Plan Calvo: exhumación exprés de Queipo de Llano y García Morato

La pandemia paralizó el traslado de los restos del militar franquista en Sevilla y el as de la aviación «nacional» en Málaga, pero sus familias aguardan un desenlace inminente

Tras la exhumación de Francisco Franco el 24 de octubre de 2019, hay dos figuras representativas de su régimen marcadas ahora por el estigma del traslado de sus restos: el teniente general Gonzalo Queipo de Llano, célebre por sus alocuciones desde Radio Sevilla, y el comandante de aviación Joaquín García Morato. Señalados por quienes defienden que con la Ley de Memoria Histórica no pueden seguir donde están, la pandemia paralizó los movimientos que persiguen el cambio de sus sepulturas, pero el empeño siguió vivo incluso durante el confinamiento y no va a cesar tras el retorno a una aparente «normalidad» y una nueva Ley de Memoria Democrática en ciernes.

El 20 de mayo, en pleno trance por el coronavirus, el senador valenciano Carles Mulet, del Grupo Izquierda Confederal (Adelante Andalucía, Més per Mallorca, Más Madrid, Compromís, Catalunya en Comú Podem y Geroa Bai), acusó al Gobierno central de «volver a esquivar tomar medidas para trasladar los restos del genocida Gonzalo Queipo de Llano de la basílica de la Macarena» en Sevilla.

Mulet, que tiene el récord de preguntas en la Cámara Alta, se refería a Queipo de Llano para recordar que «continúa vergonzosamente enterrado con todos los honores en la Macarena», y lanzaba su interrogante: «¿Qué medidas piensa adoptar el Gobierno al respecto?». El Ejecutivo de Pedro Sánchez daba la misma respuesta oficial que en marzo a la pregunta reiterada sobre las medidas para trasladar al general franquista, en el sentido de que «es la Consejería de Cultura de Andalucía la que tiene que iniciar el proceso».

La Ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía, aprobada en 2017, considera elementos «contrarios a la memoria democrática y a la dignidad de las víctimas aquellos realizados en conmemoración, exaltación o enaltecimiento individual o colectivo del golpe militar de 1936 y del franquismo, de sus dirigentes o de las organizaciones que sustentaron al régimen dictatorial», recordaba en un comunicado el grupo Compromís.

“Dadle café”

Queipo de Llano fue clave en el alzamiento de 1936, especialmente en Andalucía, donde tomó Sevilla. Desde allí usó la radio como instrumento de terror. Se le vincula con la muerte de Federico García Lorca y su sentencia final: «Dadle café, mucho café».
García Morato está considerado como el máximo as de la aviación española: 40 aviones enemigos derribados y comprobados, 12 probables, más de 1.000 horas de vuelo, 511 misiones de guerra y más de 140 combates aéreos. Con 35 años era todo un héroe del bando franquista.

A la pregunta sobre Queipo de Llano realizada en marzo por el senador valenciano, la respuesta fue que, en el supuesto de que la retirada de símbolos no se produzca voluntariamente, «la Ley dispone la creación de un comité técnico que elaborare una relación de los elementos que deben ser retirados o eliminados, correspondiendo a la Consejería competente en materia de memoria democrática la incoación de oficio del procedimiento para la retirada de dichos elementos». Posteriormente, el senador de Izquierda Confederal volvió a preguntar al Gobierno si iba a actuar «dentro de sus competencias contra la hermandad de la Macarena y la Archidiócesis de Sevilla por estar actuando contra la legislación estatal y autonómica», ya que en julio de 2016 el ayuntamiento hispalense reclamó tanto a la hermandad como a la Archidiócesis retirar la tumba de Queipo de Llano.

En esa fecha, con la abstención de Ciudadanos y el voto contrario del PP, el consistorio aprobó un acuerdo plenario que reclamaba precisamente que el templo de la hermandad de la Macarena dejara de acoger la sepultura.

En virtud de ese acuerdo, el ayuntamiento avisaba a la hermandad y a la Archidiócesis de Sevilla sobre el contenido de las leyes estatal y autonómica de Memoria Histórica y las obligaciones que derivan para los particulares y organizaciones privadas.

Mientras, la Junta de Andalucía anunciaba en julio de 2018 la creación de un comité encargado de emitir un dictamen «vinculante» sobre la tumba de Gonzalo Queipo de Llano. Más recientemente, la consejera de Cultura y Patrimonio Histórico, Patricia del Pozo (PP), insistía en que para solucionar el caso todavía sería necesario un desarrollo reglamentario de la vigente Ley andaluza de Memoria Histórica y Democrática.

Por su parte, la hermandad de la Macarena proyectó la construcción de un columbario que «podría suponer una posible vía de solución» al enterramiento del teniente general, si lo aceptase la familia, que tiene la última palabra. Aunque avisó de que con la Ley Andaluza de Memoria Histórica tal como está «dictada», sin un «reglamento que la perfeccione», no pesa «ninguna obligación de sacar» los restos del militar, el columbario parece una solución factible cuya construcción se anunció en febrero para después de Semana Santa. Pero la pandemia lo paralizó todo. La obra «ha sido retomada» y la previsión era concluirla estos días, señalan desde la Macarena.

