Vuelve la «kale borroka» al País Vasco

La huelga de hambre de un preso de ETA sirve de coartada para quemar cajeros y lanzar amenazas, con pintadas en sus sedes, contra los partidos, a los que llaman «asesinos»

PNV denuncia nuevas pintadas en su sede de Mungia dentro de la "intolerable secuencia de sabotajes" de esta semana
Sede del PNV con pintadas en Mungia PNV 16/05/2020 FOTO: PNV

La «kale borroka» vuelve al País Vasco en plena crisis del coronavirus y con las elecciones autonómicas a las puertas. Aprovechan la huelga de hambre de un preso, para atacar sedes de partidos. Todo forma parte de un plan premeditado con el que los disidentes de ETA quieren cobrar protagonismo frente a los oficialistas de EhBildu.

Uno de sus presos, que cumple condena en la cárcel de Murcia II, Francisco Ruíz Romero, que perteneció al «comando Ekaitz» y fue condenado por el asesinato del dirigente navarro de UPN Tomás Caballero, se hace unos cortes en el brazo izquierdo y, a continuación, se pone, al menos eso es lo que dice, en huelga de hambre y sed. El motivo: que exige medidas para no contagiarse del coronavirus.

Inmediatamente, ATA pone en marcha su maquinaria mediática y operativa, escasa pero eficaz, y organiza una serie de movilizaciones que coinciden con quemas de cajeros y ataques a sedes de partidos políticos. La llama ha prendido en un ambiente especialmente enrarecido por la crisis del coronavirus.

La «kale borroka» es algo que está latente en el País Vasco y Navarra y que aprovecha la ocasión para reaparecer.

Los motivos son siempre los mismos y están ligados a la situación de los presos de ETA. Los protagonistas, los disidentes de la banda, agrupados en torno Amnistia eta Askatasuna (ATA) y sus juventudes, Jarki, según las citadas fuentes.

Hay que remontarse a noviembre de 2015, con la quema de ocho autobuses de la empresa de transporte público Bizkaibus en el polígono industrial de Ugaldeguren (Derio, Vizcaya) para encontrar un ataque significativo, Entonces, se pedía la libertad de un preso. Y unos meses antes, en agosto del 2014, se produjo un ataque similar que quemó cinco autobuses en el municipio de Loiu, a favor de la excarcelación de los reclusos enfermos.

Desde entonces, hasta ahora, se han producido hechos puntuales, pero la exigencia del asesino del concejal de UPN Tomás Caballero, para que se le faciliten medidas que eviten su contagio por el coronavirus, ha encendido de nuevo la hoguera, con la quema de un cajero automático en la localidad vizcaína de Ea, como hecho más significativo.

Ha bastado que este recluso, expulsado de ETA por llamar «liquidacionista» a Arnaldo Otegui e integrado en las filas de ATA, anuncie la huelga de hambre para que se organicen una serie de ataques cuyo común denominador es la amenaza a los partidos políticos mediante pintadas en sus sedes.

Los proetarras han evitado hacerlo con las de Sortu y EhBildu, que en este asunto se ha quedado entre dos aguas y se han limitado a un comentario, a través de Etxerat (la organización de familiares de presos) para lamentar la situación del recluso.

A los de Otegui, todo lo que ocurre con ATA les pillan a contrapie. Y ahora, que llevan tres días con las pintadas, se ha puesto de perfil. Como ha denunciado el candidato de PP/Cs a lehendakari, Carlos Iturgaiz, pedir a EH Bildu que condene los ataques a sedes de partidos políticos es como «pedir al escorpión que deje de picar». Son sus «huestes» quienes están «detrás».

Asimismo, ha pedido al delegado del Gobierno en el País Vasco, Denis Itxaso, que «prohiba inmediatamente» las concentraciones de apoyo que se están produciendo en distintos puntos o que, si no, dimita. «La ley no debe estar en cuarentena».

La ofensiva de los disidentes, con la disculpa de la huelga de hambre, busca captar adeptos para su causa entre una juventud que, conforme avanza la crisis económica por el coronavirus, ve su futuro más comprometido.

Por ello, los mensajes que han dejado en sus pintadas son realmente amenazadores: «el pueblo no perdonará», «asesinos» y «cada día que pasa es uno menos». Son alusiones directas a la violencia por parte de unos individuos que, no se olvide, tienen en su poder un centenar de pistolas que le «birlaron» a ETA cuando montó el paripé del desarme en Francia.

Entre las poblaciones en las que han sido atacadas sedes del PNV y de los socialistas vascos, están Bilbao, Portugalete, Algorta, Guecho y Berango. La novedad es que esta vez también le ha tocado a Podemos.

ATA tiene varias decenas de militantes en activo, algunos de ellos en la cárcel, y hasta 3.000 simpatizantes. Crece poco a poco, pero crece. Es un fenómeno que la oficialidad del País vasco y Navarra pretende ignorar porque les molesta, en especial a los de Sortu-Bildu, a los que recuerdan, un día sí y el otro también, que el llamado «proceso de paz» fue un «fraude» ya que no se cumplieron las expectativas «revolucionarias» de ETA.

Los expertos antiterroristas, sin embargo, están atentos a los movimientos de ATA ya que consideran, como han advertido en su momento, que es un grupo que está armado tras el robo de las 100 pistolas.