Génova cree que el «modelo Feijóo» no vale para España

Casado dice que «nadie les tiene que llevar a la moderación». Feijóo pide «templanza» para cortar el populismo de Vox

La dirección nacional del PP puso ayer sordina a la autocrítica sobre la debacle en el País Vasco y el debate estratégico. El cruce de mensajes entre el presidente nacional del partido, Pablo Casado, y el triunfador en Galicia de la noche electoral, Alberto Núñez Feijóo, se rodeó de una escenificación de cordialidad para que las interpretaciones tuvieran que buscarse entre líneas.

Casado se reivindicó como un «moderado» y subrayó que nadie tiene que venir a darles lecciones sobre dónde está la centralidad. No citó expresamente a nadie de su partido, y sí al PSOE, pero el político gallego, que el domingo cosechó su cuarta mayoría absoluta, había defendido poco antes de que comenzara el Comité Ejecutivo un partido «templado» porque éste es el camino, a su juicio, para frenar a los populismos, o dicho de otra manera, para rematar a Vox.

Por mucho que se intente silenciar el debate, la realidad es que dentro del PP siguen cohabitando dos maneras de entender la estrategia de oposición y, sobre todo,de enfrentarse a la fragmentación del voto de la derecha.

Feijóo ha ganado en Galicia con el modelo de la moderación, de evitar el choque con los adversarios y de negar la homologación de Vox dentro del centro derecha. El barón gallego no tiene pelos en la lengua para situar al partido de Santiago Abascal en la extrema derecha y para reivindicar sólo para sí mismo el centro que le disputa Ciudadanos. En Galicia, esta posición popular ha servido para que la formación naranja siga fuera de la Cámara autonómica, y para mantener también fuera a Vox. Sin embargo, Génova cree que el «modelo Feijóo» puede funcionar en Galicia, pero «no es válido para toda España». «No es un modelo ganador para llegar a La Moncloa porque el votante de Madrid o de Valencia, por ejemplo, está mucho más escorado a la derecha, y el terreno en este escenario de polarización nos lo sigue comiendo Vox», explican en el Comité de Dirección del PP, el equipo más próximo al presidente del partido. Oficialmente Casado se reivindica en la moderación y en el centro, donde están Feijóo y los otros presidentes autonómicos referentes de esa moderación, el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, y el presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco. Este último no pudo acudir ayer a la reunión del Comité Ejecutivo, convocada para el balance de las elecciones, por la visita de los Reyes a su comunidad autónoma. Pero Moreno, que sí acudió a Madrid, también dejó en la entrada de la sede nacional un mensaje en favor de que el PP siga el camino de la apertura y de la ampliación de su base social, que sólo puede encontrar desde una posición centrada, como ocurre en Galicia, donde «su actitud inclusiva permite que todo el mundo quepa en nuestras siglas». En Génova marcan distancias con estos análisis «simplistas» y con las «lecciones periféricas desde una realidad puntual que carece de la visión global que exige una victoria en las elecciones generales». Por eso, ayer todos reivindicaron la moderación, pero para Feijóo y los otros «barones» esto implica una revisión de la estrategia, mientras que para la cúpula popular supone ratificarse en su posición.

Ahora bien, estas diferencias no van a pasar a guerra pública, al menos por parte de Casado y de Feijóo. El líder nacional necesita al barón gallego, al que le agradece su ayuda, y Feijóo agradeció también a la dirección nacional su apoyo, que personalizó incluso en los portavoces en el Senado y en el Congreso, Javier Maroto y Cayetana Álvarez de Toledo, por haber dado juego en las Cámaras a los parlamentarios gallegos. Maroto está en la órbita de Feijóo; Álvarez de Toledo, no. Y aunque ayer hiciese ese gesto para limar asperezas, todo el partido sabe que el PP gallego no comparte el discurso y las maneras de la portavoz en el Congreso, y que cree, como ocurre con la mayoría de las organizaciones regionales, que su perfil les perjudica electoralmente. La portavoz no ha participado en ningún mitin.

Feijóo defendió ante la Ejecutiva que el partido debe atender a todas las sensibilidades, y abogó por un PP «centrado y templado» para que el populismo de Vox y de Podemos sea desactivado. Casado utilizó su discurso para comprometerse a «perfeccionar» su alternativa, que calificó de «moderada y útil», y acusó al PSOE de crear ese falso estereotipo de que él es un líder radical e instalado en la crispación. «Nadie nos tiene que llevar a la moderación porque siempre hemos estado en ella. Pero tampoco nos debe apartar nadie del combate contra la radicalidad de algunos». El líder popular también insistió en que trabaja para reconstruir el «centro-derecha». Objetivo que comparten los «barones» moderados, aunque discrepen en el camino a seguir para conseguirlo. Al final, la reunión del Comité Ejecutivo se quedó en la espuma del problema, en dar vueltas a la moneda de las dos almas, la moderación o el perfil duro que hoy se identifica con el «aznarismo», aunque fuese este ex presidente el que se inventara el «centro-reformista» como eslogan para ampliar sus mayorías sociales.

Es un debate que hace perder muchas energías al PP y que no se saldará hasta que las próximas citas electorales de carácter más nacional dicten sentencia. Entre tanto, Casado calló ayer la posibilidad de una revisión estratégica con el argumento de que el triunfo en Galicia y las encuestas avalan su política. El cónclave sí fue un homenaje a Feijóo, ovacionado por sus compañeros de partido.