Cs solo repetirá la coalición con el PP en Cataluña donde sumen más

Casado y Arrimadas protagonizan su primer acto juntos y se ofrecen como alternativa a los «avergonzados» con el PSOE P_10

Las elecciones autonómicas vascas del domingo tendrán una lectura nacional en el espectro del centro derecha como primer test de la coalición entre PP y Ciudadanos (Cs). Los sondeos auguran hasta ahora un retroceso para la coalición con respecto a los 9 escaños que tiene el PP vasco, del total de 75 de la Cámara. De ellos, 5 son por la provincia de Álava, 2 por Guipúzcoa y otros 2 por Vizcaya. La formación naranja nunca ha logrado representación en el Parlamento autonómico antes de sellar este pacto territorial con el partido de Pablo Casado. En las últimas autonómicas obtuvo el 2% del voto y ahora confía en romper ese suelo de la mano de la lista conjunta con los populares. Ocupan el segundo puesto por Vizcaya y el tercero por Guipúzcoa. En total, 7 puestos de las listas.

Las elecciones se medirán como un primer examen de esta coalición diseñada por las direcciones nacionales de los dos partidos, y que a medio plazo tendría que tener su continuidad en Cataluña. Pero la nueva estrategia de Cs de abrirse al pacto con el PSOE está provocando efectos colaterales en muchos ámbitos, y también abre nuevos interrogantes respecto a las elecciones catalanas. La dirección naranja sostiene que están abiertos a la coalición, pero que antes hay que echar cuentas, ver si en Cataluña sirve para que las dos fuerzas sumen más, que debe ser el objetivo principal del acuerdo, y en función de esto decidir dónde conviene ir juntos, si en determinados sitios concretos, donde los números den, o bien a nivel general, y con qué fórmula. Cs explica que hay que hacer lo que sea necesario para fortalecer la opción constitucionalista.

El PP también suscribe este planteamiento, pero en clave nacional Cs busca recuperar un espacio de centro y descarta ir en coalición con el PP, mientras que Génova confía en que estos acercamientos territoriales les ayuden a capitalizar y liderar el voto del centro-derecha.

En este nuevo tiempo la dirección de Ciudadanos ha optado por volver, como ellos dicen, «a los orígenes», es decir, a buscar acuerdos a derecha y a izquierda siempre que sirvan, se justifican, en limitar el margen de influencia del independentismo en la política nacional. Una enmienda a la estrategia de Albert Rivera en su última etapa al frente de Ciudadanos. Este acercamiento al PSOE afecta a la imagen de Ciudadanos ante el electorado popular y también puede tener sus consecuencias a la hora de que los dos partidos valoren si la suma de las siglas permite sumar de manera también proporcional los votos, o si, por el contrario, en vez de sumarles termina restándoles. Para Casado, la coalición debe ser el instrumento para llegar a La Moncloa; para Ciudadanos, es la vía para resistir y ganar tiempo a fin de no acabar siendo absorbido por los de Casado.

Ciudadanos se juega mucho en estas próximas elecciones catalanas. Es la primera prueba de fuego para el equipo de Inés Arrimadas en el feudo que sirvió de plataforma para los naranjas a nivel nacional. Necesitan salvar los muebles para conseguir oxígeno y continuar peleando en el Congreso de los Diputados por hacer valer los diez escaños en los que quedó reducida su representación en las últimas elecciones generales. Pero el PP también se juega mucho en esas elecciones catalanas, las primeras de la etapa Casado y con un nuevo equipo al frente de la organización catalana. A Cs no le han acompañado los resultados en Cataluña desde las autonómicas en las que consiguieron ser por primera vez la fuerza más votada. Y el PP también acumula caídas en apoyo popular.

Si las dos direcciones son coherentes con el discurso que hicieron con motivo de la justificación de su decisión de presentarse en coalición en el País Vasco, la fórmula debería extrapolarse a Cataluña, aunque un mal resultado en el País Vasco agravará las tensiones en los dos partidos con respecto a la estrategia electoral. Sobre todo, cuando en el ámbito nacional las diferencias estratégicas se agravarán en los próximos meses por la apuesta del equipo de Arrimadas por buscar acuerdos con el Gobierno de Sánchez.

Aunque esta situación tenga resonancia en los Gobiernos de coalición, los dos partidos necesitan mantenerlos en estos momentos y no trasladar a la opinión pública el mensaje de que no son capaces de gestionar conjuntamente. En Castilla y León o Andalucía las coaliciones funcionan razonablemente, aunque con las tensiones propias de la necesidad de coordinar a dos partidos diferentes. En Madrid hay otras tensiones añadidas por diferencias personales entre los equipos.

LA RAZÓN informó la pasada semana de que el presidente de la Generalitat, Quim Torra, planea convocar las elecciones en agosto, y que se barajan las fechas del 27-S o 4-O. Carles Puigdemont quiere convocar los comicios en días simbólicos para el independentismo para tratar de rentabilizar la agitación del voto.