Operación: Blindar a Leonor

Debate sobre el modelo de Estado: LA RAZÓN reflexiona con políticos, embajadores y otros expertos qué pilares deberían marcar una estrategia a medio y largo plazo para garantizar la permanencia de la Corona

La resaca que ha provocado a lo largo de la semana la decisión de Don Juan Carlos de dejar España ofrece una radiografía del país que ha preocupado a muchos. El artífice de la transición, responsable de haber liderado la construcción del régimen político y jurídico que actualmente rige en España, ha sido obligado a salir del país sin que ni siquiera haya hecho falta que un juzgado, español o extranjero, le impute. ¿Qué dice esto de la solidez de las instituciones y del sistema del que dependen nuestra soberanía y nuestro modo de vida frente a los ataques de los enemigos que quieren transformarlas, tanto internos como externos? Una cosa es cierta: Los que pensaban que con la salida de Juan Carlos I se acabarían los problemas comprueban ahora que la táctica de la concesión lo único que consigue es multiplicarlos.

Si bien es cierto que el procedimiento agravado de reforma de la Constitución, el que sería necesario para cambiar el modelo de Estado, requiere un nivel de consenso impensable en estos momentos, no es menos cierto que, como ha demostrado la salida de Don Juan Carlos, es la postura del PSOE la que marca hacia que lado se mueve el platillo de la balanza. Esta circunstancia, comprensiblemente, llena de inquietud a todos aquellos que recuerdan el historia de bandazos e inconsistencias en las que ha caído la actual dirección del PSOE. ¿Es esta una base sólida para garantizar a largo plazo el relevó generacional y que Doña Leonor reine cuando le llegue el momento? Todos estos factores han levado a LA RAZÓN a contribuir a la reflexión sobre cuales deberían ser la pilares fundamentales de una estrategia a largo plazo para blindar la Corona en nuestro país y sentar las bases para que, dentro de lustros, el relevo de Felipe VI a la actual Princesa de Asturias, sea tan ejemplar como lo fue el que realizó Don Juan Carlos y la España que el consagró en 2014.

El ex ministro de Asuntos Exteriores José Manuel García Margallo llama la atención sobre un problema que detecta para que esto pueda convertirse en realidad: «La logística de la que dispone la Corona es extraordinariamente endeble. Podría ser conveniente restablecer un consejo privado del Rey para que Don Felipe tenga una duda pueda acudir a sus consejeros porque está claro que el Gobierno de turno tiene cada uno sus prioridades... de hecho parte del actual tiene como objetivo una España plurinacional en la que el Rey no pinta nada». Margallo considera que se debe seguir apoyando la Monarquía no por una «afición cortesana» sino por cada uno tiene su idea. Pero apunta a un error que se ha podido cometer durante muchos años incluso por los más acérrimos monárquicos: «Nos hemos pasado 40 años diciendo una majadería que éramos ‘juancarlistas’ cuando lo importante es la Institución. Hemos cultivado una afición personalista arrastrados por el brillo personal de Don Juan Carlos». En referencia al futuro papel del Gobierno, el ex ministro no es optimista: «La base en la que se fundamenta la presidencia de Pedro Sánchez es en acabar con el Rey. Y esto va a ir a peor. A medida que Podemos pierda peso electoral y puedan no llevar a la práctica sus programas sociales por las restricciones económicas que va a proponer Bruselas se van a lanzar a la guerra cultural de Gramsci. Es lo único que puede hacer Pablo Iglesias». Frente a esto la solución para Margallo está clara: «Esto solo se rompe con lo de siempre: un pacto de constitucionalistas: PP, PSOE y Cs para hacer las reforma que España necesita».

El economista Ramón Tamames alerta sobre un peligro importante: «Hacer monarquismo es malo porque da la impresión de que estamos en una situación limite y no creo que haya tanto peligro». Para Tamames la solución más rápida y verosímil a la situación actual sería una Declaración del propio Rey Juan Carlos I, detallando sus propiedades en términos exactos, para inmediatamente renunciar a ellas en favor de la constitución de una Fundación Rey Juan Carlos I, cuyos fondos se aplicarían a diversidad de fines de mecenazgo y de progreso económico y social de España.

