Debate en el PP por la gestión del «no» a Sánchez ante los rebrotes

División ante la estrategia de Casado frente a los movimientos de Moncloa para aislarle. Preocupación porque Génova siga las presiones de los satélites externos de la ex portavoz

Pablo Casado se mostró convencido el pasado domingo, en una entrevista en este periódico, que no habrá Presupuestos Generales del Estado en septiembre, y que tendrán que seguir prorrogados los que dejó en herencia el ministro Cristóbal Montoro (PP), porque el Gobierno está fuera de tiempo para poder cumplir con los plazos. Sin embargo, fuera de Madrid la sensación en su partido es que el Gobierno trabaja en la operación de «aislar al PP» para crear un relato con el que justificarse e incluso acusar al Partido Popular de «deslealtad», salga bien o salga mal la operación Presupuestos.

La estrategia de Pedro Sánchez para este nuevo curso pasa por vestirse con el traje de hombre de Estado y hacer suyas las apelaciones al acuerdo y a los grandes consensos que llevan reclamando desde que estalló la pandemia en el poder económico y social, en todos los grandes sectores de los que depende la reactivación de la economía.

Nueva etapa, y nuevo estilo, formas moderadas, y detalles cuidados, como confirmó ayer la escenografía con la que Sánchez vistió su encuentro con los máximos representantes del Ibex en la Casa de América, en Madrid. Dentro del PP están viendo las orejas al lobo, y temen que puedan estar cayendo en una trampa por las presiones de Vox, por un lado, y de los «satélites mediáticos» que controla la ya hoy ex portavoz en el Congreso Cayetana Álvarez de Toledo.

En la memoria colectiva del partido está muy presente que una situación muy parecida la vivieron con Mariano Rajoy, cuando en el debate entre los duros y los blancos, y bajo la presión de «las mismas influencias externas», acabó perdiendo las elecciones de 2008 y teniendo que sacrificar a la plana mayor de su equipo, Ángel Acebes y Eduardo Zaplana, para salvarse él. Ahora el sacrificio ya se ha producido, la «cabeza» de Álvarez de Toledo, no por motivos ideológicos, aunque ella haya sido hábil al presentarlo así y construirse desde el primer día una base sobre la que alimentar esta tesis.

Y la utilización que ésta pretende hacer de este cese con sus «apoyos externos», como ya ha dejado ver, está haciendo que dentro del PP teman que Casado caiga en la tentación de dejarse arrastrar por los mismos errores que cometió Rajoy en su primera etapa al frente de la oposición, y que ya se han visibilizado en la gestión popular de la crisis por la pandemia.

Sánchez arranca un curso muy complicado, donde la aprobación de los PGE presenta una dificultad máxima, pero cuenta a su favor con que Ciudadanos está por la labor de apoyar, también así el PNV, y Podemos, como dicen en Moncloa, está en la fase «de ladrar mucho y morder poco». Ayer hubo una reunión informal entre el presidente del Gobierno y su vicepresidente, Pablo Iglesias, antes de la ronda de contactos para abordar la negociación presupuestaria.

En Moncloa cuentan con que Podemos seguirá haciendo ruido, «y cometiendo deslealtades», pero en su situación de debilidad actual no le queda más remedio que «aguantar y tragar». «No pueden permitirse el lujo de salirse del Gobierno y por mucho que tensen la cuerda, saben que si tiran mucho los que se caen son ellos», aseguran.

En el principal partido de la oposición vuelve el debate sobre las formas. No es que haya presiones para que se apoyen los Presupuestos, pero sí hay discusión sobre si no es hacerle el juego a Sánchez anticipar un «no» a ciegas, como si la situación política y económica respondiera a un contexto de normalidad. Bruselas presiona para que haya acuerdos. Presiona el poder económico. Y presionan los agentes sociales. Sánchez ha decidido subirse a esa ola porque en Moncloa controlan bien el principio de que vale más lo que parece que se quiere hacer que lo que de verdad se quiere hacer. El PSOE confía en hacer tragar a Podemos con el acercamiento a la derecha de Ciudadanos.

De momento, lo que necesitan es una mayoría que les salve de las enmiendas a la totalidad a los PGE, para evitar así que la Cámara devuelva el proyecto al Gobierno. Incluir al PP en una negociación seria supondría un problema en la lógica de la convivencia de la coalición, pero también para la propia estructura mental del presidente del Gobierno. Sánchez se reunirá mañana con Casado sin ninguna voluntad de facilitarle al PP que entre en el acuerdo presupuestario. Así podrá refugiarse luego, ante su parroquia, en el mantra de «la deslealtad del PP». Y por eso en el principal partido de la oposición se preguntan si no es un error caer tan rápido en la trampa del «sanchismo» por muy cierto que sea el principio de que las crisis económicas tumban a todos los Gobiernos.

Además, de puertas adentro son relevantes por su «peso» orgánico los dirigentes del PP que consideran que realmente en esta situación el país necesita de grandes acuerdos y de unos Presupuestos que se ajusten a las líneas básicas que exige Bruselas para agilizar que nos lleguen los préstamos comunitarios. España se la juega también en la presentación en Bruselas de su plan presupuestario y de sus objetivos, para lo que tiene de plazo hasta principios de octubre.

Desde el cese de Álvarez de Toledo, Casado ha reafirmado la dureza de su oposición para echar tierra sobre la ofensiva de los «satélites» mediáticos de la diputada. Pero en el PP advierten de que se enfrentan a una maniobra de Moncloa para aislar al PP con el apoyo de CEOE, empresarios y directivos del Ibex. «Hay que ser más listos, no podemos estar con la moción de censura de Vox, pero podemos quedarnos en tierra de nadie».