El jefe del Ejército augura “tiempos difíciles” que “afectarán al adiestramiento, al mantenimiento y a las misiones”

El JEME reconoce que el "difícil escenario económico" provocará "sacrificios y renuncias", aunque confía en que no se prolonguen "más de 18 meses"

La crisis derivada de la pandemia del coronavirus tendrá efectos económicos negativos en numerosos ámbitos y uno de ellos serán las Fuerzas Armadas. Así lo confirma el Jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra (JEME), general Francisco Javier Varela Salas, quien en una carta para explicar cuáles serán las “líneas de actuación” para los próximos meses augura “tiempos difíciles” que “ocasionarán sacrificios y renuncias”. Claro y realista, el responsable del contingente más numeroso durante la “Operación Balmis”, da por seguro que “el Ejército, como Institución, también sufrirá los efectos de la crisis. Nos afectará, sin duda, el nuevo y difícil escenario económico”, apunta.

Por este motivo, el general comienza su misiva pidiendo a los más de 70.000 efectivos que componen el Ejército de Tierra “el máximo esfuerzo y colaboración” para alcanzar tres objetivos: dirigir todos los esfuerzos a estar “más y mejor preparados”, mantener unas “condiciones mínimas” en la calidad de vida y de trabajo de las unidades y “preservar las capacidades operativas esenciales”. Y es que el JEME hace hincapié en que al Ejército no le es “ajena la incertidumbre sobre el periodo post-pandemia, pero el futuro no está predeterminado, sino que podemos y debemos actuar sobre él”. “Tenemos que prever, planear y prepararnos”.

De ahí que augure esa “complicada situación” que llevará a Tierra a priorizar y “preservar lo esencial” y que “ocasionará sacrificios y renuncias temporales en el resto de acciones”.

Así, señala que “es probable que nuestros ciclos de instrucción y adiestramiento, así como el mantenimiento de vehículos, armamento o material se vean transitoriamente afectados, durante un tiempo que no debería extenderse más allá de los dieciocho meses”. Pero no sé queda ahí y considera que como, consecuencia de esta crisis post-Covid, “es posible que nuestra participación en operaciones en el exterior se vea afectada”.

En lo que se refiere al material, el general Varela explica que “se establecerán diferentes objetivos de disponibilidad y se adelantarán las secuencias temporales de bajas de los materiales principales que ya estaban previstas, ahorrando el coste de su mantenimiento en beneficio del sostenimiento de las flotas imprescindibles, evitando que esta crisis acabe produciendo daños irreparables”. Y entre ellos podrían estar, por ejemplo, los vehículos TOA (Transporte Oruga Acorazado), aún en uso desde que comenzaron a llegar en 1963. España tiene cerca de 1.300 y cualquier tipo de modernización o mantenimiento es más más caro que uno nuevo.

A lo que en principio no tendría que renunciar es a una de las prioridades desde hace años: el Vehículo de Combate sobre Ruedas 8x8 “Dragón”, cuyo contrato para la fabricación de 348 unidades se firmará en agosto y para el que el Gobierno ya ha dispuesto 2.100 millones porque, como afirma Defensa: “Es un objetivo irrenunciable para España”.

Sobre las misiones en el exterior, el JEME destaca que todos los movimientos y prioridades las marcarán el Ministerio de Defensa y las organizaciones internacionales con las que se despliegan, haciendo hincapié, eso sí, en que “en algunos teatros las amenazas podrán seguir aumentando y debemos estar en condiciones de garantizar, en cualquier caso, el cumplimiento de nuestra misión y de los compromisos internacionales adquiridos”. Sin embargo, ya era una realidad la reestructuración de algunas misiones, como las de Irak y Afganistán. En el primero, España tiene previsto abandonar la base “Gran Capitán de Besmayah” para reorganizar los contingentes en la nueva misión de la OTAN, manteniendo, entre otras, la unidad de helicópteros “Toro” o la de Operaciones Especiales. En Afganistán, mientras, se está a la espera del avance de los acuerdos de paz para, llegado el caso, replegarse junto al resto de los aliados.

En cuanto al personal, el general mantiene que “el capital humano continúa siendo el centro de gravedad”, por lo que considera necesario garantizar “las condiciones de vida y de trabajo adecuadas”. Eso sí, deja claro que “no serán siempre las óptimas, pero sí deberán ser las mínimas necesarias”.

A pesar de esos “sacrificios” de los que habla y de la posibilidad de que los ciclos de adiestramiento se vean afectados, ve indispensable “preservar lo esencial para mantener el funcionamiento del Ejército con unas adecuadas y aceptables condiciones de preparación y disponibilidad”. Aquí, hace mención a “la importancia de la cohesión de las pequeñas unidades tipo compañía, que solo se consigue mediante la convivencia diaria y la realización de ejercicios de entidad reducida”. Además, recuerda que tendrán que organizar sus actividades diarias y el adiestramiento de las unidades para minimizar contagios.

Plan de Contingencia

Y es que, a partir de ahora y durante un tiempo indefinido, una de las principales prioridades del Ejército será el desarrollo de un “Plan de Contingencia en el que debemos partir de las lecciones identificadas en la Operación Balmis y reforzar algunas capacidades que, como la logística, el apoyo sanitario, las unidades NBQ u otras, se han mostrado cruciales en este marco de actuación”. De ahí que haga hincapié en la necesidad de “acumular reservas de equipos de protección”, además de otros materiales que han sido clave en las misiones que han llevado a cabo sus unidades, como la desinfección de puntos críticos o el transporte.

Para recuperar esa normalidad, apela al “liderazgo de todos los que componemos el Ejército” para “revertir la situación, restableciendo la normalidad lo antes posible. Si sumamos al liderazgo la iniciativa en cada escalón, antes conseguiremos la vuelta a la normalidad”, señala el JEME. Y llama también a “la resiliencia y la capacidad de adaptación”: “Debemos entender que estamos ante una época de profundos cambios y puede que, incluso, ante un cambio de época. Esto exigirá, de cada uno de nosotros, una mentalidad flexible para considerar nuevos planteamientos y audaz para llevar a cabo las acciones que materialicen esos cambios”. Al mismo tiempo, aboga por “impulsar la transformación de nuestra organización para ser más eficientes y para orientarnos totalmente a la misión”.

Pese a este negro e incierto futuro, el general Varela aprovecha la carta para ensalzar la labor de sus militares en la lucha contra el coronavirus. “El Ejército, dentro del esfuerzo conjunto de las Fuerzas Armadas, ha apoyado realizando muchos y diferentes cometidos, todos bien conocidos, mostrándose como una herramienta útil y eficaz para paliar los efectos de la pandemia, que eran impredecibles hace sólo unos meses”. “Hemos actuado con éxito y hemos recibido de forma palpable el apoyo y agradecimiento de nuestra sociedad, pero no es momento ahora de detenernos”.

Además, recuerda que “llegamos a este momento crucial con el máximo apoyo de nuestra sociedad. Queremos seguir siendo útiles y para ello debemos adaptarnos, aferrarnos a nuestra vocación de servicio, sacrificando algunas cosas y priorizando otras. Adelantarnos al presente y mirar hacia el futuro. Avanzar, al fin y al cabo, como siempre lo hemos hecho, con el único objetivo de servir a España”.