PSOE y Podemos libran a Iglesias de comparecer por el “caso Dina”

Rechazan las peticiones del PP asegurando que esta polémica no afecta a su actividad como vicepresidente del Gobierno

El caso de la tarjeta con información íntima retenida a Dina Bousselham sigue coleando, no ya en el terreno judicial, donde ya existe una causa abierta, sino en la arena política. La oposición, como ya hiciera con el «Delcygate» o el polémico cese del general Pérez de los Cobos, no suelta la presa que le ha servido en bandeja el vicepresidente segundo del Gobierno y mantiene su ofensiva para erosionar al Ejecutivo. Sin embargo, en Moncloa marcan distancias con el escándalo y defienden que este no es un caso que afecte a todo el Gabinete. Lo encuadran en una cuestión «personal» de Pablo Iglesias, por lo que para frenar este desgaste han comenzado ya a maniobrar, intentando extinguir un incendio que la oposición se afana en avivar.

PSOE y Unidas Podemos hicieron valer ayer su mayoría en la Mesa del Congreso de los Diputados para cercenar las aspiraciones del PP de impulsar una sesión con comparecencia monográfica de Iglesias, dando respuesta a las peticiones de comparecencia del vicepresidente por el «caso Dina». Los partidos que representan la coalición argumentaron el veto en que este tema no atañe a su gestión como vicepresidente del Gobierno, porque es una cuestión «privada» y que, por tanto, no está sujeta al control parlamentario. De esta forma, ambas formaciones se coordinan para establecer un blindaje sobre Iglesias en un momento de máxima exposición para el líder de Podemos.

Aunque en Moncloa sean partidarios de que sea él quien dé la cara y se explique– en alusión a que no se parapete tras los portavoces habituales del Ejecutivo o del propio presidente del Gobierno, como había venido ocurriendo días atrás–, no van a someterle tampoco a este juicio por parte de la oposición. No obstante, esta actitud contrasta con las declaraciones del propio Iglesias, que se mostró partidario en una entrevista reciente de someterse a una comisión de investigación en el Congreso por el «caso Dina», eso sí, anunciando que pediría también otras comparecencias como las del expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, o su vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, que estaban en el poder en el momento en que Villarejo supuestamente sustrajo la tarjeta de su ex asesora.

Pero, aunque Iglesias haya conseguido burlar las explicaciones en el Congreso, no pudo hacerlo ayer en el Senado. La sesión de control al Gobierno en la Cámara Alta estuvo marcada por el «caso Dina» con un agrio rifirrafe entre Iglesias y varios portavoces del PP que dejaron en el aire acusaciones de «machismo» y «violencia de género» y la invitación del vicepresidente a que acudan a los tribunales contra él. Incluso el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, fue interpelado por esta cuestión y tuvo que defender al fiscal de la causa y exigir a los populares que «no hagan un juicio anticipado». Sin embargo, el momento álgido se vivió cuando la senadora del PP María Salom acusó a Iglesias, de violencia de género y de ser un «recalcitrante machista» por haber guardado durante un tiempo la tarjeta del móvil que le habían robado a su ex asesora Dina Bousselham, antes de devolvérsela. Por esta actitud, y por sus «mentiras», pidió que abandone su puesto en el Ejecutivo. «Aplíquese su propia medicina y dimita», le espetó.

«Cloacas» del Estado

Por su parte, el líder de Podemos quiso puntualizar que este es el «caso Villarejo», no el «caso Dina», recurriendo de nuevo al discurso de la «cloacas» del Estado, en relación a la supuesta trama parapolicial creada por el anterior Gobierno del PP. «Ni a mí, ni a la señora Dina ni a Podemos se nos acusa de ningún delito. Me ha acusado usted aquí de varios delitos. Lo razonable es que vaya usted a un tribunal a ver si esta vez consiguen encontrar algo», le desafió Iglesias, que replicó que si al PP se le hubiera investigado como a Podemos muchos de los senadores allí presentes «estarían en la cárcel». «¿Se imagina usted qué hubiera ocurrido si en España a ustedes se les hubiera investigado con la misma intensidad que a nosotros? Que muchos de los que están ahí estarían en la cárcel», aseguró.

Desde el PP, su portavoz en el Senado, Javier Maroto, advirtió al vicepresidente que había eludido responder y que su constante parapeto en las «cloacas» se fundamenta en que «disfruta cada vez que puede hablar de cloacas», porque «la cloaca es el hábitat en el que usted se mueve como pez en el agua». En este contexto, Maroto rescató otra de las polémicas que persiguió a Iglesias la pasada semana, a cuenta de los continuos ataques que dedicó a periodistas y medios de comunicación, asegurando que había que «normalizar» los ataques e insultos en democracia a aquellas personas que tienen una visibilidad pública. El portavoz preguntó a Iglesias si «no siente bochorno de utilizar la naturalización del insulto para amedrentar a los periodistas» que le abochornan a él con las informaciones que publican sobre el «caso Dina». Y si el control a Iglesias pasó del veto del Congreso al Senado, las «cloacas» lo hicieron de la Cámara Alta a la Baja, donde Podemos, ERC y otros partidos se unieron para registrar una comisión de investigación sobre esta cuestión.