Salimos más débiles

Hoy se cumplen seis meses de la declaración del estado de alarma, coincidiendo con una anómala vuelta a las clases de la población en edad escolar. Esto reafirma la exigencia democrática de una auditoría externa e independiente, acerca de la gestión gubernamental de la pandemia, aunque solo sea para constatar errores y deficiencias que no deberían repetirse en el futuro. Es inaceptable que a estas alturas no haya ninguna concordancia entre las cifras de muertos reconocidos por el Gobierno y las de otras entidades oficiales. Las excusas e imprevisiones invocadas en primavera resultan inaceptables a las puertas del otoño, sumidos como estamos en una incerteza sobre cuestiones vitales del inmediato futuro para millones de compatriotas.

Pretender que esta gigantesca anormalidad se acepte como la «nueva normalidad» –«#Unidos salimos más fuertes»–, resuena como una consigna propia de otros regímenes y latitudes, y debemos verificar si realmente hemos adquirido esta presunta fortaleza en el combate. La aportación del Gobierno a la causa de conseguir la «unidad para salir fortalecidos» es una ley que resucita el espíritu de «las dos Españas» mediante esa «democrática» Memoria obligatoria; y la promoción del suicidio voluntario, eutanasiando especialmente a los mayores. Unos treinta mil fallecieron por coronavirus contra su voluntad y la eutanasia se presenta como una enorme falta de sensibilidad a una España dividida y debilitada por más de 50.000 muertos, la crisis y el paro.