Moncloa, ante el batacazo de Iglesias: “Perderá peso”

Consideran que la debacle electoral ahonda en su soledad en el Ejecutivo. El vicepresidente se aferra a sus cargos y no reunirá a la Ejecutiva de Podemos

Las elecciones de Galicia y País Vasco suponían el primer test electoral para el Gobierno. Aunque apenas lleva medio año en el poder, el inédito Ejecutivo de coalición de izquierdas ha tenido que enfrentarse en sus escasos seis meses de vida a una pandemia sin precedentes, que ha tensionado sus costuras internas por la respuesta social a la crisis y que le ha enfrentado con el resto de territorios y socios de la investidura por el reparto de competencias. El examen en las urnas no ha sido todo lo satisfactorio que cabría esperar. Es más, puede alcanzar las dimensiones de fracaso para la coalición, si tenemos en cuenta que ninguno de los dos partidos que la componen han conseguido rentabilizado el denominado «efecto Moncloa», ese estado de gracia que te otorga el poder y que ha venido cimentado en el impulso de medidas de calado como la puesta en marcha del Ingreso Mínimo Vital o los revolucionarios ERTEs en el ámbito laboral.

En el Gobierno se escudan en que ambos feudos tienen una dinámica especial, muy nacionalista e identitaria, en la que en un momento como el actual se ha apostado por la estabilidad y no por experimentos, ese «efecto bandera» que supone situarse detrás de la opción que aporta certeza que, sin embargo, no ha acompañado a los partidos de Moncloa. Los socialistas han aguantado el tirón, mejorando mínimamente sus resultados, pero lejos de poner el foco en su estancamiento distraen la atención hacia sus socios de Ejecutivo que han sufrido una «derrota sin paliativos». Los morados han desaparecido de Galicia y han visto reducida su representación a la mitad en el País Vasco, un síntoma de debilidad que en Moncloa extrapolan también al Consejo de Ministros.

Fuentes gubernamentales reconocen que el contexto actual arroja un nuevo equilibrio de fuerzas, en el que la posición de Iglesias se ve debilitada. El vicepresidente no levanta cabeza, encadena polémica tras polémica y ahora el rechazo de los electores en las urnas. Un «resultado alarmante» que fuentes socialistas entienden que debe remediarse a través de «un cambio de actitud». El «caso Dina», los ataques a periodistas y medios de comunicación o la búsqueda de un debilitamiento deliberado de la figura de Felipe VI, en contra del criterio de Moncloa, habían colocado a Iglesias en una posición muy comprometida en las últimas semanas. Las citadas fuentes creen que esta derrota abunda en su soledad y flaqueza, lo que consideran que aportará más estabilidad al Ejecutivo.

En el Gobierno no ponen en cuestión la coalición, porque ahora más que nunca a sus integrantes les interesa sobrevivir y evitar elecciones, pero sí entienden que el vicepresidente «perderá peso» en las decisiones del Gabinete, en las que con frecuencia imponía su criterio. Sánchez e Iglesias acostumbran a almorzar con cierta asiduidad y es en estos encuentros –ajenos a los «maitines» en los que también participan otros miembros del Gobierno– donde suelen abordar las cuestiones más controvertidas que causan tensiones en el Ejecutivo entre los partidos que lo componen. De su capacidad de influencia o el intento de la misma dio buena muestra el propio Iglesias cuando, preguntado por unas declaraciones de su colega Margarita Robles censurando sus ataques a la prensa, se descolgó asegurando que «lo que tenga que decirle a la señora Robles se lo diré en privado, o lo hablaré con el presidente del Gobierno».

En todo caso, los socialistas tienen que asumir también una reflexión propia de las condiciones por las que los votantes que huyen de su socio de coalición no encuentran refugio en el PSOE. En Ferraz entienden que el voto de los morados de 2016 es un voto muy voluble, orientado a la protesta más que a la ideología y que esa es la causa por la que Gonzalo Caballero se ha visto «sorpassado» por el BNG en Galicia. En Moncloa, por el contrario, creen que Podemos –como socio menor-– no ha sido capaz de capitalizar el efecto de estar en el Ejecutivo y que el «caso Dina» o su ofensiva contra los medios tampoco le han ayudado a centrar el tiro.