Pedro Sánchez quiere forzar a Ayuso a ir al Congreso a pedir el estado de alarma

El presidente ya invitó a las regiones a solicitarlo en su discurso a la vuelta de las vacaciones. Quiere dejar todo el peso de la gestión en manos de los mandatarios autonómicos y, de paso, el desgaste político

En su malversación del compromiso inherente a la tarea del gobernante, Pedro Sánchez siempre afrontó la pandemia a la espera, al menos en su fuero interno, de que los españoles le debiesen un triunfo final. Tengámoslo claro para evitar hacernos trampas en el solitario. Si hay un discurso que refleja ese objetivo fue el que Sánchez pronunció a la vuelta de sus vacaciones de verano con España convertida en el país más afectado de toda Europa en cuanto a cifras de contagios.

“Las Comunidades Autónomas – proclamó a los cuatro vientos – son ahora quienes ostentan el mando en su territorio, siempre van a contar con el respaldo y el asesoramiento del Gobierno, ningún reproche, al contrario, máxima colaboración, que es lo que quiere la ciudadanía”.

El presidente invitó a las regiones a pedir la alarma, de considerarlo necesario, porque en ese tránsito contarían con el aval parlamentario de la coalición PSOE-UP. Todo el peso de la gestión quedaba en manos de los mandatarios autonómicos y, de paso, el desgaste político. Había pasado así del “mando único” al “respaldo y asesoramiento”. Sin solución de continuidad.

El giro de guión vino acompañado del impasse de espera, sin cerrar nunca la puerta a tomar las riendas. Sería, vaticinaban en La Moncloa, una jugada ganadora para Sánchez: Presentarse como “el salvador” ante la incapacidad de una comunidad a obrar frente al indiscriminado ataque del virus.

En el núcleo duro de Pedro Sánchez vienen soñando con la imagen de Isabel Díaz Ayuso, punta de lanza del PP, ante un Pleno del Congreso de los Diputados pidiendo un estado de alarma para Madrid cuando “su jefe Pablo Casado ha estigmatizado la figura constitucional”. En alguna conversación informal, Sánchez ha llegado a mostrar ganas de pasar recibo al líder del PP por su “dureza” en los peores momentos de la primera oleada del virus, esquivando en todo momento la deliberada pretensión de obtener del jefe de la Oposición un “pacto de las lentejas”, esto es, o las tomas o las dejas.

Ahora cree ver el mandamás socialista una nueva oportunidad, aunque sea por persona interpuesta de Díaz Ayuso, de arrinconar a Casado tras hacer reiterados oídos sordos a la solicitud de reformas legales como alternativa a la excepcionalidad del estado de alarma. Y ello con el fin de garantizar la manoseada cogobernanza, la coordinación, con las comunidades e incrementar a la vez la protección de derechos y libertades ciudadanas. De hecho, llegó a existir un compromiso con CS, también con ERC, de modificar la ley de Salud Pública, la General de Sanidad o la de Medidas especiales en Materia de Salud Pública. Los cambios serían presentados a la comisión de evaluación anunciada por Sánchez en el Senado a mediados de junio, pero aún está por vislumbrarse su supuesta puesta en marcha. Nada más se supo.

De igual manera, el marketing ha sido incapaz de desactivar la constatación de que el virus vuelve a ir por delante del Gobierno. A juzgar por la grave evolución de los acontecimientos, se ha vuelto a perder un tiempo precioso en el que podría haberse preparado para esquivar caer en los mismos errores de hace apenas 6 meses.

Sánchez ha delegado su responsabilidad a las CCAA, algo que ha ratificado sin una convocatoria urgente a acudir a La Moncloa de la presidenta Isabel Díaz Ayuso y del alcalde José Luis Martínez Almeida, para, de la mano, planificar una salida a una crisis que amenaza la salud y la vida de tantos millones de ciudadanos. Tal posibilidad llegó a recorrer por pasillos y despachos de la Puerta del Sol este mismo miércoles en medio de la extrema situación de Madrid. Todo quedó en un rumor que sólo arroja la falta de liderazgo del presidente del Gobierno. O, peor aún, su nula visión de Estado.