Santa Bárbara, Navantia, Airbus y la versatilidad de Indra: un gran contratista para cada Ejército

El Gobierno apuesta por la industria de Defensa nacional como generadora de empleo estable

El Gobierno de España ha remarcado en los últimos meses su interés por potenciar la industria nacional de Defensa y, en base a esa estrategia, la propia ministra de Defensa, Margarita Robles, visitó hace unas semanas la fábrica de armas de Santa Bárbara Sistemas en Trubia (Oviedo). El objetivo era ver dónde se construirá el futuro vehículo de combate sobre ruedas 8x8 del Ejército de Tierra, el “Dragón”, cuya fabricación se adjudicó la última semana de agosto, pero la visita, en sí misma, supone además un cambio en la estrategia política que ha imperado en España desde los años 80 hasta ahora.

Desde Narcís Serra ningún ministro había estado en la fábrica trubieca por una cuestión de imagen. Habituales en cárnicas o energéticas, los ministros en activo no suelen pisar una fábrica de armas a no ser que se de un premio a alguien. Robles ha roto esa dinámica y lo ha hecho, además, con dos objetivos en mente. Dos “apuestas”, las llama la ministra: las Fuerzas Armadas y la industria.

La primera apuesta de Robles habla de la necesidad de “unas Fuerzas Armadas modernas, preparadas, competitivas en su misión de velar por la paz”. Y reconoce que “para eso hacen falta instrumentos”. Instrumentos o herramientas que hay que comprar, y si es a la industria nacional se matan dos pájaros de un tiro. Ahí está la segunda apuesta, una apuesta que según Robles es “inequívoca”, como demuestran los programas que se han despejado desde su llegada al Ministerio.

En este sentido hay que reseñar que, en el periodo Robles, el Ministerio ha aprobado inversiones por valor de hasta 15.000 millones de euros de los que, solo en grandes programas suman casi 14.000 millones: fragatas F-110 con 4.300 millones; blindados 8x8, con 2.100 millones; modernización Eurofighter, por 800 millones; aumento del techo de gasto del S-80 en 1.700 millones, hasta llegar a los 3.700 millones para acabar la serie por los retrasos; el BAM de intervención subacuática, con 200 millones; los aviones entrenadores, con otros 200 millones; la modernización del helicóptero “Chinook”, por más de 800 millones; la segunda fase de helicópteros NH-90, con alrededor de 1.400 millones; la contratación con Hisdesat de los servicios de los futuros satélites, con 1.600 millones hasta 2037, y el programa de construcción de esos nuevos satélites, dotado con unos 750 millones: los Spainsat NG1 y NG2. A esos grandes programas hay que sumar compras menores, como misiles. Y aparte de esto están los compromisos firmados para el año que viene: aviones MRTT y C-295, diseño del nuevo entrenador, el programa Halcón de 2.000 millones para sustituir los F-18 de Canarias o más de 50 helicópteros H-135 para formación de Armada, Ejército del Aire, Policía Nacional y Guardia Civil, entre otros.

¿Y el dinero?

La intención de desbloqueo está clara, pero hay un problema: el dinero. Los contratos se han firmado, los fondos se han aprobado, pero ahora queda el gran reto: ¿cómo se va a pagar? Los presupuestos están paralizados en el Congreso y sin ellos todo lo demás son papel mojado. Además, todas las partidas señaladas son a años vista, es decir, no se pagarían de golpe, sino en anualidades (el 8x8 en diez años, por ejemplo), por lo que no solo son indispensables los presupuestos de este año, sino los de la siguiente década.

Para cumplir todo lo firmado habrá que aumentar el gasto en defensa y hacerlo sin dañar la parte operativa, es decir, el día a día de los ejércitos, desde la munición a la comida, ni los compromisos internacionales, desde la OTAN a la aportación española a la Unión Europea.

La industria, ¿alternativa al turismo?

Pero ¿por qué el Gobierno da ahora ese impulso al sector? La respuesta es triple: por un lado, la soberanía nacional en Defensa es un tema largamente perseguido por una cuestión estratégica. Por otro, el momento es el propicio porque por fin Europa tiene un presupuesto de Defensa. Es decir, las empresas de cada país tienen que posicionarse como referentes en su propia casa para poder optar a serlo también en esa red industrial de Defensa que se quiere construir.

Por último están las dos crisis de este siglo, sobre todo la más reciente de la Covid. Defensa es industria a fin de cuentas, y el apoyo a la industria es importante ante la caída del monocultivo del turismo en España y ante el nuevo modelo económico que se quiere construir. Un modelo, para el Gobierno, en el que la industria, con un empleo de calidad y estable, debe ser uno de los pilares. Esto lo recalcaron en esa visita de Robles a Trubia tanto ella como el presidente del Principado, Adrián Barbón.

El caso es que el refuerzo de aquellas empresas que han sido, y pueden seguir siendo, referencia es la forma de conseguirlo. Y es posible, porque en España, pese a que cada Ejército tiene unas necesidades distintas, cuenta con un contratista principal con capacidad de respuesta para cada uno de ellos, ya sea a través de sus propias capacidades o formando consorcios.

