Cataluña, en plena ebullición electoral

Cuartas elecciones en ocho años. La inhabilitación de Torra en otoño forzará unos comicios que el president se niega a adelantar. Los partidos tienen su propio sudoku interno para definir quién será su líder

Catalan leader at court house
El exconceller Lluis Puig y el fugado Carles Puigdemont tras acudir al tribunal de justicia belga el pasado 23 de junioOLIVIER HOSLETEFE

Gonzalo Boyé, el abogado de Joaquim Torra ha enviado un escrito al Supremo en el que pide la recusación de 10 magistrados. Su objetivo: evitar la inhabilitación del presidente catalán, Joaquim Torra, por desobediencia ante la Junta Electoral. Un delito que el mismo Torra ha reconocido. Es el último intento para evitar lo inevitable. El 17 de septiembre el Tribunal Supremo iniciará el proceso para inhabilitarlo, el presidente deberá dejar su cargo y las elecciones quedarán automáticamente convocadas porque el independentismo es incapaz de proponer al Parlament un nuevo candidato que tenga la mayoría suficiente.

El calendario empieza a apretar a todos los actores políticos. Si se espera a la decisión del Supremo, las elecciones se celebrarán en noviembre o diciembre. Máximo enero. Si Torra mueve pieza, con la autorización de Puigdemont, y no espera a que el Supremo convoque la cita electoral la fecha podría situarse en septiembre u octubre, meses que el independentismo tiene en el calendario fechas “históricas” como el 11 de septiembre, Diada Nacional, 1 de octubre, aniversario del referéndum, 3 de octubre, aniversario huelga de país, o el 27 de octubre, aniversario de la declaración de independencia, que Torra podría utilizar para aprovechar el clima soberanista que las rodea.

La situación ha puesto en marcha la maquinaria de los partidos que intentarán dar respuesta a dos años de ingobernabilidad que apuntan una decadencia de una Catalunya que no es ni reflejo de lo que fue. Las cosas han cambiado desde las elecciones de 2017 y la pandemia ha dado la puntilla a una situación caótica. Por si el damero maldito de la política catalana no fuera complicado de solucionar, los partidos tienen su propio sudoku interno para definir quién será el candidato. Y por si fuera poco, el catalanismo quiere irrumpir en los comicios “para romper el empate endémico de independentistas y no independentistas”. Esta es la radiografía partido a partido en un escenario en plena ebullición.

Junts per Catalunya

En el grupo de Puigdemont la lucha es cainita para ganarse el afecto del líder y para no caerse de la lista. Aún así, las diferentes familias aprietan aunque todos, absolutamente todos, tienen miedo o fe ciega al líder. Puigdemont baraja presentarse como cabeza de lista. Sabe que no podrá ser President por lo que su número dos será clave. Será de facto el presidente efectivo, pero el exiliado seguirá moviendo los hilos. En este escenario, su entorno desliza “te imaginas que se presenta en Cataluña en plena campaña electoral. Es eurodiputado. ¿Lo van detener?”, se preguntan. “Si lo hacen, ya hemos hecho la campaña”, sentencian.

La incógnita es quién será ese número dos investido con poderes de primer ministro, algo previsto en el ordenamiento jurídico catalán en la figura del Conseller en Cap. Por un lado, Laura Borràs intenta ocupar este puesto y más aún tras su suplicatorio en el Congreso. La apoyan sectores externos al PDeCAT, un partido que pase lo que pase será laminado. Damià Calvet, con el apoyo de Jordi Turull y Josep Rull, intenta obtener este premio aunque Jordi Puigneró, también conseller del Govern parece tener en estos momentos todos los parabienes. Puigdemont no suelta prenda pero ha vuelto a encender la llama de su partido, la Crida, para empezar a formalizar una candidatura independentista que intente hacer agujeros en los rivales. Toni Castellà, ex de Unió con su grupúsculo deja ERC y se pasa de bando, al igual que el sector más independentista de la CUP, Poble Lluire, que puede dejar a los anticapitalistas partidos en dos.

Esquerra Republicana

Pere Aragonés, el vicepresidente de la Generalitat, se consolida como cabeza de cartel de ERC, intentando conciliar las sensibilidades del partido. Quizás este objetivo obliga a los republicanos a situarse en la ambigüedad en su política en el Congreso de los Diputados para evitar que desde JxCAT les acusen de “traidores”. En este contexto, hay que entender los vaivenes de ERC que trata de no ser expulsada del “patriotismo” por parte de los de Puigdemont, que han optado como única vía por el enfrentamiento constante. Aragonés sabe que parte de sus bases se sitúan en esta órbita y trata de marcar un nuevo perfil sin que se rompan las costuras de su partido. Cuenta con el apoyo de Oriol Junqueras, pero con la espada de Damocles de Marta Rovira, que desde Ginebra se ha erigido en la guardia de las esencias independentistas más radicales. No es baladí esta posición, porque Rovira controla el partido. No en vano situó en la ejecutiva a sus fieles encabezados por Marta Vilalta, la portavoz del partido. Aragonés se enfrenta a su principal reto: ganar a las encuestas que siempre sitúan a ERC como vencedora y siempre, en autonómicas, acaban siendo relegados a la subordinación a Puigdemont.

Partido Socialista

Miquel Iceta será el candidato de los socialistas. El Primer Secretario del PSC salvó los muebles en 2015 y mejoró los resultados en 2017. En el PSC muchos acariciaban la posibilidad de que Salvador Illa, el ministro de Sanidad, recogiera el testigo y fuera el candidato. La premura de tiempo desaconseja, en principio, este cambio en el liderazgo del PSC. Las encuestas les auguran buenos resultados, incluso con mejor intención de voto que Junts per Catalunya, pero Iceta ya no es un valor añadido que haga posible la configuración de nuevas mayorías en el Parlament.

