Sánchez prepara el escenario post-Covid con Ciudadanos y PNV

Ésta sería la vía para que Sanchez «resista» en Moncloa si Iglesias rompe la coalición para no cargar con el desgaste de la gestión de los recortes. Los Presupuestos de 2021 serán la prueba de fuego

La alianza del Gobierno con Ciudadanos (Cs) y PNV para aprobar las prórrogas al estado de alarma se mantiene en el decreto que regula la «nueva normalidad». Ciudadanos volvió a presumir ayer de hacer «política útil» por conseguir «mejoras técnicas» en la ley que aprobó el Consejo de Ministros para regular una de las «patas» del «plan B» al estado de alarma.

El partido de Inés Arrimadas mantiene su estrategia de seguir negociando con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en tanto éste «cumpla los compromisos» acordados con ellos, al margen de las alianzas con ERC y con otros partidos. «Si Moncloa se ajusta al contenido de lo negociado, seguirá habiendo acuerdos, limitados, estrictamente, de momento, a la regulación de la nueva normalidad», apostillan desde Ciuadadanos.

Anticipar sobre este acercamiento coyuntural del PSOE con el partido de Arrimadas un posible pacto para los Presupuestos está a día de hoy muy alejado de la realidad. De hecho, es muy difícil que Moncloa pueda aprobar unos Presupuestos con los votos de Podemos, ERC y Cs. La formación naranja sólo estará en un proyecto de cuentas públicas «para la reconstrucción», consensuado, y antagónico al programa inicial del Gobierno de coalición.

El acuerdo para el decreto de la «nueva normalidad» tiene el valor justo que tiene, es una continuidad de lo negociado en la prórroga del estado de alarma, pero permitió ayer al portavoz de Ciudadanos, EdmundoBal, insistir en el discurso de que sus diez escaños están siendo útiles para condicionar al Gobierno, aunque lo que presentan como «cesiones» de Moncloa tenga un carácter muy general.

La relevancia a futuro de los acuerdos con Ciudadanos reside en que facilitan a Moncloa seguir dando aire a la tesis de que la geometría variable es posible. A Pedro Sánchez le interesa cuidar al partido de centro porque, por un lado, le sirve para colocar en la misma esquina a PP y a Vox, y, asimismo, contradecir la crítica del principal partido de la oposición a su falta de diálogo y de consenso. Una crítica que también ha recibido desde el ámbito territorial.

Pero, además, este juego a doble baraja, la negociación con los apoyos de investidura y con Ciudadanos, permite a su vez a Pedro Sánchez allanar el terreno de cara al futuro por si se cumple lo que hay quien ya da por hecho incluso dentro del PSOE, que Pablo Iglesias se haga «un Varoufakis» cuando lleguen las condiciones de la Union Europea a la financiación por la crisis de la Covid-19. Yanis Varoufakis dimitió como ministro de Finanzas griego para facilitar a Tsipras la negociación con la «troika». Salvando las distancias, a lo que apuntan con esta metáfora es a la posibilidad de que el líder de Podemos abandone el Gobierno cuando llegue el momento de imponer ajustes presupuestarios para atender lo negociado con Bruselas. Hoy no está en el debate la idea del «rescate» europeo, pero la pandemia sí ha hecho saltar por los aires las previsiones de gasto público que sostenían el programa del Gobierno de coalición. Y la crisis social puede derivar este otoño en una conflictividad en la calle que colocaría en una posición muy incomoda a Podemos dentro del Gobierno.

Incluso en el supuesto de que Podemos saltase del Ejecutivo, Sánchez intentaría aguantar la Legislatura y mantenerse en solitario, jugando a derecha y a izquierda, y si es necesario intentando pactar incluso los Presupuestos con el PP. El Gobierno en solitario que siempre pretendió.

Hoy puede parecer ciencia ficción, pero la voluntad del presidente del Gobierno de resistir como sea en Moncloa no la pone en duda ninguno de los que le conocen más de cerca.

Además, la nueva etapa de Ciudadanos, y su enmienda al bloqueo de Albert Rivera al acuerdo con el PSOE, está facilitando a Sánchez centrar su imagen en un momento de gran desgaste por la gestión de la crisis sanitaria. Desde sus terminales airean que se trata de otro paso más para consolidar la alianza, postulado que desmiente la dirección naranja. Moncloa le da más alcance del que tiene, y Cs se lo rebaja.

Se consolide o no el pacto entre el PSOE y Ciudadanos, lo que sí está cronificándose es la ruptura del bloque de la derecha. El PP quería mantener la unidad de acción con la formación naranja, socios mucho más cómodos que Vox. El acuerdo con Cs lo apoya todo el partido, a diferencia de los acercamientos a la formación de Santiago Abascal. Además, la OPA sobre el partido de Arrimadas daba más fortaleza parlamentaria al PP, porque Cs es un «socio fiable». Al contrario que Vox, con quien el PP compite tanto o más que con el PSOE.

Al inicio de le Legislatura, en la fase de transición al nuevo liderazgo de Arrimadas, la imagen que trasladó Ciudadanos en el Parlamento fue la de una formación «sucursal» del PP, una copia que parecía haber sido ya absorbida por las siglas de la matriz mayor. La jugada de Arrimadas es arriesgada, pero es la única salida que tiene para buscar un espacio propio e intentar recuperar el voto de centro que perdió con Rivera.