Revisionismo cultural

La ola generada por la corriente Black Lives Matter sigue arrollando a su paso por diferentes ciudades, países y continentes. Lo que comenzó siendo un movimiento de protesta local por el asesinato del estadounidense negro George Floyd, ha evolucionado en un tsunami que hace desaparecer del espacio público cualquier imagen, estatua o denominación que directa o indirectamente se considere susceptible de ser racista. A la destrucción de estatuas de personajes tan próximos a nuestra historia como Colón, Fray Junípero Serra o Antonio López, se suma la de otras figuras relevantes de diferentes países y culturas. El último afectado, por «sus acreditados vínculos con la esclavitud», es el filósofo ilustrado David Hume, cuyo nomenclator ha sido eliminando de la Torre de la Universidad de Edimburgo.

La esclavitud es una práctica execrable no abolida definitivamente hasta el pasado siglo, pero debería haber un consenso mínimo acerca de este revisionismo monumental histórico. Valorar y juzgar conductas personales y políticas del pasado con la perspectiva actual, nos lleva necesariamente a errores e injusticias, sin perjuicio de que hay conductas objetivamente condenables ahora y siempre. Un asesinato es reprobable desde que Caín mató a su hermano Abel, pero la misma Biblia está plagada de referencias a la esclavitud, tolerándola y no condenándola, entendida dentro de su contexto histórico cultural. Sin una exégesis correcta, podríamos considerar esclavista a Dios, lo que es un descomunal absurdo.