Génova plantea retrasar a 2022 el debate del candidato

El Congreso Nacional tocaba el año próximo pero quiere controlar antes los provinciales. En el Comité Ejecutivo de hoy ha habido más elogios a Feijóo que ejercicios directos de autocrítica

Pablo Casado ha tenido hoy en la mayoría absoluta de Alberto Núñez Feijóo en Galicia el mejor parapeto para surfear ante el Comité Ejecutivo del PP el varapalo que ha recibido su estrategia en el País Vasco. La cuarta mayoría absoluta de Alberto Núñez Feijóo ha consolidado al presidente de la Xunta de Galicia como uno de los mayores activos políticos. En su partido le reconocen el éxito de su apuesta por la moderación, su capacidad de aglutinar voto del centro-derecha, su empeño por evitar la confrontación directa con sus adversarios y su acertada gestión de la administración desde 2009. Todo esto consolida hoy al PP gallego como la formación que mejor sabe conectar con el electorado, según lo que hasta ahora han dicho las urnas.

Pero en el Comité Ejecutivo de hoy ha habido más elogios a Feijóo que ejercicios directos de autocrítica. O por decirlo de otra manera, la autocrítica se esconde en el elogio al presidente gallego y en la reivindicación de su estrategia política de centro frente al perfil más a la derecha de algunos de los principales referentes de la dirección nacional.

Hoy ha sido una reunión tranquila, de trámite, nadie esperaba un giro en la estrategia de la cúpula, aunque se advierta de que deben tomar nota de lo que ha pasado en el País Vasco, con las reservas que exige el hecho de que las extrapolaciones nacionales son demasiado arriesgadas porque la política vasca no está tan condicionada por la política nacional como si ocurre en otras comunidades autónomas. Las enmiendas se hacen en privado, y se hacen por vía indirecta, aunque Casado ha tenido ya oportunidad de escuchar consejos que le piden que tome nota del modelo gallego.

En Génova preocupa la imagen de falta de experiencia de gestión de Casado, y quienes gestionan piden que la dirección nacional respete más a los territorios y no se repita lo que ha ocurrido en el País Vasco, donde la política de imposición de Madrid ha hecho que en estos comicios los vascos tuvieran más la sensación de que votaban al PP de Madrid que al PP vasco.

El enfoque que hace Génova de la situación vasca sigue estando muy condicionado por los referentes del «aznarismo», cuando esto no funciona ya en ese territorio ni esas claves sirven tampoco para movilizar el voto nacional. La dirección nacional se siente fuerte para resistir el empuje de las presiones internas contra la estrategia de medirse en el campo con Vox, en lugar de apostar más por un discurso de centro y por deslegitimar a esta formación. Y, de hecho, han empezado a tantear el terreno para intentar adelantar los congresos provinciales a 2021. Es una jugada que tiene un alto significado político.

El Congreso ordinario del partido toca el año que viene, pero hay espacio para que Génova pueda sostener que como hubo un Congreso extraordinario en verano de 2018, no hay que celebrarlo hasta 2022. Los estatutos establecen el orden de congreso nacional, regionales y provinciales, pero adelantar los provinciales permitirá a Génova entrar en esas estructuras territoriales y controlar el voto del Congreso Nacional. En el partido consideran que es insensato meterse en un proceso congresual con los rebrotes y la incertidumbre sobre la pandemia.

El futuro del siguiente Congreso Nacional no lo dan por escrito en el PP por lo que no se puede dar totalmente por hecho que vaya a ratificar la candidatura de Casado a la Presidencia del Gobierno, aunque sea la opción más previsible. Para blindarlo Génova está tomando el control de todas las estructuras territoriales: empezó con las listas a las elecciones generales, siguió con las listas autonómicas y municipales, y ahora va a por el control de los equipos de donde sale el voto para el congreso. En Valencia, para desesperación de su presidenta regional, Isabel Boning, Madrid ya ha obligado a que se pongan en marcha los cónclaves locales, y Valencia es un feudo decisivo en las votaciones internas, como también lo es Andalucía (30 por ciento), Madrid, Galicia o Castilla y León.

Las «cartas» las está repartiendo Génova para que jueguen a favor de Casado, pero cuando llegue el día pesará mucho que el partido entienda o no que lo que se le ofrece es un proyecto ganador. Feijóo ya ha conseguido que en el imaginario del partido se le relacione mayoritariamente con esa idea.

Casado está trasladando estos días a quienes le escuchan en privado su agradecimiento a Feijóo por la ayuda que, dice, siempre le ha prestado. Y el líder gallego mide cada palabra en público y en privado para que en ningún momento se le pueda pillar en un renuncio que dé pie a interpretar que no juega lealmente con la dirección de su partido, a pesar de las profundas discrepancias que les separan.