España trabajará con Francia e Italia en el diseño de una corbeta europea

La Armada y Navantia han iniciado los contactos con sus socios franceses e italianos para definir los requisitos del futuro buque

Dentro de una década, las armadas de España, Francia e Italia podrían surcar los mares con un buque diseñado de forma conjunta por estos tres países. Este es el ambicioso desafío que tiene por delante el proyecto bautizado como European Patrol Corvette (EPC), impulsado hace seis meses por italianos y franceses, al que hace escasas semanas acaba de adherirse el Ministerio de Defensa español.

La iniciativa apuesta por la construcción de un buque militar tipo corbeta de unas 3.000 toneladas, con una eslora de 100 metros, un calado de cinco y diferentes configuraciones, dependiendo de las características de la misión. Los tres grandes constructores navales de cada país, Navantia, por parte de España, Naval Group, en Francia, y Fincantieri, en Italia, serán los responsables de liderar un programa que nace al amparo de la Cooperación Estructurada Permanente (Pesco) de la Unión Europea, un mecanismo impulsado para aumentar la cooperación en materia de seguridad y defensa entre los estados miembros.

La entrada oficial de España en el mismo tuvo lugar el pasado 2 de abril, en plena cresta de la ola del coronavirus. Después superar las semanas más difíciles de la pandemia, este mes de mayo ha comenzado a avanzar los contactos entre las diferentes partes. De hecho, la Armada participará mañana en la primera videoconferencia programada entre todos los miembros del proyecto, el que hay un cuarto invitado, Grecia, para dar los primeros pasos en la definición de las características del nuevo buque, a partir de los futuros escenarios previstos.

La Armada necesitará seis nuevos patrulleros

España se ha incorporado tras confirmar la Armada su interés en el proyecto. El futuro buque es visto como un posible candidato a sustituir a medio plazo a los cuatro patrulleros de altura de la clase Serviola (Atalaya, Centinela, Serviola y Vigía), que entraron en servicio a principios entre 1991 y 1992, y que encaran ya el último tercio de su vida operativa. También podría reemplazar a las dos veteranas corbetas que quedan en servicio de la clase Descubierta (Infanta Elena e Infanta Cristina), reconvertidas con el tiempo en patrulleros, y que afronta sus últimos años de vida útil, después de superar las cuatro décadas en la mar.

Ante este panorama, la Armada española estima que necesitará adquirir otros seis nuevos patrulleros oceánicos para cumplir con las misiones asignadas y mantener las capacidades requeridas. Por el momento, la decisión sobre el relevo todavía no está tomada. En principio, la corbeta europea ganará puntos, si el programa coge forma y avanza a buen ritmo, no obstante, la elección del futuro buque, explica la propia Armada, “dependerá de los futuros procesos de planeamiento de capacidades de las Fuerzas Armadas”. Mientras tanto, el objetivo, añade, es “diseñar el buque más apropiado y mejor dimensionado a las necesidades de nuestras Fuerzas Armadas”.

Buque con diferentes configuraciones

La Armada detalla que “el proyecto inicial tiene un carácter flexible y abarca desde un patrullero oceánico (OPV) de unas 3.000 toneladas y 100 metros de eslora, parecido a los Buques de Acción Marítima (BAM), hasta un buque de las mismas dimensiones, pero sobre el que se refuerzan ciertas capacidades tácticas, como son, entre otras, la guerra antiaérea, la guerra antisuperficie y la guerra antisubmarina”.

Navantia, por su parte, aportará su capacidad de diseño y también su experiencia en la integración de sistemas de combate y armamento. Además, será el puente para la entrada de otras empresas españolas en las sucesivas fases. Desde la empresa pública, subrayan que “el EPC no abarcará únicamente el desarrollo de un buque, pensado como un sistema de sistemas, incluye la implementación de nuevas tecnologías, sistemas y equipos. Sobre la base de este proyecto, se detectarán futuras necesidades para plataformas navales, abriendo la puerta a nuevos desarrollos aplicables a otros programas navales europeos”.

La iniciativa, todavía en fase embrionaria, está centrada ahora mismo en el diseño y desarrollo conceptual de la plataforma naval. La colaboración en esta etapa no implica un compromiso por parte de los países para la obtención de un determinado número de buques. En todo caso, la previsión es que la construcción se produzca en los astilleros de cada país.

En el ámbito industrial, Naval Group y Fincantieri movieron ficha el año pasado con la creación de una empresa conjunta, Naviris, que se estrenaría con este proyecto. Con la entrada de España, Navantia también entraría a formar parte de esta compañía. “La participación de Navantia en el consorcio Navaris sería, a falta de consolidar el acuerdo, en igualdad de condiciones con Fincantieri y Naval Group, lo que incluye la posible exportación conjunto”, explican fuentes próximas a las negociaciones.

Por delante, todavía quedan muchas millas por navegar y, a buen seguro, más de un temporal que capear. No hay que olvidar que, en los años 90, ya naufragaron otras iniciativas para construir fragatas entre varios países de la OTAN. La alianza entre España, Francia, Italia y Grecia ha despertado el interés de otros países como Portugal o Bulgaria y la aprobación de la iniciativa dentro de la Pesco garantiza, a priori, la financiación del milmillonario Fondo Europeo de la Defensa.

De partida, el proyecto muestra que tres de los grandes astilleros de Europa tienen la intención de unir fuerzas de cara al futuro, un movimiento poco frecuente en el fragmentado sector europeo de la construcción militar. Habrá que ver cómo responde otros países como Alemania o Países Bajos. En este punto, no hay que olvidar que en los últimos años cada vez más las voces apuestan por avanzar decididamente hacia la fusión de astilleros del viejo continente. Francia y Italia parecen, de momento, los más favorables a la creación del llamado ‘Airbus Naval’. La corbeta europea podría ser, porque no, un punto de partida.