El problema: la cuestión nacional

Tras una tragedia, los electores buscan opciones centradas muy lejos del activismo provocador del Gobierno

Comparecencia de José Luis ávalos después de conocer los resultados de las elecciones gallegas y vascas
Comparecencia de José Luis ávalos después de conocer los resultados de las elecciones gallegas y vascasLuis DiazLa Razón

El hecho de ser las primeras elecciones después del covid-19 le daban a las elecciones vascas y gallegas un particular interés. Y los resultados no han defraudado. Resulta relevante el hundimiento de Podemos, que sale del Parlamento en Galicia y ve reducida su representación en el del País Vasco. La ofensiva de Iglesias en estas últimas semanas no ha logrado reducir el desgaste que provoca su liderazgo caudillista, combinado con un personalismo radical, en el que nadie distingue lo político de lo personal. Y una vez pasado el sarampión de la «nueva política», la animadversión a España y a lo nacional español de los cuadros de Podemos reduce la influencia del partido y aumenta, como era de esperar, la de los nacionalistas.

Otro tanto le ocurre, aunque no de la misma manera al PSOE. Pierde el liderazgo de la oposición en Galicia y en el País Vasco sólo se recupera por la caída de Podemos, pero no porque el conjunto del nacionalismo, que logra unos resultados históricos, haya retrocedido. Los dos, Podemos y el PSOE, tendrían mucho que meditar con estos resultados. No lo harán, ni que decir tiene, aunque sí que ha cambiado la relación de fuerzas en el Gobierno central, con un Iglesias aún más debilitado y dependiente de Sánchez de lo que lo estaba ayer mismo. En pura lógica, no es exagerado afirmar que Podemos está en trance de desaparecer.

El éxito de Feijoo es difícil de replicar fuera de Galicia, pero más allá de la victoria en sí, muy importante para el PP en cualquier caso, significa que, a pesar de la fragmentación electoral, todavía es posible que el PP tenga una mayoría suficiente de gobierno. Es un balón de oxígeno para la actual dirección popular, que sale reforzada. No ocurre lo mismo en el País Vasco, donde el PNV y el nacionalismo corroboran la aplastante hegemonía que han ido alcanzando después de que se les regalara la victoria sobre la ETA. El mal está hecho y por ahora el PP no ha encontrado la forma de gestionar la situación. Su coalición con Ciudadanos ha sido una equivocación se mire por donde se mire: el electorado menos alérgico al nacionalismo puede haberla visto como crispación, mientras que el más español se ha acabado decantando por Vox. El éxito de este último partido consolida su posición en el conjunto de España.

Triunfan, tanto en Galicia como en el País Vasco, los partidos que se presentan como grandes organizaciones interclasistas, capaces de vertebrar a toda la sociedad. Son propuestas que aparecen como moderadas (sin serlo, en el caso del PNV) y capaces de negociar y limar las diferencias en favor de una política suave y unos objetivos globales claros. Después de una tragedia como la que acabamos de vivir y con problemas muy serios por delante, el electorado se inclina por opciones como estas. Infunden seguridad y están lejos del activismo provocador propio del Gobierno Sánchez-Iglesias. El problema, claro está, sigue siendo la cuestión nacional y en este punto los resultados no permiten albergar muchas alegrías.