Cuarenta minutos de unidad

Todos los presidentes autonómicos, los poderes del Estado y autoridades internacionales asistieron. Solo Vox, ERC, Bildu, BNG y la CUP se ausentaron

El envite del coronavirus ha supuesto la mayor crisis a la que se ha enfrentado nuestro país en democracia. Un mordisco feroz al que España respondió ayer con una imagen inédita de unidad. La imagen que una sociedad –que todavía vela a sus muertos– demandaba y que la reconforta, entre el dolor que aún persiste y la incertidumbre que generan los rebrotes y una cifra de contagios al alza, que nos retrotrae al horror de meses atrás. El homenaje a las víctimas de la Covid-19 que se celebró ayer en la Plaza de la Armería del Palacio Real tenía la vocación de ser un acto civil «sin precedentes» y lo consiguió, dejando a un lado durante sus 40 minutos de duración la ideología, la polémica y la religión.

La estampa cobra, si cabe, más relevancia por el contexto de crispación y ruido político en el que se ha desarrollado la pandemia durante los últimos meses. Nadie imaginaba este broche de recuerdo a las víctimas y reconocimiento a los que han luchado en primera línea contra el virus, cuando en el Congreso, Gobierno y oposición se echaban en cara las cifras de fallecidos y la falta de previsión. Este clima de crispación vino también de parte de las comunidades autónomas que volvieron ayer a hermanarse como en si de una de las videoconferencias que se celebraban cada domingo durante el estado de alarma se tratase. Al acto acudieron los 17 presidentes autonómicos, incluido el de la Generalitat, Quim Torra, que no acostumbra a participar en actos institucionales de este tipo, organizados por Moncloa y con presencia del Rey Felipe VI. Incluso, Torra agradeció públicamente al Gobierno la celebración del acto, porque las víctimas de la Covid-19 «se lo merecen todo». También acapararon los focos los flamantes vencedores de las elecciones vascas y gallegas del pasado domingo, Iñigo Urkullu y Alberto Núñez Feijóo.

Junto al poder autonómico, también se desplegó el de las principales instituciones y poderes del Estado. Liderados por las presidentas del Congreso, Meritxell Batet, y del Senado, Pilar Llop; así como los presidentes del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional, Carlos Lesmes y Juan José González Rivas, respectivamente, y la fiscal general del Estado, Dolores Delgado. A ellos se unieron los ex presidentes del Gobierno José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. Estos dos últimos charlaron animadamente durante los minutos previos al inicio del acto y el besamanos. Un besamanos en el que los gestos y el «codo con codo» fueron la «nueva normalidad» ante la imposibilidad de estrechar las manos por la salvaguarda sanitaria. Solo Felipe González faltó a la cita, una ausencia que estaba prevista y que se excusó por motivos de agenda.

A la nutrida representación nacional, de representantes de todos los niveles de la administración se sumó la cuota internacional. A la que en Moncloa agasajaron con una cena de recibimiento el día anterior, aunque con carácter sobrio por tratarse de un acto en recuerdo de los fallecidos. Asistieron los principales representantes de la Unión Europea: el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel; la de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el del Parlamento Europeo, David Sassoli, y el alto representante para la Política Exterior y de Seguridad, el español Josep Borrell. También el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la voz de las advertencias sobre la pandemia, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

A todos estos perfiles institucionales nacionales e internacionales y hasta completar la lista de 400 invitados se sumaron representantes de la sociedad civil con especial significación en la lucha contra la pandemia, ya sea desde el bando vencedor –quienes estuvieron en primera línea desarrollando su actividad para ganar la batalla al coronavirus– o desde el perdedor, los familiares de los fallecidos.

El acto estuvo marcado por el respeto y una cuidada escenografía, solo interrumpida por «vivas» al Rey de algunos personas que se acercaron a las inmediaciones del recinto. La unidad se fracturó en cierta medida, una vez terminado el acto y cuando se dio pie a las intervenciones públicas, ya que tanto el líder del PP, Pablo Casado, como la de Ciudadanos, Inés Arrimadas, que habían acudido al homenaje como invitados, cuestionaron que la cifra oficial de muertos fuera real y se quejaron de no conocerla. El acto propició, además, el primer encuentro entre el Rey y Sánchez en público, desde que se conociera que Moncloa y Zarzuela buscan un encaje para Don Juan Carlos. Desde el PP se volvió a reiterar su respaldo a la Corona.