Sánchez no acusa la gestión de la pandemia

Sin «efecto Moncloa». El PSOE mantiene los resultados de 2016 y, aunque «sorpassa» a Podemos, fracasa en captar su fuga de votantes

Los comicios en Galicia y el País Vasco de este domingo han supuesto para Pedro Sánchez y el PSOE a nivel nacional un primer termómetro electoral a su administración desde que materializaran el gobierno de coalición hace justo medio año, pero sobre todo a la gestión que han hecho de la Covid-19 desde Moncloa en los últimos meses. El PSOE logra salvar el trámite en las urnas, mejorando ligeramente el resultado que obtuvo hace cuatro años en el País Vasco y en Galicia. Sánchez aguanta, sin pagar la factura de la pandemia, pero sin rentabilizar el denominado «efecto Moncloa». Esto se aprecia, sobre todo, en el contexto gallego, que le es adverso a los socialistas porque no consiguen absorber la fuga de votos de Podemos, asumida en su práctica totalidad por los nacionalistas del BNG, que –en su fulgurante ascenso– hurtan a Gonzalo Caballero (PSdeG) su expectativa de liderar la oposición a Alberto Núñez Feijóo. La coalición de Gobierno en Madrid sufre un fuerte varapalo en ambos territorios, lastrado por los malos resultados de las marcas moradas, que se hunden.

Sin opciones de victoria en sendos feudos, el PSOE buscaba afianzar su posición al frente de la izquierda en Galicia y ampliar su influencia como socio de gobierno, reeditando la coalición con el PNV en el País Vasco. Consigue su objetivo a medias, colocándose por delante de Podemos y revirtiendo –en la pugna de la izquierda– el «sorpasso» que los morados les asestaron en 2016. El partido de Pablo Iglesias no rentabiliza su entrada en el Gobierno, aunque su papel en la gestión de la crisis sanitaria haya sido discreto, su apuesta por las políticas sociales tampoco les ha permitido despuntar. Sin capacidad para disputarle a Alberto Núñez Feijóo la Presidencia de la Xunta, Gonzalo Caballero ambicionó antes de la pandemia liderar una alternativa de izquierdas para la que finalmente no le han dado los números. Cuando los comicios se iban a celebrar en abril, Caballero estaba en condiciones de hacerlo –o al menos así lo reflejaban las encuestas–. El PSdeG sube ligeramente con 15 escaños, pero su resistencia queda desdibujada por el envite del BNG, aunque consiga «sorpassar» a sus socios en Madrid de Podemos, que sufren un fuerte varapalo electoral.

Por su parte, en el País Vasco, el PSEE-PSOE de Idoia Mendia no logra batir a la izquierda abertzale de EH Bildu, pero como tercera fuerza –con 10 escaños– mejora mínimamente su resultado de 2016 y mantiene intacta su capacidad de influencia, con opciones de sostenerse como socio preferente de un Iñigo Urkullu que no alcanza la mayoría absoluta. Los socialistas sufren la «maldición del socio menor» y no materializan las expectativas de subida que arrojaban todas las encuestas.

La situación del PSOE contrasta hoy con la de hace cuatro años, cuando el mal resultado de las elecciones en Galicia y el País Vasco desencadenó la rebelión interna contra Pedro Sánchez. Fue tras estos comicios cuando se produjo el Comité Federal del 1 de octubre en el que el entonces secretario general socialista se vio forzado a dimitir y dejar la formación en manos de una gestora, pilotada por el sector crítico a su gestión, liderado por Susana Díaz. Ahora, con idénticos resultados, a pesar de un mejor contexto –ante la caída de Podemos– y con Sánchez en la Moncloa, el presidente del Gobierno mantiene un férreo control del partido, por lo que la digestión de los resultados no tendrá consecuencias. Sin un horizonte electoral inminente, más allá de los siempre pendientes comicios en Cataluña, en Ferraz toman nota del resultado. Sánchez felicitó ayer a Urkullu y Feijóo por sus vitorias electorales y reivindicó la necesidad de «gobiernos que trabajen para todos por la reconstrucción del país».