Díaz Ayuso, una presidenta crecida en la adversidad

En estos cuatro meses, ha sufrido una campaña de la izquierda tan virulenta como no se recuerda. Pero ella no se achanta

Si querían doblegarla, aún más fuerte. Si buscaban difamarla, pincharon en hueso. Y si pretendían rebajar su figura, mayor perfil político. En estos convulsos cuatro meses en estado de alarma, la presidenta de la Comunidad de Madrid ha soportado una campaña de la izquierda tan virulenta cómo no se recuerda. Pero Isabel Díaz Ayuso no se achanta, demostrando que tiene fuste y ha enfrentado sin complejos todos los ataques. «Se crece en la adversidad». Con esta frase definen en su equipo el ánimo de la lideresa madrileña en todo este tiempo. En la sede de Sol tenían clara una campaña directa en su contra y apuntan directamente al Palacio de la Moncloa. Los vaivenes y filtraciones de las desescaladas, los desprecios de Pedro Sánchez en las conferencias autonómicas y las deslealtades de sus propios socios de gobierno, Ciudadanos, han conformado esta etapa «horribilis» para Díaz Ayuso, una mujer valiente acostumbrada a coger el toro por los cuernos.

Ha vivido en carne propia el coronavirus al infectarse a poco de surgir el terrible brote. A pesar de ello y el sucio juego contra su aislamiento en un hotel del empresario Kike Sarasola, trabajó incansable. «Más de 16 horas sin parar, de siete de la mañana hasta la madrugada», dice un colaborador de la presidenta. En su equipo explican que se ha fajado en gestiones para traer aviones cargados de material protector para los sanitarios de Madrid (21 con más de 1.500 toneladas), pivotó el montaje del hospital de Ifema y se agotó en reuniones con sectores económicos para reactivar Madrid. «Ha peleado duro por los intereses madrileños», aunque advierten con La Moncloa en contra. Sus peticiones ante el Gobierno de Sánchez sobre material sanitario o financiación cayeron en saco roto. La última, la negativa a ceder el control a Madrid del aeropuerto de Barajas, lo que augura un caótico desastre.

La izquierda no perdona la hegemonía del centroderecha en Madrid, ni el mérito de sus políticas económicas que lo sitúan en cabeza del PIB en España. Ahí está la sectaria amenaza del delegado del Gobierno, José Manuel Franco, arengando a los socialistas a «acosar» a Díaz Ayuso y «retorcer el asunto de las residencias». Un asunto dramático que llevó al radical Pablo Iglesias a tildar de «criminal» a la presidenta madrileña. Infame actitud de un indigno vicepresidente, que no ha pisado ni una sola de ellas, ni ningún hospital, ni siquiera el de Ifema. Hubo de recordarle que Madrid es la comunidad con menos muertes en centros de ancianos, un 32 por ciento, frente al 85% de los territorios socialistas de Aragón y Extremadura. También aquí hubo de aguantar deslealtades de Cs. Pero ella zanja el tema: «La mentira tiene las patas muy cortas».

Ha sido el objetivo a batir de una izquierda rabiosa, a veces con la oscura complicidad naranja. Ella lo ha sorteado sin amilanarse. La «madrileñofobia» fue la gota que colmó el vaso y la presidenta tuvo que recordar que Madrid ha sufrido un gran número de fallecidos y contagios por concentrar el mayor núcleo poblacional de España, con un ingente trasiego de viajeros.

Parece que no le perdonan el buen resultado de sus políticas económicas y fiscales, la creación de empleo y atracción de inversiones. Tampoco su excelente sistema sanitario, al que dieron la espalda el inefable Illa y su predicador Simón. La presidenta es rotunda: «Mientras ellos ocultan muertos, nosotros nos dejamos la piel para salvar vidas».

Prudente hasta el final, Madrid volverá a la normalidad el 5 de julio. Acosada por la izquierda, ninguneada por sus socios y criticada por lo bajo por algunos «barones», Díaz Ayuso resiste. En su equipo la definen como una mezcla de fortaleza, resilencia, empatía y sensibilidad ante los problemas. Que no son pocos.