La serie Patria: el espejo de lo que es ser víctima en el País Vasco

Tras haber visto dos capítulos de la serie “no he podido contener las lágrimas”. Es un reflejo del libro de Aramburu, que enfrenta a una sociedad al ¿qué hacía yo mientras mataban a mis vecinos? Al igual que Bittori, “yo también tuve que marcharme de San Sebastián tras el asesinato de mi hermano"

Dijo el domingo Fernando Aramburu que le costaba retener las lágrimas al ver la serie de Patria. No me extraña: yo no las he podido retener. Ni la serie, ni el libro de Patria estaban obligados a ser fieles a la realidad, puesto que ninguna obra de ficción lo está, pero ambos consiguen, no obstante, reflejar a la perfección cómo vive una víctima de ETA en Euskadi. No solo durante los años más duros del terrorismo, sino también en este tiempo de post-terrorismo en el que el odio a las víctimas, la intolerancia y el fanatismo siguen presentes. Solo he visto los dos primeros capítulos de la serie, ya disponibles en la plataforma HBO, pero me atrevo a afirmar que la serie es fiel al libro y, por tanto, un espejo de la realidad de las víctimas del terrorismo en el País Vasco.

Mi querido amigo José María Calleja, a quien a título póstumo daremos el XIX Premio COVITE el 3 de octubre, solía lamentar que a las víctimas de ETA las matasen dos veces. La primera, cuando les quitaban la vida, y la segunda, mediante el rechazo y la indiferencia social. Las víctimas de ETA en el País Vasco hemos vivido una anomalía moral que no han vivido las víctimas de otros lugares de España y eso se ve perfectamente en Patria. La viuda del Txato, Bittori, se ve obligada a abandonar su casa, su pueblo, tras el asesinato de su marido porque el odio que manifiestan hacia ella sus propios vecinos no hace sino ahondar en su dolor tras su irreparable pérdida. Yo también me tuve que marchar de San Sebastián a los pocos años del asesinato de mi hermano porque cometí un pecado imperdonable para los cómplices de los asesinos: mostrar públicamente mi rechazo al terrorismo y al asesinato de mi hermano. En Patria, Bittori vuelve a su pueblo cuando ETA decide dejar de matar y se encuentra con el mismo odio y rechazo por parte de sus vecinos que cuando ETA mataba. La gran deformidad moral que se vive hoy en Euskadi es que a las víctimas que reclamamos justicia se nos acusa de querer perturbar la paz, y por tanto se nos aparta y se nos hace la vida imposible. Yo no he vuelto a vivir en San Sebastián desde que me marché, pero estoy segura de que, si lo hiciera, muchos no me recibirían precisamente con los brazos abiertos.

Bartolo, el párroco que se alegraba de los asesinatos

Recuerdo perfectamente cómo el párroco de la Iglesia que estaba al lado del Gobierno civil de Guipúzcoa, que se llamaba Bartolo, se alegraba abiertamente cuando había asesinatos de ETA y se negaba a nombrar a mi hermano en las misas de su aniversario. Cómo nos echaba de las escaleras de la catedral del Buen Pastor cuando nos concentrábamos ahí para mostrar nuestro rechazo al secuestro o asesinato de turno. La complicidad de una parte de la Iglesia vasca con ETA también queda reflejada en la serie. En Euskadi quienes supuestamente eran autoridades morales no tenían ningún reparo en amparar a los asesinos.

También he vivido en mi propia piel la sensación asfixiante de que todos a tu alrededor te miran, te vigilan, susurran y hablan sobre ti a tus espaldas. ETA tenía una red enorme de chivatos a su servicio que fueron necesarios para que se cometieran la mayoría de los asesinatos. Era como un Gran Hermano que controlaba todos los resortes de la sociedad vasca. Una realidad sofocante que solo puede calificarse como puro fascismo.

En Euskadi también hay víctimas que, para hacer un poco más llevadera esta insoportable realidad, decidieron disimular su condición de víctimas y así no tener problemas. Más víctimas de las que nos imaginamos han actuado así. Como el personaje de Nerea, que ni siquiera va al funeral de su padre para que sus compañeros no la reconozcan como víctima del terrorismo. La contraposición entre cómo reaccionan unas víctimas y otras ante la misma realidad devastadora queda muy bien representada en los personajes de Nerea y Xabier.

“Un regalo” para no tergiversar el pasado

Las víctimas del terrorismo somos un colectivo vulnerable en la sociedad vasca. Se nos ha hecho culpables del mal que nos han causado. Todavía hoy somos incómodas porque reparar en nosotras implica ponerse delante del espejo y hacerse una pregunta que muy pocos son capaces de hacerse: ¿qué hacía yo mientras mataban a mis vecinos? Por suerte, ha habido personas que no han huido de esa pregunta desagradable y han tratado de responderla poniendo al servicio de los interrogantes el arma que mejor saben manejar: la literatura y el cine, o el cine televisado que son hoy las series. Ante el empuje de los terroristas, sus cómplices y herederos políticos por olvidar y por vivir como si ETA nunca hubiera existido, Patria supone una apuesta intelectual por la verdad y la memoria que espero que llegue a las conciencias de muchas personas. Una apuesta que para las víctimas es un regalo y una esperanza de que no se olvide y se tergiverse nuestro pasado más reciente.