Casado ante sí mismo

Al líder del PP se le abre una oportunidad de escribir un cambio nítido en su estrategia. Debe buscar la unificación ganadora del centro-derecha»

Buena parte de los dirigentes populares con los que hablo tras esta jjornada del 12-J destacan los mensajes que le llegan a Pablo Casado. El triunfo ha sido incontestable en Galicia. Igualmente, el paso atrás en el País Vasco. Ambas regiones representan dos maneras diferentes de sentir y comportarse el Partido Popular. Por mucho que se diga que no es posible extraer valoraciones nacionales de comicios autonómicos, las urnas ponen a Génova 13 en modo de reflexión. El clima post-pandemia, un futuro cargadísimo de incertidumbres y la ruptura casi total de puentes entre el Gobierno y el principal partido de la oposición deberían ser suficientes para ver que hay líneas políticas convertidas, con presteza, en «calientes», pero que merece la pena enfriar. Este verano la deliberación se convierte en inevitable para el presidente del PP. El voto útil gallego ha sido la papeleta popular.

Alberto Núñez Feijóo ha obtenido un rédito enorme con su posición templada. Sus mensajes moderados, transversales, han cerrado el paso a competidores directos, aglutinando apoyo de los ciudadanos que se identifican con el centro-derecha, al tiempo que atraían a desencantados con el PSOE de Pedro Sánchez, prisionero de sus pactos radicales y embarcado en una deriva de animadversión al «régimen del 78». Feijóo reafirma, por derecho propio, el peso enorme que tiene en la dirección nacional del PP. Es el gran referente. Además, da cierto respiro a Casado, aunque en las próximas horas se cuestione su estrategia de «trazo grueso» que, por omisión en tantas ocasiones, ha permitido a algunos mandatarios bucear más en «Estados de Alarma» que en la realidad de los españoles, con excesos verbales y descalificaciones inusuales a los rivales en un partido con vocación mayoritaria. El líder del PP debe repensarse los perfiles de su órbita. A nadie, por ejemplo, le habrá pasado desapercibida la total ausencia de Cayetana Álvarez de Toledo en esta doble contienda electoral. «Alberto Núñez Feijóo ha ganado sin ella y Carlos Iturgaiz ha alcanzado la irrelevancia... también sin ella», me destacaba un importante cargo del PP.

Es un misterio qué pretendía Pablo Casado en el País Vasco, donde su marca necesita una reconstrucción de arriba abajo. Apartando al centrado Alfonso Alonso como cabeza de lista para situar al veterano Carlos Iturgaiz, se ha pegado un tiro en el pie. Y ni siquiera ha conseguido cerrar el paso a VOX. Tras estos resultados, la portavoz del grupo en el Congreso de los Diputados va camino de ser un cabo suelto que habrá que atar cuanto antes. Ya, de hecho, estas últimas semanas han copado mayor protagonismo parlamentario figuras como Ana Pastor, Cuca Gamarra o, entre bambalinas, Guillermo Mariscal. En las sedes populares vascas se oyen voces reclamando a Madrid que «salga de la burbuja» para situarse «fuera de la M-30». Urge conocer a fondo la realidad actual, no la de hace veinte años. O eso, o seguir marcando récords de irrelevancia política. Todo ello no oscurece los gustos de la izquierda mediática por jugar a derechas «civilizadas» y «bárbaros». Tantas veces se ha escuchado –y estos días se escuchará más-- lo de «las dos almas» del PP… Fíjense cómo, a raíz de la maldita enfermedad que nos persigue dramáticamente, han caricaturizado esas dos almas en Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida. Una, muy mala; el otro, buenísimo. Durante muchos años pusieron esos mismos filtros sobre Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón. En cierta forma, algo parecido les ocurre a Pablo Casado y Alberto Núñez Feijóo. ¿Tiene sentido, en un único Partido Popular, distinguir entre «halcones» y «palomas»? Son ganas de marear la perdiz y, de paso, meter cizaña. En definitiva, a Casado se le abre la oportunidad de escribir un cambio nítido en su línea estratégica. Debe buscar de forma inteligente la unificación ganadora del centro-derecha que reclaman cada vez más millones de españoles. Hoy más que nunca, viendo el severo correctivo recibido por las formaciones del Gobierno social-comunista.