Otra Diada

Ayer se vivió una Diada diferente a las precedentes y, en especial, muy distinta a las sucedidas desde 2012, año y momentum de comienzo del malhadado Procés. Hasta entonces y desde 1976, la Diada se había celebrado con una combinación de fiesta y reivindicación en dosis variables, pero con el común denominador de querer transmitir la imagen de una Cataluña convivencial y dialogante, celosa en la defensa de su autogobierno autonómico, pero comprometida y solidaria con un proyecto común español. Era actualizado el proyecto político resumido en la conocida frase que Cambó había proclamado en su juventud y, de la que no nunca renunciaría: «Per Catalunya i la Espanya gran».

Causa tristeza comprobar como el otrora catalanismo dialogante y pactista, ha degenerado en el separatismo actual, que afirma su identidad política sobre la negación y escarnio de todo «lo español». La diferencia esencial entre el noble sentimiento patriótico y el nacionalista, radica precisamente en que el primero afirma y ama lo propio, pero al tiempo respeta al diferente y valora lo que de digno de reconocimiento posee. El nacionalista, en cambio, para afirmarse necesita rechazar al diferente y, en el extremo, denostarlo y aún perseguirlo. La alteridad respecto del «opresor» que le victimiza está en su ADN político.

En este escenario estamos todavía. Seguimos en la rauxa de Torra y Puigdemont, y el enfrentamiento y el escarnio son la imagen de una Cataluña empequeñecida y traicionada por los «amores» nacionalistas que matan.