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Siete años sin Asunta: De la mansión de Teo que nadie quiere a la petición de libertad de Basterra y Porto

Los abogados han vuelto a pedir que los padres de la menor asesinada puedan salir a la calle con permisos y no logran vender la casa a pesar de su bajo precio

Han pasado siete años desde que Rosario Porto y Alfonso Basterra acabaran con la vida de su hija, de 13 años, una niña cariñosa, ordenada, disciplinada, estudiosa, con un potencial enorme... A finales de este mes cumpliría 20 años y tendría un futuro muy prometedor por delante, pero era un estorbo para sus padres. Con una relación medio rota, trataban de remendar sus propios errores pero tenían un obstáculo y decidieron quitárselo de encima.

Rosario Porto, con numerosos antecedentes psiquiátricos, vivía una situación delicada pero tuvo miramientos para seguir adelante un plan elaborado desde hacía meses. Ensayaron con la niña. la drogaron durante el verano en varias ocasiones para saber qué dosis necesitaba. Ese 21 de septiembre ya lo sabían. La niña comió en casa de su padre, donde le suministró la dosis casi mortal de Lorazepam (27 partillas).

La niña salió a casa de su madre y se subieron al coche para ir a la casa de Teo, el chalet en el que fue asfixiada y que ahora no quiere nadie. En esa casa acabaron con su vida antes de abandonarla cuidadosamente en una pista forestal, en un camino vecinal muy concurrido y donde sabían que la encontrarían rápido. Y así fue.

Lugar en el que fue encontrado el cadáver de Asunta Basterra
Lugar en el que fue encontrado el cadáver de Asunta Basterra

En cuestión de días, ya estaban en la cárcel. Las evidencias eran muy claras a pesar de que creían que nadie les pillaría. Pero no hay crimen perfecto. Rosario Porto no ha superado su depresión ni sus problemas mentales en estos 7 años. Hace poco más de un año trató de quitarse la vida en prisión.

Mientras tanto, sus abogados tratan de que logren sus primeros permisos para salir a la calle. Han cumplido un tercio de la condena y pueden solicitarlo, pero hasta ahora se lo han denegado. Otra cosa es que cuando lleguen a la mitad de la condena, hecho que se cumplirá en dos años, tengan más posibilidades de lograrlo. El caso ha sido muy mediático y una puesta en libertad supondría un problema judicial.

Mientras tanto, Rosario quiere deshacerse de todo lo que tenía que ver con su vida anterior y ha tratado de vender sus propiedades. ha logrado vender a precio de oro un par de pisos en el centro de Santiago de Compostela, pero la vivienda de Teo nadie la quiere.

Dice la sabiduría popular gallega sobre las meigas (brujas) que “haberlas, haylas”. Y esa debe ser una de las razones por las que nadie quiere en chalet de Teo. Ni siquiera los okupas. La casa ha sido robada en almenos una ocasión y su acceso es relativamente sencillo. La puerta trasera no tiene protección alguna, pero nadie se acerca a ella. La maleza crece salvaje por todas partes, la pista de tenis tiene un aspecto desolador. El jardín está lleno de vegetación salvaje.

La propiedad se encuentra a la venta, sin éxito. Los vecinos ni se acercan por “yuyu”. Uno de ellos sí desliza tímidamente que conoce bien la mansión, incluidas las obras de arte distribuidas en su interior, y que, si por él fuese, la compraría porque es “preciosa”, pero su mujer no quiere ni siquiera que se mente ante ella tal posibilidad. Baja este hombre intencionadamente el tono cuando confiesa este detalle y vigila si su compañera sentimental está cerca, informa Efe.

"Tendrán que aceptar lo que les den, si alguna vez apareciese un comprador", zanja en una conversación con EFE en la que por motivos evidentes prefiere preservar su anonimato.

Cuando sucedió el crimen de la pequeña de 12 años, el 21 de septiembre de 2013, el lugar empezó a llenarse de cámaras. Más tarde, de curiosos y, hoy, no hay nadie. Sí se escucha un bullicio cercano. Son ladridos de perros y voces de niños que juegan con sus familias en unos chalés pareados, próximos. Y la sensación de orfandad se acrecienta.

Rosario Porto y Alfonso Basterra (i), los dos principales acusados de la muerte de su hija Asunta Basterra
Rosario Porto y Alfonso Basterra (i), los dos principales acusados de la muerte de su hija Asunta Basterra

“La morada está para llorar”, cuenta el penalista coruñés José Luis Gutiérrez Aranguren, que defendió a la propietaria de este chalé, el número 44 de Pobra, lugar del municipio coruñés de Teo, en el mediático juicio que se cerró con 18 años de cárcel para Rosario Porto, abogada, y otros tantos para su otrora pareja y padre de la menor, el periodista Alfonso Basterra.

“Está todo tirado por el suelo”, continúa este letrado, que cree que se pudo hacer más para investigar el saqueo tras el cual su patrocinada abandonó el penal para identificar y cuantificar lo sustraído. “Gestiones mínimas”, reclama, y de su clienta indica que quebraderos de cabeza “tiene bastantes”, y que después de que Prisiones le denegase el primer permiso de salida que solicitó, no “recupera”.

"La situación tiende a agravarse, más que otra cosa", desliza. Y aplica el mismo comentario a una residencia "difícil de colocar".

Rosario Porto y Alfonso Basterra entran con los investigadores en la casa de Teo, durante el registro de la vivienda
Rosario Porto y Alfonso Basterra entran con los investigadores en la casa de Teo, durante el registro de la vivienda

Igual dan los anuncios en portales especializados y la rebaja de su precio, de un millón de euros a 400.000. También la dotación: alumbrado, asfaltado, lavadero, terraza, cinco habitaciones dobles, otros tantos baños, cuatro salones, una bodega con una barra, un hermoso hórreo, una fantástica piscina, un inmueble para el servicio y una cruz de piedra capricho del reputado abogado Francisco Porto Mella y de su mujer, la profesora universitaria Socorro Ortega.

El matrimonio se la dejó en herencia a Charo, su única descendiente. Son 400 metros cuadrados útiles sobre una finca de diez mil, protegida por un amplio muro que salvaguarda robledales, cipreses, cedros y un sinfín de árboles frutales.

El 17 de febrero de 2015, antes de la vista oral que comenzó el 30 de septiembre de ese año, Rosario Porto dejó temporalmente la prisión de Teixeiro, en La Coruña (ahora está en la pontevedresa de A Lama) para volver, esposada y custodiada, al hogar que mandaron construir sus progenitores. Tenía que recorrer todas las estancias y decir qué objetos echaba en falta, al tener constancia de un asalto perpetrado el día 5.

La Guardia Civil fue la que avisó del pillaje al administrador Juan Guillán, el primer abogado que representó a Charo y que renunció, tras lo cual entró en escena Gutiérrez Aranguren. Él, Guillán, habló entonces de dos saqueos y contó que una ventana de la planta baja estaba rota. Fue necesario reparar cerraduras. Aranguren, a su vez, piensa que "iban buscando algo en concreto".

Sea como fuere, este techo, al que se accede por un camino y que fue el sueño de dos esposos, y fruto de su trabajo, está en la actualidad en situación de desamparo y lleva aparejada la huella indeleble de una atrocidad que nadie deja caer en el olvido a cinco kilómetros, en la pista forestal de Feros, donde Asunta apareció tendida y atada.