La gestión de la pandemia castiga al Gobierno de coalición: pierde 13 escaños, cinco el PSOE y ocho Podemos

Socialistas y morados caen por la gestión de la pandemia y el PP, aunque sumaría 12 parlamentarios, ve frenado su ascenso por los casos de corrupción vinculados a sus siglas

La crispación que protagoniza el día a día de la agenda política nos hace vivir en un clima de continua campaña electoral, en la que la pugna partidista no cesa ni inmersos en una pandemia global. Aunque las elecciones se antojan lejanas, si Pedro Sánchez consigue su objetivo de aprobar unos nuevos Presupuestos. Gobierno y oposición se han instalado en una actitud de pelea constante en la que se aferran a las debilidades del contrario y se las vomitan a la cara como forma de descrédito.

Mientras, los ciudadanos siguen siendo incapaces de reconocerse en quienes están llamados a representarlos. Si hoy estuviéramos llamados a las urnas, el resultado que arrojarían sería una correlación de fuerzas similar a la del 10-N, aunque el Gobierno de coalición sufriría un retroceso de hasta 13 escaños por la gestión de la pandemia y el PP, que mejoraría ostensiblemente sus resultados de 2019, vería frenadas sus expectativas de alcanzar la primera fuerza, porque los últimos casos de corrupción vinculados a sus siglas le hacen perder hasta seis diputados.

El PSOE volvería a ganar las elecciones, pero con un importante retroceso en su base electoral de casi 662.000 votantes. Esto se traduce en que cedería entre cuatro y cinco escaños y lograría entre 115 y 116 parlamentarios (26,8%). La gestión de la crisis sanitaria ha generado un importante desgaste en el capital electoral socialista, que se ha ido recuperando en los últimos meses, desde que en julio certificara sus horas más bajas (26%). Respecto al mes pasado y en plena segunda ola de contagios, logra mantenerse e incluso podría arañar uno o dos escaños. Sánchez cuenta con una importante fidelidad de voto: el 86,2% de quienes le votaron en noviembre, volverían a hacerlo ahora, y sus principales fugas de electores son a la abstención (7,5%) y de manera más residual al PP (2,7%). Llama la atención que los votos que pierde hacia Podemos, tradicional receptor de descontentos, apenas sean un 0,4% en la línea de los que ceden a Vox (0,3%). Además, los socialistas son la primera opción para los votantes de entre 30 y 64 años.

Por su parte, los populares mejorarían en hasta 12 escaños el resultado del 10-N, alcanzando la barrera psicológica de los 100-101 diputados y el 24,1% de los votos. Sin embargo, el crecimiento de los de Pablo Casado se ha visto lastrado en los últimos meses, y frenado especialmente en las últimas semanas, por los casos de corrupción vinculados a sus siglas. Respecto a septiembre se dejan entre cinco y seis escaños. Esto, a pesar de que el PP es el partido con la mayor fidelidad de voto: el 94,5% de los votantes del 2019 repetiría y Ciudadanos (2,6%) supera a Vox (1,2%) como su principal fuga de votantes en puertas de la moción de censura. El partido de Santiago Abascal se mantiene en los números de noviembre y aunque pierde 180.000 votos, podría ganar un escaño. Las maniobras de debilitamiento de la derecha hacen que Abascal retenga al 89,6% de quienes apostaron por él el 10-N, pero que su principal y única fuga de votos se produzca hacia el PP (7,1%).

El lastre de Podemos

El lastre de la coalición lo representa Unidas Podemos. La formación morada se dejaría entre siete y ocho escaños con respecto a hace diez meses, lo que le dejaría con un 11,3% de los votos y entre 27 y 28 escaños. El partido de Pablo Iglesias sigue siendo la opción preferente entre los más jóvenes, entre 18 y 29 años, y en las últimas semanas ha logrado coger oxígeno: seis décimas de subida que solo le sirven para mantenerse en el umbral de escaños antes señalados. Las fugas de votos se orientan hacia la abstención (8,2%) y hacia el PSOE (6,2%), mientras que el 80,4% repetiría. Por su parte, la estrategia de Ciudadanos hacia un perfil más posibilista con el Gobierno parece no dar resultados en el corto plazo. Los naranjas se quedan como estaban, con entre 9 y 10 escaños y podrían incluso perder un diputado. Su problema radica en la baja fidelidad de voto de sus electores, solo el 70,7% repetiría y sus fugas son variadas y abundantes: un 15,2% al PP; un 7,8% a la abstención; un 4,7% a Vox y un 1,5% al PSOE.

Esta correlación de fuerzas hace que, si Ciudadanos se mantuviera alineado con la derecha, los partidos que componen este bloque –que representa el 46% de los votos– se impondrían a los de la izquierda, que suman el 40,5%. Esta diferencia no garantiza La Moncloa, porque entonces entran en juego los partidos nacionalistas e independentistas, que con su 10,5% de los votos son los que pueden auparte al Gobierno.

En esta dinámica cabe señalar que Junts per Catalunya, en plena descomposición, lograría ampliar su grupo en uno o dos escaños (9-10), pero el liderazgo del soberanismo en Madrid seguiría siendo para ERC, aunque pudiera ceder un diputado (12-13). Por su parte, el PNV y Bildu se mantendrían en sus números actuales, seis y cinco escaños, respectivamente. El panorama dentro de los regionalistas seguiría igual, salvo para la CUP y Más País que podrían perder un diputado y el BNG, que todavía en la ola de las gallegas de julio, ganaría uno más.