Redondo y Calvo negociaron durante meses con Zarzuela

El camino hacia el 3-A: La salida del Emérito se fraguó en secreto pese a que Sánchez no se pronunció hasta julio

Semana intensa. El lunes se conoció la decisión del Rey Emérito de marcharse del país para salvaguardar la Monarquía propiciando que el Rey Felipe VI pueda desarrollar su labor con «tranquilidad y sosiego». Ese mismo lunes, Podemos lanzó un duro ataque, vía tuit del vicepresidente, Pablo Iglesias, contra la Monarquía y contra el Rey Emérito, al tiempo que arremetía contra Pedro Sánchez por no informarles de la decisión, lo que llevó a la ministra Irene Montero a afirmar que la decisión «no se pactó con el Gobierno de coalición sino con el PSOE».

El martes se reúne el Consejo de Ministros. La rueda de prensa prevista para las 12.30 se retrasó casi hasta las dos. No fue un Consejo normal. Las disensiones habían agitado los dardos de la oposición y en los medios de comunicación se hablaba de crisis de Gobierno. El presidente Sánchez se afanó en poner coto a la situación. En el Consejo tuvo una intervención firme en defensa de la «monarquía constitucional» y avaló «la buena salud de la coalición». Del contenido de sus palabras poco se supo, pero fuentes socialistas señalan una dirección «mira la carta a la militancia enviada por el secretario general del PSOE».

Pedro Sánchez compareció ante los medios a mediodía del martes. Tres puntos marcaron su declaración. El primero «lo que se juzga son personas no instituciones», el segundo reforzar «el pacto constitucional», y la Casa Real va en «la línea adecuada». Una línea que según RTVE dijo el mismo martes había sido definida por la vicepresidenta Carmen Calvo en primera persona en conversaciones con el Jefe de la Casa del Rey, Jaime Alfonsín. Esa misma noche, Podemos rebajó sus críticas y aseguró la estabilidad del ejecutivo. La ministra Montero fue la encargada. Criticó no estar informada, aunque consideró que «es normal que haya momentos de discrepancia» porque la coalición «está formada por dos formaciones políticas distintas» que trabajan «desde la lealtad, el compañerismo y el respeto a los acuerdos».

El viernes, Pedro Sánchez, envió su carta a la militancia socialista. En ella, se repetían los argumentos esgrimidos en el Consejo y en las conversaciones privadas del presidente y su vicepresidente, en torno a tres ejes: blindar la Monarquía reforzando la Constitución, proteger al Rey y marcar distancias con el Emérito. De hecho, el viernes, desde Podemos dijeron que «no fue la declaración de un monárquico». Estos argumentos se plasman en la mencionada misiva a los militantes socialistas. Se defiende el reforzamiento de la Constitución y de la Monarquía Parlamentaria: «la monarquía parlamentaria es un elemento de ese pacto, no todo el pacto. Todo el pacto es la Constitución y no se puede trocear y seleccionar a capricho. Somos leales a la Constitución; a toda, de principio a fin. Y la defenderemos a las duras y a las maduras», afirma en la carta a la militancia.

Esgrime el constitucionalismo del PSOE que «la Constitución no fue una cesión ni una concesión» y «el peor error que podemos cometer es regalar a los conservadores la exclusividad del legado constitucional. La Constitución fue una conquista alcanzada con la lucha y el sufrimiento de los demócratas antifascistas». Defiende la institución: «necesitamos además instituciones robustas. Dotadas de la fuerza que procede de la ejemplaridad. Por eso, ante las noticias sobre presuntas conductas reprobables del anterior jefe del Estado nuestra respuesta ha sido clara: Nadie puede sustraerse a la transparencia de los medios informativos, ni a la acción de los tribunales. Todo responsable público debe rendir cuentas de su conducta y así sucederá sin excepciones». El último punto: marcar distancias con el Emérito.

Sánchez, de la mano de Carmen Calvo y de Iván Redondo, lleva semanas hablando con la Casa del Rey sobre este tema. El 8 de julio, el presidente deslizó un comentario en la rueda de prensa con el primer ministro italiano, sobre las informaciones que aparecían sobre el Rey Emérito, calificándolas de «inquietantes y perturbadoras». El 27 de julio, en una entrevista con Pedro Piqueras en Tele5, reforzó su mensaje «es verdad que la Casa Real está marcando distancia respecto a la presunta corrupción» y en relación con la institución «este Gobierno va a defender siempre la estabilidad institucional. Significa tener instituciones robustas. Para eso necesitamos transparencia y ejemplaridad. Todo lo que haga la Casa Real en esa dirección, el Gobierno y estoy seguro de que la ciudadanía, lo aplaudirá».

El acuerdo estaba hecho, pero su formulación le corresponderá a la Casa Real y al propio Rey Juan Carlos. Se hizo público 48 horas después. De cómo se gestó, silencio sepulcral en La Moncloa. Nadie quiere decir una palabra, ni tan siquiera cómo se gestaron las reuniones «el gobierno debe ser discreto», apuntan para remachar la actitud del presidente «mantiene la discreción como todos los presidentes». Incluso para no informar a los miembros del ejecutivo o incluso de la oposición se les inquiere «no tiene porque hacerlo. Su papel institucional está muy definido en la Constitución», y los despachos con el Rey «no son del gobierno, son del presidente». En este punto, el presidente de Asturias, Adrián Barbón, recordó en una entrevista con Onda Cero que el presidente «Rajoy no informó a Rubalcaba de la abdicación. Informó la propia Casa del Rey». Ante las críticas que se iban a registrar desde la oposición, y también desde Podemos, la encargada de poner puntos sobre las íes fue la vicepresidenta, Carmen Calvo. Fue contundente «el Rey Emérito no huye de nada».

Las conversaciones a tres bandas, Gobierno-Casa del Rey-representantes del Rey Emérito- se multiplicaron con las informaciones que aparecían en torno a Juan Carlos I. La salida no era fácil porque a pesar de no estar imputado se «prevén más noticias en septiembre», apuntan fuentes conocedoras del ambiente en Zarzuela, por lo que había que preservar a la Corona. Ese era el máximo objetivo porque estas mismas fuentes puntualizan «era necesario preservar las instituciones ante una crisis sanitaria y económica de incierto final». Un argumento que también esgrime Pedro Sánchez en su misiva a la militancia. El Gobierno se comprometía a dar apoyo a una decisión que debía hacer pública la Casa del Rey. Casi este era el único punto en el que todos estaban de acuerdo. La puesta en escena se formalizó con una carta del Rey Emérito a su hijo, con un comunicado de la Casa Real. Como en las series «continuará». No desvelar el destino final del Rey Emérito –aunque tras situarle en República Dominicana y Portugal, el sábado se publicaron unas fotos que le sitúan en Abu Dabi– y las noticias de las fiscalías, suiza o española, marcarán próximos episodios, con la incógnita de si aparecerán nuevos documentos «perturbadores».