«Nuestro país es una absoluta vergüenza», arranca Inocencio Arias, embajador de España. «Los enemigos de la Monarquía quieren cargarse el sistema. Han visto un filón y no van a soltar la presa. Don Juan Carlos les importa un pepino, al que quieren es al actual». Arias recuerda la habilidad que tienen en la demagogia propagando «tonterías» como que los reyes son corruptos y los presidentes de repúblicas no o que la Monarquía «cuesta mucho». «El problema actual es que el PSOE es totalmente ambiguo. No se puede descartar que una parte no mayoritaria, pero no pequeña, no esté embarcada en la operación de descrédito activa o pasivamente. Con el PSOE anterior no se producía esto porque los que mandaban –González, Guerra, etc...– decían algo que hacia que los militantes no se le ocurriera pensar en ello». Este diplomático apunta también hacia otro problema: «Nuestra monarquía ha despertado una simpatía bastante extendida pero en mi opinión no profunda. Tiene la simpatía mayoritaria pero no tiene raíces profundas el sentimiento de cariño como el que hay en Reino Unido, en Dinamarca, en Suecia o en Japón. La profundidad de ese sentimiento era bastante menor». Frente a esta situación solo hay un camino a seguir: «Hay que seguir insistiendo en la realidad: haya hecho lo que haya hecho Don Juan Carlos (que no está probado y no vamos a ser tan miserables de condenarle) una cosa está clara: no ha metida la mano en el erario publico. Yo no lo he pagado, y los ERE sí. En su haber hay mucho mas que él debe. Puede ser que el Rey Felipe se pase de escrupuloso. Ha implantado la transparencia y tiene la afición y la pasión por España de su padre. La propaganda adversa es hábil y para contrarrestar su avalancha hay que repetir la realidad constantemente: Don Juan Carlos era un hombre de relaciones públicas excepcional, era asombroso, irresistible. Su amabilidad su falta de presunción y petulancia y arrasaba con dirigentes extranjeros. Siempre te decían: ‘vaya personaje que tenéis, le cae bien a todo el mundo’. Y eso en la transición era inapreciable».

En opinión de José Apezarena, director del Confidencial Digital y autor de «Felipe y Letizia. La conquista del trono», lo que hace falta es «una campaña de explicación de la utilidad de la monarquía y sus ventajas, que son unas cuantas que enganchan con la tradicción histórica de este país. Muchos de los logros y de nuestras gestas tienen detrás a la Corona. Pero como este país no tiene recuerdos...» Para Apezarena un buen ejemplo en este punto es la Monarquía británica: «Llevan años promoviendo actos e iniciativas que imponen en valor estos valores en películas, series, etc.... Hace falta marketing. La corona y el Estado deberían ser capaces de trasladar esto. Las nuevas generaciones no tienen recuerdos». Todo parece indicar que Felipe VI está en esta línea de mostrar que la Monarquía es «útil» según este autor. «Si ese pensamiento se estabilizara y enraizara no habría problema. Hay un punto de esperanza. Los independentismos están estabilizados, no crecen, y la Monarquía es un enemigo básico porque es la garantía de la unidad. Cuando en el PSOE ha habido debates se ha comentado, y con razón, que Cataluña y País Vasco se separarían al día siguiente como ha sucedido en las anteriores ocasiones».

El escritor Daniel Múgica, hijo del histórico líder socialista, recuerda que para muchos votantes del PSOE el Rey se ganó la Corona el 3 de octubre con el Gobierno de Mariano Rajoy desbordado por el impulso independentista y Felipe VI fue quien detuvo la marea contra la unidad de España. «No se puede intentar derrumbar al primer símbolo de la nación. Los pilares de la una nación son sus símbolos y cuando uno derrumba sus símbolos acaba derrumbando la nación». Para reconducir la actual situación Múgica sugiere «hablar no tanto de lo que ya está consolidado sino de lo que se ha resquebrajado. Para coser los hijos que se han soltado a mi entender Felipe VI debería tener una notoriedad pública mínimo el doble de la que tiene ahora y esto debería extenderse a la Princesa Leonor que por necesidad histórica será la próxima Reina de España». En cualquier caso, Múgica tiene claro que «pese a los intentos de Iglesias de controlar al primer partido está claro que Sánchez le está parando en todos sus intentos de tener un poder que no le corresponde por los votos».

Fernando Rayón llama la atención sobre el hecho de que «todas las monarquías democráticas europeas han tenido problemas. Todas ellas». Y la solución a estos problemas siempre ha sido la misma: un gobierno fuerte y cohesionado que sepa en un momento dado apoyar a las instituciones. «El gran problema está en estos momentos en que la mitad de ese gobierno está haciendo campaña en favor de la república y en ese sentido es difícil dar imagen de tranquilidad ante una crisis», explica. Otro problema que señala Rayón es el de la comunicación: «Hace años, cuando la aparición de las televisiones privadas, avise de que las personas que crean opinión ya no son los periodistas informadores de Casa Real sino personajes del mundo realities etc..., es decir, un mundo donde la frivolidad es notable. La opinión que se crea es una imagen que no tienen que ver con la realidad. Se comenta la vida privada y, al final, esto repercute en la publica. La información que se esta haciendo no ha sido contrarrestada con una información que debería haber sido mas seria», concluye Rayón.