El peligro de lavarse las manos en exceso

Dejar el futuro en lo relativo a la pandemia de siete millones y medio de catalanes a un tipo como Torra es como para pensarlo dos veces.

Los responsables políticos españoles se han tomado al pie de la letra eso de que la primera medida contra la Covid-19 es lavarse las manos. Por eso, no está claro quién tiene que tomar cada decisión, ni hasta dónde está dispuesto a vetar decisiones autonómicas el gobierno central.

Cerrar un colegio porque se detecte un foco del virus es competencia autonómica, pero Pedro Sánchez ha pedido a los presidentes autonómicos que no cierren centros escolares en caso de brotes detectados sin previa consulta con el Ministerio de Sanidad.

La razón que arguye es que podría extenderse el virus en vez de controlarlo. Más allá de si la petición se sustenta en argumentos serios epidemiológicos, la realidad es que da la impresión de que cuando Sánchez cedió el poder para declarar el estado de alarma a las comunidades lo hizo para no sufrir el desgaste de hacerlo, o el de no hacerlo y que los datos de morbilidad y de mortalidad por Covid-19 se disparasen.

La decisión fue grave porque, a modo de ejemplo, dejar el futuro en lo relativo a la pandemia de siete millones y medio de catalanes a un tipo como Torra es como para pensarlo dos veces.

Pero, en general, la situación es parecida a un equilibrio de Nash, cualquiera que tome una decisión tiene bastantes posibilidades de ser criticado. Por eso, entre todos, están construyendo una maraña de críticas bajo la que esconden su responsabilidad.

Puede que echarle la culpa a otro les ayude a estar en su zona de confort a corto plazo, aunque, a largo plazo, la suerte de unos y otros va de la mano. ¿O es que si la pandemia se lleva por delante otros tantos miles de vidas, Sánchez va a poder responsabilizar a Díaz Ayuso o viceversa?

La estrategia de cargar contra los gobiernos autonómicos del PP, pero, al tiempo, darles vía libre para decidir, es cortoplacista porque van a tener que entenderse.

Tampoco se sostiene la estrategia de Ciudadanos, gobernando con los populares en Madrid y Andalucía y apañando el sillón ministerial de Edmundo Bal, que está demasiado encaprichado como para que le estropeen lo de la cartera.

Las cosas se van a poner mal, la fusión entre CaixaBank y Bankia es un indicador. El proceso de concentración bancaria no es sino una maniobra para soportar la crisis que viene encima.

No será el último proceso, los especialistas están atentos a lo que puedan hacer el Banco Santander y el BBVA, que parece que ya llevan tiempo haciendo manitas y el BCE estaría encantado de que también llegasen al matrimonio.

Sin embargo, da la sensación de que el gobierno no es siquiera un invitado de piedra. Sus miembros están más preocupados en las conspiraciones de salón y en las frases grandilocuentes para Twitter.

Alguien debería decirle a todos ellos que lo de lavarse las manos está bien para no contraer el virus, pero para acabar con la pandemia y con la crisis, hay que hacer justo lo contrario.