Los cuatro pilares de la Defensa

Un ejemplo de esto es la propia Santa Bárbara Sistemas con el Ejército de Tierra. La empresa siempre ha sido la gran contratista de Tierra, en sus factorías se han fabricado los grandes vehículos de combate y las piezas de artillería. Es de las pocas compañías que actualmente está lanzado simultáneamente programa vehículos de ruedas y de cadenas. De hecho solo dos países en Europa están en esta situación, uno es Alemania y el otro España gracias a Santa Bárbara que, con la llegada del 8x8, entrará además en el mercado internacional de las ruedas por todo lo alto.

Santa Bárbara Sistemas (SBS) es una empresa privada que pertenece al grupo estadounidense General Dynamics (GD), concretamente a su división europea, General Dynamics European Land Systems (GDELS), pero es una empresa que sus directivos recalcan que es netamente española, heredera directa de factorías como la de Trubia, con sus más de 225 años a cuestas, y de toda la vieja red de fábricas nacionales de armas (empresas públicas vendidas en 2001 a GD). La compañía construye actualmente el vehículo de cadenas “Castor” (“Pizarro” de zapadores) del Ejército y comenzará a fabricar el “Dragón” en verano. Para este programa, SBS forma parte, junto a Sapa, Escribano e Indra, de Tess-Defence, una adjudicataria que fue precisamente elegida por el Gobierno por ser un consorcio español que garantizaba la soberanía del producto. Con el 8x8, SBS tiene garantizado el futuro y con ello el empleo (unos 9.000 puestos de trabajo para diez años entre directos, indirectos e inducidos en toda Tess-Defence).

Si en Tierra el contratista de referencia es Santa Bárbara, en la mar es Navantia. La empresa, con un 100% de capital público, es una compañía por y para la Armada, pero su calidad la ha convertido en un referente internacional con contratos desde Australia a Arabia Saudí. Actualmente Navantia atraviesa un buen momento. La empresa está en proceso de construcción de dos de los buques que dotarán a la Armada española del futuro, la fragata F110 y el submarino S80, además de un buque de intervención subacuática para el que Hacienda ya ha dado luz verde a 200 millones de euros, aunque todavía no hay orden de ejecución. Navantia es otra de las empresas históricas, el origen de la compañía puede remontarse a principios del siglo XVIII con los primeros arsenales reales, como el de la Carraca y desde entonces no ha parado de modernizarse convirtiéndose, hoy en día, en uno de los astilleros más modernos del mundo.

De la tierra a la mar y de la mar al aire. Airbus es la gran empresa para el Ejército del Aire, una sociedad anónima que parte con la ventaja de ser ya el referente en Europa. Participada por Francia, Alemania y España, y de la que forma parte la antigua Construcciones Aeronáuticas SA (CASA), Airbus ha heredado los aviones militares de la casi centenaria empresa pública española y muchos de ellos aún llevan en su nombre la C de CASA, como el mítico C-212 o el C-295, la aeronave más versátil de la empresa y que se integra en Madrid. Airbus, además, fabrica el caza de combate Eurofighter, punta de lanza de la Fuerza Aérea, cuya ala derecha se construye en Getafe; como el nuevo avión de reabastecimiento MRTT (Multi Role Tanker Transport), que también se hace en Madrid; y la línea de montaje final de todos los transportes militares, que está en Sevilla.

A diferencia de las anteriores, que están a comienzo de un ciclo, Airbus está cerrando el del A400M y la parte civil ha sufrido mucho con la Covid, así que la empresa está en pleno reajuste. El Gobierno, consciente, ha anunciado su intención de comprar cuatro C-295 en la configuración de patrulla marítima y tres MRTT, un contrato que busca reforzar la carga de trabajo de Airbus en España de cara a los próximos años.

Y luego está Indra, la gran tecnológica nacional, la empresa transversal a todos los Ejércitos. Indra, que incluso lidera en Aire la aportación española al futuro caza europeo, el FCAS. Indra es otra de esas empresas con capital público, heredera de la antigua Inisel y cuya privatización, pese a su salida a bolsa, no se ha completado nunca del todo, así que no puede ser más de casa. La empresa es referente en España y Latinoamérica, tiene más de 49.000 empleados y está presente en 140 países y destaca, sobre todo, por su versatilidad. Civil, militar, tierra, aire, mar… Indra está en todas partes y siempre tirando del carro.

Sin duda todo es industria pesada y muy, muy tecnológica, lo que siempre es una garantía de empleo de calidad y, hablando de Defensa, a largo plazo. Con Indra no hay dudas, la compañía tiene más oficinas que talleres. Al otro extremo estarían Santa Bárbara y Navantia, cuyos talleres huelen a hierro y soldaduras, aunque ya están guiadas por láser y las tabletas han sustituido a las libretas, aún así todavía son industria pesada. Y en medio Airbus y sus talleres-quirófano, pulcros, con fuselajes que parecen recién fregados y olor a limpio en el aire. Y todo apunta a que las cuatro, con toda su industria auxiliar (solo Santa Bárbara trabaja en Trubia con 180 empresas de la región), son uno de los pilares a reforzar, si hay dinero.