«Al mal tiempo, buena cara»

«Al mal tiempo, buena cara». No me refiero al tiempo meteorológico, por lo demás el propio de agosto, sino al clima político, caldeado en exceso. Tuve ocasión de reflexionar acerca de la mentira como «arma de destrucción masiva» de la convivencia, al hilo de su uso intensivo desde el vértice del Gobierno, y sobre la conveniencia de rectificar y pedir perdón por ello.

Algo bueno para el que lo hace y para la sociedad, que recupera la confianza en sus gobernantes; conveniente siempre, e imprescindible en momentos graves como los actuales. El sabio consejo de la enmendatio no parece haberse atendido, ni tiene visos de serlo a la vista de la evolución de los acontecimientos que encadenan sucesos muy poco edificantes.

El más reciente y grave ha sido el conocimiento del inexistente Comité de expertos asesor del Gobierno durante la pandemia. Me temo que no será el último, para mal de todos que —en este caso— «no es consuelo de tontos».

Recordemos que el presidente Nixon tuvo que dimitir por acreditarse que mintió para encubrir el Escándalo Watergate, marcando un hito a nivel mundial. Bien es cierto que ya entonces, la sociedad norteamericana tenía un nivel elevado de exigencia ética y democrática del que distamos mucho ahora en España.

Ante el mal clima político actual y el previsto para otoño —caliente y sin brotes verdes, sino con rebrotes económicos y sociales— tengamos paz y pongamos buena cara. Al menos, en agosto.