Funeral real sin presidente

Pedro Sánchez no asistió a la misa de La Almudena para reunirse con su homólogo portugués. Críticas a TVE por no retransmitir la ceremonia

Réquiem en la catedral de Santa María Real de la Almudena. Atronador. Que se cuela entre las mascarillas. Pentagrama que retumba. Que desata las primeras lágrimas en quienes siente que ya no está quien tendría que estar en el banco de al lado. A las ocho en punto de la tarde. Por los miles de caídos en nuestro país a causa del Covid. Un funeral católico, pero inclusivo. En el que se rezó por todas las víctimas. En la que participaron miembros de toda la sociedad civil, desde sanitarios, bomberos y militares a los familiares de los fallecidos a causa de la pandemia. También voluntarios de entidades que están al rescate de los afectados por la pandemia social y económica, como Cáritas y la Orden de Malta, o los capellanes de hospital que han estado jugándosela también en primera línea. En el que estuvieron los máximos representantes de todas las confesiones cristiana, así como de los musulmanes y los judíos. Una celebración que respaldaron también las instituciones del Estado, con los Reyes y sus hijas al frente, y en el que participaron, además, entre otros, la vicepresidenta Carmen Calvo –único rostro de Moncloa–, las presidentas de Congreso y Senado, Meritxell Batet y Pilar Llop, así como los presidentes del Constitucional y del Supremo, Juan José González y Carlos Lesmes. Junto a ellos, Pablo Casado, Edmundo Val e Iván Espinosa de los Monteros. Las únicas ausencias notables de primera línea: el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, su socio de coalición en Moncloa, Pablo Iglesias, y el presidente de Vox, Santiago Abascal. Unas 400 personas, por la limitación higiénica de aforo.

En definitiva, un funeral de Estado para todos en fondo y forma tanto en la organización como en la respuesta, aunque no se convocara como tal ni lo emitiera la televisión pública. Según ha podido confirmar este diario de fuentes episcopales, los obispos españoles no buscaban sacar músculo con estas exequias, sino «sumarse al duelo de toda la sociedad española y con una representación de toda la ciudadanía, tengan fe o no». De ahí, tanto la combinación de austeridad y solemnidad, así como el cuidado de cada uno de los detalles vinculados al protocolo. El coro que cantó durante la ceremonia fue “Nova Schola”, íntegramente formado por antiguos escolanos del Valle de los Caídos de entre 17 y 22 años.

«La Iglesia que peregrina en España hace suyo el dolor, el sufrimiento de los familiares de los difuntos», apuntó al comienzo de la celebración el presidente de los obispos españoles Juan José Omella, acompañado en el altar por una treintena de prelados y el nuncio vaticano Bernardito Auza. El cardenal arzobispo de Barcelona habló en nombre de los pastores de todos los puntos cardinales del país que se reúnen hasta hoy en la Comisión Permanente para analizar los desafíos que plantea la actual crisis. «Es profundo el dolor que ha provocado en nosotros no solo su muerte sino también las condiciones de su partida, lejos del contacto de sus familiares y amigos, sin poder cruzar palabra, sin poder despedirnos de ellos», señaló el purpurado en recordó que «Dios no abandona a sus hijos» como ha demostrado «la solidaridad de tantas personas». Para el cardenal, esta ayuda «es el signo sencillo y palpable de la cercanía de Dios». Desde ahí, invitó a los asistentes a poner medios ante la crisis que ya se ha instalado para lograr «una transformación interior que se concrete en una mayor implicación por la construcción de un mundo más humano, más justo, más fraterno y abierto a Dios».

En la homilía, tomó la palabra el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, que presidió la eucaristía. «¡Cómo nos sorprende y duele cuando un padre, una madre, un hermano o una hermana, o un amigo mueren! Una tormenta inesperada y furiosa llegó a nosotros con esta pandemia», expresó un conmovido Osoro.

También hubo recado para la clase política: «Todos somos necesarios e importantes, que estamos llamados a remar juntos, que necesitamos confortarnos mutuamente». En esta línea, Osoro recordó que «ahora, cuando afrontamos una crisis económica y social sin precedentes, hay que seguir cimentando nuestra sociedad así para que nadie se quede atrás».

«Frente al sectarismo, a la crispación y al enfrentamiento, en esta pandemia hemos visto cómo muchas personas, creyentes y no creyentes, sacaban lo mejor de sí mismas y daban una sencilla lección de solidaridad hasta dar la vida por cuidar la ajena, conscientes precisamente de que somos hermanos», subrayó aplaudiendo la labor, lo mismo de los empleados de los supermercados que de los farmacéuticos. «No han vivido para sí mismos en estos meses, sino para los demás».