El rompecabezas del Estrecho de Gibraltar

La llegada de pateras y el auge de Turquía plantea retos estratégicos que el Gobierno está ignorando

No soplan buenos vientos en la región del Estrecho, y no me refiero a los del Sur y de Levante que habitualmente azotan nuestras costas en verano. Del Sur nos llegan “pateras” armadas por las mafias, mientras que, en el Levante se despereza el aliado turco para ocupar el vacío que la inoperancia europea creó en Libia, verdadero surgidero de los traficantes de seres humanos de nuestro tiempo, junto con las costas de Argelia, Marruecos y el Sahara Occidental. Un escenario emergente, pero que, con sus otomanos y corsarios berberiscos frente a las costas de la Europa meridional, recuerda al siglo XVI, cuando España, empeñada en la Europa Central, apenas comenzaba a percibir su condición marítima.

Atendiendo a su ubicación en el continente europeo, el signo geopolítico de España es ser “frontera del mar”, dicho así certera y bellamente en español lo que suele llamarse rimland; una situación, a la que suele aludirse como estratégicamente privilegiada, entre mares y continentes, flanqueante de uno de los estrechos más importantes para el tráfico mundial. Sin embargo, una posición geoestratégica sólo puede ser favorable cuando al factor geográfico se une la condición de actor estratégico. Y, bajo el Gobierno sociocomunista que padece, España carece de la cohesión, resolución y capacidades militares para ser tal.

En este estado de cosas, la situación internacional de España está experimentando un rápido deterioro en relación con otros Estados como Argelia y Marruecos igualmente implantados en la frontera del mar, con una dinámica acción exterior y un decidido proceso de rearme, que proyectan sus intereses sin título alguno sobre aguas y territorios españoles. La revalorización de estos Estados como actores internacionales no puede pasar inadvertida para otras potencias marítimas con influencia en la región como Estados Unidos y el Reino Unido. Así, en la dura competencia estratégica que se avecina en el mundo post Covid 19, el riesgo para los intereses de España –y el de una migración africana descontrolada no es el menor- parece evidente.

Pese a ello, me decía un alto cargo del Ministerio de Defensa hace unos meses que “España no puede permitirse una carrera de armamentos cuando hay otras prioridades”. Con un esfuerzo de Defensa del 0,91% del PIB, cuando el de Marruecos alcanza ya el 3,2%, si esto fuese una carrera diríamos que vamos a la cola. Lo que en realidad sucede, aunque nuestro funcionario no parezca consciente de ello, es que la suerte de nuestro país va a depender no sólo de su talla estratégica frente a sus rivales, sino de su propio prestigio ante sus aliados como actor estratégico. Un prestigio muy socavado, entre otros motivos por la presencia de la colonia militar británica de Gibraltar, no deseada por España, pero que no parece empañar la sesgada visión socialista de una “prosperidad compartida”.

Para no desviarnos del tema, diremos tan sólo que Londres ha firmado ya un tratado comercial con el gobierno de Rabat, que se muestra dispuesto a atraer la inversión británica a su costa Norte. Eso sí será prosperidad compartida, aunque no buenas noticias para las poblaciones de Ceuta y Melilla, asfixiadas por el cierre de la frontera marroquí sin que Pedro Sánchez haya hecho otra cosa que suspender la anunciada visita de nuestros Reyes a ambas ciudades para no incomodar al vecino del Sur.

A diferencia de España, Marruecos sí sabe lo que quiere. Estados Unidos, a quien le une una vieja amistad, ha establecido el Cuartel General de su Mando de África -AFRICOM- en la base marroquí de Tan Tan y corteja al Reino Alauita para concertar un “Acuerdo del Siglo” que haga de Marruecos el cuarto Estado árabe (el tercero han sido los EAU, hace unos días) en establecer un pacto con Israel a cambio del respaldo a su reivindicación del Sáhara Occidental, aún pendiente; por cierto, la potencia colonial sigue siendo España, según Naciones Unidas.

Ya ven, empezamos hablando de pateras y hemos llegado hasta aquí. El Gobierno propone, como solución ante la verdadera invasión que España padece, desplegar a la Guardia Civil en nuestras aguas, desde el Mar de Alborán hasta Canarias, donde sólo cabe realizar operaciones de rescate y salvamento. No se engañen, si España no fortalece su posición como actor estratégico en la región, tampoco podrá concitar el esfuerzo internacional necesario para reprimir a las mafias e impedir las expediciones irregulares en la ribera sur. ¿Hay alguien a cargo de este rompecabezas en el Gobierno de España, antes llamado de la Nación?

Agustin Rosety Férnández de Castro

Diputado Nacional de Vox por Cádiz