Los barones presionan para que se revise el pacto con Cs

El poder territorial cree que el varapalo vasco obliga a una revisión estratégica. Génova matiza el alcance de la alianza en Cataluña con Arrimadas

La debacle del PP en el País Vasco moviliza al poder territorial, salvo excepciones como Madrid, en la demanda de que la dirección nacional asuma que les «marca un camino» que deben tener en cuenta. Este clima presidirá el Comité Ejecutivo del próximo miércoles.

Los «barones» miden siempre sus intervenciones en este órgano de dirección porque todo lo que hablan a puerta cerrada acaba filtrándose a los medios de comunicación, pero Pablo Casado tendrá constancia, ya han empezado a llegarle algunos mensajes, de que sería un error no hacer autocrítica, aunque sea en privado, en la lectura de la estrategia seguida en el País Vasco.

Más cuando coincide con un momento en el que el PP nacional tiene pendiente clarificar las bases de su política de oposición ante la gestión de la crisis económica y social que deja la pandemia. En las últimas semanas los virajes en los apoyos y no apoyos a las medidas del Gobierno han desconcertado al partido, donde no acaban de entender cuál es el criterio o si hay un criterio más allá de ajustarse en el día a día a la presión mediática o al cambio de jugada de Ciudadanos.

Es muy posible, o así prevén en las filas populares, que la influencia de los sectores del partido más afines a la línea de Vox cortocircuiten esta reflexión o incluso la conduzcan a reafirmar que el objetivo debe seguir siendo la «unificación de las tres derechas», lo que implica continuar con «la homologación de Vox dentro del centro-derecha». La estrategia contraria a la que ha seguido Alberto Núñez Feijóo em Galicia y que le ha llevado a esa cuarta mayoría absoluta histórica.

La posición oficial de Génova introduce, no obstante, algún matiz después del varapalo vasco, y de que las urnas confirmaran este domingo que 1-1 en política puede ser sólo 1,5. En relación a Cataluña, hasta ahora la idea dominante sostenía que la fórmula de la coalición era la más acertada para hacer frente al desafío secesionista bajo el «leit motiv» del frente constitucionalista contra la alianza independentista. Sobre esta base se construyó, de hecho, el acuerdo vasco, que Ciudadanos intentó exportar también a Galicia, pero Feijóo lo frenó. Las urnas dieron la razón al presidente gallego. Fuentes oficiales confirmaron ayer a este periódico que en relación a Cataluña no hay que dar nada hoy por hecho. «Hablaremos y negociaremos, comprobando qué es lo mejor en cada circunscripción. Todo a su tiempo». Este pisar el freno se escucha también en las filas naranjas desde antes de que se conociera el resultado de las elecciones vascas.

El debate está abierto, porque fuera del círculo de confianza de Casado hay coincidencia en una visión muy pesimista sobre el futuro del PP vasco. Hoy es una fuerza residual, en Cataluña no hay perspectivas muy halagüeñas, y esto daña, inevitablemente, la fortaleza del PP como partido nacional por su debilidad en dos territorios históricos que condicionan la política nacional.

La salida de Génova para amortiguar el golpe en el País Vasco ha sido refugiarse en el triunfo de Feijóo en Galicia y ratificar, para asombro interno, a Carlos Iturgaiz al frente del PP vasco. La organización regional vasca vive en una situación de interinidad desde finales de febrero, cuando la apuesta por la coalición con Ciudadanos acabó con la caída de Alfonso Alonso, ex ministro de Mariano Rajoy, y la fractura total del partido. Desde entonces, Amaya Fernández, del equipo de Alonso, continúa como presidenta en funciones a la espera de que Génova autorice la celebración de un congreso regional que elija a la nueva dirección de los populares.

Pero los malos resultados vascos complican a Madrid el camino para cumplir con sus planes iniciales de que Iturgaiz se quedase con su escaño en el Parlamento vasco y dejase paso a la conformación de una nueva estructura orgánica afín a la dirección nacional. La posibilidad de que se retrase el congreso hasta 2021 está encima de la mesa. Pero esto sólo supone aplazar el problema de refundación del partido que ya intentó Alonso, y que sirvió de justificación para que la portavoz parlamentaria, Cayetana Álvarez de Toledo, le lanzara su primer pulso. Alonso y su equipo entendieron que para la nueva realidad vasca ya no valían los planteamientos de antes, ni seguir teniendo más discurso que el de la posición firme contra el terrorismo. En la generación de los menores de 30 años la formación proetarra no está asociada en el País Vasco a ETA, y el PNV está comiéndole voto al PP, por extraño que parezca fuera de este microclima político.

Iturgaiz representa al PP de Mayor Oreja, «a un PP que se dejó la vida en la lucha en favor de la libertad, y que siempre hay que reivindicar, pero que se asocia con tiempo y soluciones que no tienen nada que ver con la realidad actual». «Perdimos la oportunidad de afrontar esa refundación, y ahora no hay banquillo ni ideas para salir del agujero», comentaba anoche un algo cargo autonómico del PP.

El recorrido de este varapalo electoral puede ser corto por la intensidad de la agenda nacional. Y Casado también gana con la victoria de Feijóo. Pero el PP tiene un problema serio en el País Vasco y en Cataluña.