Respecto a la familia, las mismas fuentes apuntan que «es conocedora de la postura oficial de la hermandad, pero hasta el momento no ha evidenciado su disposición a plantear este tema».

A estas alturas, la cofradía sevillana «sigue demandando a la administración competente que desarrolle el reglamento de la ley autonómica para conocer qué debe hacer», declaran desde la cofradía religiosa. Aseguran estas fuentes que «la hermandad, desde hace algunos años, ha eliminado cualquier referencia y vestigio que pudiera atentar contra la Memoria Histórica», y «anima a la administración autonómica a arbitrar cómo debe actuar».

Lamentan en la Macarena que se encuentran «en una situación de cierta indefensión», puesto que la ley «no le permite a la hermandad emprender ningún tipo de acción y la familia de Queipo de Llano no se manifiesta al respecto». Y que, «a pesar de esto», siguen «recibiendo críticas sobre un asunto en el que no tienen capacidad legal para actuar».

El columbario, cuya construcción se anunció en 2018, se ubicaría en el interior de la sacristía, bajo el camarín de la Virgen de la Esperanza, y se ideó para todos los hermanos que quisieran ser enterrados en ese espacio. Queipo de Llano sería uno más, y al no estar expuesto al público, se cumpliría con lo dispuesto en el artículo 32.4 de la Ley de Memoria Histórica.

EL ÚLTIMO VUELO

Si viajamos de Griñón (Madrid) hacia Carranque (Toledo), a la izquierda en el sentido de la marcha languidecen a la vera de la M-415, ocultos a la vista, los restos de un aeródromo usado por las tropas de Franco durante la Guerra Civil. Muy cerca de la hoy transitada carretera se produjo un accidente que costó la vida al as de la aviación franquista Joaquín García Morato, tres días después del último parte de guerra. Fue enterrado en Málaga, de donde procedía la familia de su mujer, cuñada del también malogrado Carlos Haya González de Ubieta, capitán de Aviación.

Por expreso deseo de la familia se preparó su sepelio para que fuese enterrado en el malagueño cementerio de San Miguel, pero el 6 de abril de 1971 sus restos fueron trasladados a una capilla en la Parroquia del Carmen, acompañando a los «sagrados titulares» de esta cofradía de la que el Ejército del Aire es Hermano Mayor Honorario.

Este invierno, el PSOE en el Ayuntamiento de Málaga dio un paso adelante contra lo que supone una «vulneración de la Ley de Memoria Histórica». El 11 de febrero, la comisión de Memoria Histórica del consistorio malagueño instó a la Diócesis de Málaga a facilitar los trámites para la exhumación de los restos de García Morato y cumplir así los acuerdos plenarios del 26 de julio de 2018 adoptados a petición de Málaga Ahora. Por su parte, el alcalde, Francisco de la Torre (PP), advertía de que el traslado de los restos del aviador franquista es una decisión que corresponde «a la iglesia del Carmen y a su familia, que tendrán mucho que decir». El portavoz socialista municipal, Daniel Pérez, insistía en que los restos de Joaquín García Morato deben salir del templo, al considerar que «no merecen mayores honores», y exigía al primer edil que eligiera entre «ponerse del lado de la ley o al lado de aquellos que, con la connivencia del franquismo, quieren que continúen allí los restos».

Como en el caso de Queipo de Llano, sobrevino la pandemia y el tema quedó en suspenso. La familia de García Morato, contactada por LA RAZÓN, muestra cautela. «Por el momento no deseamos dar ninguna respuesta a las publicaciones recientes. Incluso teniendo en cuenta el daño que nos ha causado ver escritas infamias, difamaciones, mentiras e inexactitudes, consideramos que no es el momento adecuado para hacerlo», apunta una de las nietas del aviador.

Sus descendientes son en total trece nietos –«hijos de las cuatro ramas familiares»–, que tienen «consensuada» una «postura entre todos». Una posición que darán a conocer cuando lo consideren oportuno.

«Una espiral sin sentido»

El presidente de la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF), Juan Chicharro, que vio salir al «Caudillo» del Valle de los Caídos, muestra su contrariedad ante las noticias que afectan a Queipo de Llano y García Morato. «Actuar sobre los muertos de hace 80 años es una espiral sin sentido. Lo único que genera es confrontación y enfrentamiento innecesario, despertando heridas cerradas ya», señala el general de Infantería de Marina. En su opinión, «eso es lo que busca la Ley de Memoria Histórica y ahora, la Ley de Memoria Democrática», que sustituye a la anterior y está en vías de su aprobación por el Gobierno. «Dejad a los muertos en paz de una vez», reclama el responsable de una entidad amenazada de ilegalización con el nuevo texto legal que maneja el Gobierno.