Ciudadanos

Las perspectivas electorales de los naranjas van de mal en peor. Su mala gestión de la victoria de 2017 y la “huida” a Madrid de sus líderes dejó el partido descapitalizado. El giro copernicano de Inés Arrimadas no ha tenido réplicas en Cataluña. La candidata es Lorena Roldán, pero su escasa capacidad de liderazgo y de representar la nueva cara del partido pone en duda su designación. Algunos movimientos se están registrando en la formación que proponen a Ignacio Martín Blanco, una persona más transversal, más dialogante y con buenas relaciones con otras formaciones políticas. La coyuntura actual no beneficia a los naranjas que no acaban de encontrar un discurso que les sitúe con buenas perspectivas. Algunas encuestas los dejan al pairo, tanto que el PP podría pisarles los talones.

Partido Popular

“Alejandro -Fernández- está en el mejor sitio en el peor momento”. Así resumía un dirigente del partido la figura de Alejandro Fernández, el presidente del PP catalán que vive atenazado por el discurso de Cayetana Álvarez de Toledo y por las malas relaciones con Xavier García Albiol, el renacido alcalde de Badalona. Nadie discute su liderazgo, pero muchos en el PP esperan que la ejecutiva nacional haga un movimiento para clarificar su papel en el partido y en las nuevas elecciones. Su principal apoyo Teodoro García Egea, el secretario general, que tiene la llave para que Fernández pueda elaborar unas listas a su imagen y semejanza para mejorar sus resultados y cerrar el paso a VOX.

VOX

La ultraderecha catalana no tiene ninguna visibilidad y vive inmersa en luchas cainitas y procesos judiciales que afectan a uno de sus escasos tres concejales logrados en las últimas elecciones. Las encuestas les otorgan entre cuatro y ocho escaños, aunque no tiene ni líder ni referente público.

CUP

Los anticapitalistas viven su peor momento. Los movimientos de Puigdemont de otorgar puestos de salida a Poble Lluire, los herederos de los partidos de izquierda independentistas y de Terra Lliure, pueden romper la coalición de extrema izquierda entre los anticapitalistas, liderados por Endavant, el partido de Anna Gabriel, y los puramente independentistas. Sus expectativas han mermado y sus acciones políticas se circunscriben en el extrarradio de la política. Derribar la estatua de Colón, quema de peajes, manifestaciones antirracistas, y peticiones de nacionalización de absolutamente todo. La falta de liderazgo también les afecta. Sus constantes cambios en el cabeza de lista les han mermado sus posibilidades, aunque la fragmentación les podría dar la llave del Govern.

Catalunya en Marxa

Cataluña en Marcha es el titular de un artículo firmado por Oriol Molins, presidente de Units per Avançar, formación que esta semana ha manifestado su intención de presentarse a las elecciones con Albert Batlle, actual concejal de seguridad en el Ayuntamiento de Barcelona. Los catalanistas de Units han hecho un movimiento que ha roto el equilibrio del mapa político catalán buscando “el electorado huérfano”, que votó independentista y ha visto frustradas sus esperanzas por el caos del Govern o que votó Ciudadanos y que está perplejo ante la falta de cintura de los naranjas. Units apuesta por un nuevo espacio catalanista junto al recién nacido Partit Nacionalista de Catalunya, liderado por Marta Pascal y Carles Campuzano, ex líderes del PDeCAT que no comparten la estrategia de Puigdemont. La unión del catalanismo y del independentismo moderado no ganará las elecciones, pero puede irrumpir en el tablero político catalán rompiendo la actual correlación de fuerzas. Batlle concita apoyos más allá de los límites de Units y Pascal puede dar voz a aquellos independentistas que renuncian a la vía unilateral por fracasada. Ambos, además, quieren situar una opción de centro moderado en políticas sociales alejadas de las veleidades izquierdistas de Junts per Catalunya, para afrontar “la reconstrucción del país” tras la pandemia. En esta órbita, también se sitúan dos grupos. Lliures y Lliga Regionalista. El mes de julio será clave para ver si esta coalición es posible. Hasta ahora sólo tanteo, pero tras el anuncio de Batlle, Lliga Regionalista se apresuró a pedir un acuerdo más amplio.

Comunes

Las continuas crisis y los malos resultados electorales lastran a los Comunes de Ada Colau. Jessica Albiach será la candidata del partido. Su objetivo es poder formar parte del Govern aupando una posibilidad de acuerdo de izquierdas con ERC que deje fuera a Junts per Catalunya. El ensayo general de esta opción fue la aprobación de los presupuestos de la Generalitat que fueron aprobados a pesar de que no eran del agrado de Torra. Al final, el presidente catalán y su grupo los apoyaron para evitar un éxito de Aragonés.

Manuel Valls

La gran incógnita. El exprimer ministro francés deshoja la margarita sobre su presencia en estos comicios. La situación política no le favorece. Su reciente ruptura con Ciudadanos hace difícil un nuevo entendimiento, aunque los movimientos de Arrimadas han contado con su apoyo público. Su única opción es presentarse en solitario y buscar aliados en otros grupos como la Lliga o Lliures, aunque el primero de ellos no parece estar en esta sintonía.

ANC

Elisenda Paluzié ha renovado su liderazgo en la Asamblea Nacional Catalana. Algunos de sus miembros quieren forzar una candidatura independentista que “cumpla con el mandato del 1-0”, es decir, fuerce una nueva declaración de independencia y los incumplimientos y las “traiciones” de los partidos tradicionales. Lo hicieron en las últimas municipales y su resultado fue más bien discreto, pero partidarios de esta opción no faltan.