Artur Mas: «Han saltado todos los puentes con Puigdemont»

Fracaso como mediador. No tiene intención de rivalizar con el que fuera presidente catalán ahora huido y su aspiración pasa por un cargo institucional como la presidencia del Parlament

Desde que le fue levantada su inhabilitación, el pasado 23 de febrero, el ex presidente de La Generalitat, Artur Mas, intentó mitigar el duro enfrentamiento entre su sucesor, Carles Puigdemont, y el presidente del PDECaT, David Bonvehí. No lo ha conseguido y su labor de mediación ha sido un fracaso. El fugitivo de Waterloo se ha hecho con el control absoluto de JuntsxCat, la coalición electoral que ahora quiere reconvertir en su nuevo partido político de cara a las próximas elecciones catalanas y aboca a la escisión de su antigua formación neconvergente. Así lo reconoció el propio Mas durante una cena en la localidad menorquina de Fornells, dónde habitualmente veranea. Ante algunos empresarios y antiguos dirigentes de la extinta Convergencia, que también frecuentan la isla de Menorca, el ex presidente reconoció que la división es enorme y la situación muy complicada: «Han saltado todos los puentes», les aseguró sobre la maniobra de Puigdemont para arrebatar la marca de JxCat a la actual cúpula heredera de CDC.

El escenario está muy tenso, pero Puigdemont se ha salido con la suya. Los movimientos del prófugo de Waterloo para controlar JunstxCat e inscribirlo como partido el próximo 25 de julio, han dado su fruto con el apoyo de La Crida que dirige Jordi Sánchez, y un enfrentamiento con el presidente del PDEcaT, David Bonvehí, que amenaza con ir a los tribunales. «Están a cara de perro», admitió Artur Mas en su conversación privada con los comensales, sin desvelar claramente sus planes de futuro. No obstante, fuentes de su entorno indican que en los últimos meses ha intentando un acercamiento a su antecesor, a quien ha visitado varias veces en su refugio de Bruselas, y que le gustaría volver con un cargo institucional. Pero muchas cosas han cambiado en el soberanismo catalán: hace seis años Carles Puigdemont era alcalde de Girona y Mas un presidente de la Generalitat convocando el 9-N, causa ahora archivada por el TSJC. Hoy, el mundo independentista está fragmentado en una sopa de siglas de nueve formaciones políticas.

Mas es consciente de no contar con apoyos para presidir la Generalitat, pero no le disgustaría volver a primera línea en un puesto institucional, que podría ser el Parlament de Cataluña, tal como hace meses avanzó este periódico. El ex presidente lleva tiempo planeando su futuro político. En las últimas semanas, Mas se ha reunido con varios empresarios vinculados a la antigua CIU para pulsar su apoyo que, en su mayoría, no le verían con malos ojos si ejerce como una figura de contención y vuelta al catalanismo de antaño. En estos encuentros, Artur Mas les ha trasladado su intención de volver a la arena en algún cargo relevante, en desagravio por los males pasados. «Cree que se lo merece por haber abierto las puertas del soberanismo», comentan dirigentes empresariales. «Yo empecé esto y yo tengo que estar», insiste en estas reuniones.

El mundo neoconvergente está completamente dividido. Todas las fuentes consultadas en el PDECaT, JuntsxCat y la Crida coinciden en que Mas no tiene adeptos en el partido y que la mejor baza sigue siendo Carles Puigdemont. Por ello, Artur Mas no tiene intención de rivalizar con el fugitivo de Waterloo y su aspiración pasa por un cargo institucional que le permita resarcirse de su dimisión y posterior calvario judicial. En su entorno apuntan a la presidencia del Parlament de Cataluña, siempre y cuando los resultados electorales sean favorables al nuevo partido, JuntsxCat. La guerra con ERC es absoluta y tanto Puigdemont como Mas están de acuerdo en un choque frontal con el partido de Junqueras. «Unos traidores que apoyaron a Pedro Sánchez a cambio de nada», dicen en el entorno de Mas y Puigdemont. La relación entre los dos ex presidentes de La Generalitat es buena y Mas ha viajado varias veces a Bruselas para verse personalmente con su sucesor.

Carles Puigdemont planea ser el candidato de JuntsxCat a las elecciones autonómicas sin renunciar a su escaño europeo. «No tiene por qué dimitir», aseguran en su círculo próximo. Sería un candidato simbólico, con un número dos fuerte, al que después cedería el testigo para quedarse en Estrasburgo. Y es aquí dónde aflora la división. Puigdemont quiere a Jordi Puigneró, consejero de Políticas Digitales, y Artur Mas prefiere al de Territorio y Movilidad, Damiá Calvet. Por su parte, Quím Torra apuesta por la portavoz en el Congreso, Laura Borrás.

En el entorno del fugitivo no todos ven con buenos ojos a Mas a quien acusan de haber propiciado el conflicto y conducir a la antigua CDC a unas cotas enormes de corrupción. «No podemos volver al pujolismo», advierten estas fuentes al recordar el papel de Artur Mas en los asuntos turbios del partido como pupilo y después «hereu» del clan Pujol. Los sectores radicales abogan por caras nuevas e incluso barajan el nombre del presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, Joan Canadell, como número dos. El presidente de la Cambra es un feroz independentista, enfrentado con los círculos empresariales importantes de Cataluña, y muy cercano a Quim Torra, con quién recientemente protagonizo un acto en el que instó a los empresarios catalanes a rebelarse contra España.

Así las cosas, en plena pugna por las candidaturas, Puigdemont y Mas se reparten los papeles. El Puchi, de acuerdo con Torra, maneja el as de la fecha electoral y diseña en tromba duros ataques contra ERC, a quienes acusa de traidores al «procés». Por su parte, Mas acaricia el final de su inhabilitación y está en un periodo de reflexión «abierto a todo», según su entorno. Para unos es el auténtico destructor de CIU, el verdadero artífice del conflicto. Y para otros puede ser todavía un mediador balsámico frente a los delirios independentistas radicales. En lo que todos coinciden es el control de Puigemont de JuntsxCat, la escisión del PDECaT y el choque frontal contra ERC. Los tres inquilinos de La Generalitat, Mas, Puigdemont y Torra desean ganar tiempo y opinan que el apoyo de los republicanos a Pedro Sánchez les pasará factura en Cataluña. El que fuera sucesor de Jordi Pujol, el «hereu» que llevó a la poderosa federación nacionalista al auténtico desastre, quiere ahora cobrarse la pieza.