Convivencia imposible en la Generalitat tras la purga

Tremosa, nuevo consejero, se estrena con críticas a Aragonès (ERC). Las peleas internas complican la recta final del Gobierno catalán

Una vez confirmada la remodelación del Govern y la purga del PDeCAT, apartado del poder y del foco de la Generalitat con la salida de Àngels Chacón –la única que no ha roto el carné del partido para sumarse a Junts–, se abre un nuevo escenario político en Cataluña con dos importantes variables: Torra se rodea de fieles (y afines a Puigdemont) para encarar la vista en el Supremo y confirma su voluntad de querer alargar la legislatura, al menos de momento. Y lo hará en plena pugna con Esquerra, con una difícil convivencia en el Palau de la Generalitat encaminada a recrudecerse a raíz de los nuevos nombramientos y del permanente clima preelectoral imperante. Un Gobierno imposible, que la oposición tilda de «agotado» y en el que la mitad de sus miembros reclaman la convocatoria de elecciones.

Buena muestra de ello es el estreno del nuevo consejero de Empresa, Ramon Tremosa. Economista y exeurodiputado alineado con Carles Puigdemont –de él llegó a decir en una tertulia este enero que era un «líder mundial»-, empezó ayer con un primer choque contra Pere Aragonès, vicepresidente, compañero de mesa en el Ejecutivo catalán y futuro candidato de los republicanos en las urnas. «Me habría gustado que el vicepresidente Pere Aragonès también estuviese al lado del presidente de la Generalitat defendiendo que necesitamos ahora dinero, por ejemplo, para dar una paga extra al personal sanitario. No lo ha hecho públicamente, que yo sepa», afirmó. En este tema, «ya va tarde el vicepresidente», dijo por cuenta propia en una entrevista en Catalunya Ràdio y sin haber sido preguntado por la periodista. Una crítica directa y sin paliativos que Aragonès respondió. «No quiero entrar en ninguna polémica. Cuando entras nuevo a un lugar es normal que debas ponerte al día», zanjó tras desmentirle.

La escena demuestra los roces evidentes entre ambas formaciones, con un Ejecutivo a la medida de Torra y Puigdemont entre las filas postconvergentes y con Esquerra al frente de las consejerías sociales (Educación, Sanidad y Asuntos Sociales). Y es que la gestión de la pandemia también entra en juego: ayer, tanto Torra como Aragonès quisieron adueñarse y sacar rédito político del plan de inversiones para la atención primaria previsto para otoño, y el republicano fue más allá al advertir de que si el Govern queda en funciones –tras una inhabilitación del president sin que sea investido un sustituto, como pidió Torra–, no podrá aprobar los presupuestos. Un mensaje también dirigido a JxCat, quien ha emplazado esta semana a los republicanos a presentar un anteproyecto de presupuestos en otoño.

Por si fuera poco, a esta batalla interna dentro del Ejecutivo hay que sumarle el factor del PDeCAT. El partido heredero de la extinta Convergència no esconde su malestar hacia Torra, Puigdemont y Junts y ayer su portavoz, Marc Solsona, confirmó en una entrevista en TV3 que la intención es dar apoyo al Govern, pero «no sin condiciones» como hasta ahora. El lunes reúne a sus diputados.