato del día 18.

Con respecto al último crimen, el del 27, se encontró un un patinete de color plateado con la inscripción “Owen Professional con ruedas rojas, la gorra del FC Barcelona y los guantes sin dedos. Asimismo, se recogieron otras prendas con restos biológicos, presuntamente sangre, que deberán ser objeto de análisis y cotejo de ADN.

Era tal el cúmulo de evidencias encontradas que los investigadores, ni, posteriormente, el juez, tuvieron ninguna duda de que era el autor de las acciones criminales.

Además, el detenido, en su declaración, no dio explicación razonable de lo sucedido limitándose a negar los hechos, sin explicar qué hacía en los lugares en los que se cometieron los crímenes.

La investigación no está cerrada y se cree que pudo ser el autor de un crimen similar a a los anteriores perpetrado el 19 de marzo a las puertas de un supermercado de la calle Sardenya de Barcelona.

El magistrado Sergio Gómez Borge, del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción 5 de Rubí, fue el que decretó el ingreso en prisión de Thiago por los hechos ocurridos en fecha 16 de abril de 2020, por un delito de asesinato; por los ocurridos en fecha 18 de abril, por otro delito de asesinato; y por lo acaecidos el 27 de abril, asimismo por asesinato.