La UME cumple 15 años: del desprecio a ser una pieza clave contra el coronavirus

Más que consolidada como una herramienta eficaz ante cualquier tragedia, la Unidad Militar de Emergencias celebra su cumpleaños en plena lucha contra la Covid. Desde su creación ha llevado a cabo 567 intervenciones

“Unidad Militar de Emergencias, al servicio del pueblo español. Siempre presta en la tragedia, a que el daño no sea mayor. A luchar con lo desconocido, protegiendo al débil del mal...”. Ya en las primeras líneas de su himno, la UME explica su principal cometido, tal y como estableció el Gobierno, un 7 de octubre de 2005, cuando dispuso su creación. “Tiene como misión la intervención en cualquier lugar del territorio nacional cuando lo decida el presidente del Gobierno, o el ministro en quien delegue, para contribuir a la seguridad y bienestar de los ciudadanos en los supuestos de grave riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas”, rezaba el acuerdo del Consejo de Ministros.

Hoy, esta unidad formada por unos 3.300 efectivos de los dos Ejércitos y la Armada, celebra 15 años al servicio de los ciudadanos en medio de una misión totalmente distinta a las que suele llevar a cabo y que le han valido el afecto de los españoles. Y es que de la lucha contra los incendios, las inundaciones o los terremotos han pasado a batallar contra un enemigo invisible: el coronavirus. Y en esta lucha contra la pandemia fueron los que abrieron el camino al resto de las Fuerzas Armadas, la “punta de lanza” de la “Operación Balmis”.

Pero la UME no nació con el mismo apoyo ciudadano con el que cuenta ahora y sus comienzos fueron más que difíciles, principalmente por las críticas que llegaban, tanto desde el ámbito político como del militar. Se llegó a decir que fue un “capricho faraónico de Zapatero” o una unidad con un “difícil encaje legal” cuya creación surgió de una “decisión discutible”. Hasta en el seno de las Fuerzas Armadas muchos la consideraba un “derroche”, pues sólo para su implantación se destinaron en 2006 más de 900 millones para adquirir una treintena de aeronaves. Durante esos primeros años no dejaron de lloverles palos, incluso fue abucheada en los desfiles, los cuales fueron esquivando con sus actuaciones.

Poco a poco las críticas fueron desapareciendo gracias, entre otras, a intervenciones como la de 2011 tras el terremoto de Lorca (Murcia), la cual marcó todo un punto de inflexión en la percepción de la sociedad. A partir de ahí, sus efectivos comenzaron a ser más demandados, ya fuese en un incendio o para rescatar a los conductores atrapados en la carretera por las nevadas. Algo que confirmaba uno de sus jefes, el teniente general César Muro Benayas, hace unos años: “La UME nació con una polémica que se ha salvado con la eficacia”.

Ese mayor protagonismo estuvo acompañado de nuevas capacidades, como cuando ese mismo 2011 consiguieron la certificación de Naciones Unidas para formar un equipo de búsqueda y rescate urbano, convirtiéndose, junto a la Unidad de Emergencias y Respuesta Inmediata de la Comunidad de Madrid, en los primeros equipos españoles en obtener este tipo de certificación. O su capacidad frente a riesgos nucleares, radiológicos, biológicos y químicos.

De ahí que sus “servicios” fuesen también requeridos fuera de nuestras fronteras, como en los terremotos de Haití (2010), Nepal (2015), Ecuador (2016) y México (2017) o en los incendios de Chile y Portugal (2017). El resultado de esta proyección internacional: más de medio centenar de países se han interesado en copiar la UME.

Una de sus últimas grandes intervenciones en nuestro país, sin contar su despliegue en la “Operación Balmis” (ahora “Baluarte”), fue en septiembre del pasado año ante las inundaciones provocadas por la gota fría en Murcia y Alicante, principalmente. Al concluir su trabajo en el que hasta entonces fue su mayor despliegue en territorio nacional, los vecinos de localidades como Los Alcázares (Murcia) salieron a la calle para despedirles entre aplausos.

Durante sus 15 años de vida han llevado a cabo 567 intervenciones de todo tipo, 13 de ellas en el exterior.

Apenas seis meses después, el 15 de marzo de este año, volvían a ser reclamados, esta vez para una misión totalmente diferente: contribuir a acabar con el coronavirus y frenar su propagación. Comenzaron 900 ese mismo día y en poco tiempo la gran mayoría de la unidad estaba dedicada a esta nueva batalla en la que desinfectaron infraestructuras críticas, puntos calientes como residencias de ancianos y realizaron una de las tareas más duras durante el estado de alarma: el traslado de cadáveres a las morgues improvisadas de Madrid. Una dura misión que, tal y como reconoció su jefe, teniente general Luis Manuel Martínez Meijide, en una entrevista a LA RAZÓN, hicieron “con dignidad”: “Tratábamos a los fallecidos como si fueran nuestros”.

Hoy, todavía inmersos muchos de ellos en la campaña de incendios, siguen luchando contra el virus en la nueva “Operación Baluarte” llevando a cabo desinfecciones en puntos críticos, como la reciente de Mercamadrid, o como rastreadores en apoyo de las comunidades autónomas.

Sánchez y Robles visitan la unidad

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la ministra de Defensa, Margarita Robles, han visitado hoy el Cuartel General de la UME con motivo de su 15 aniversario. Un acto sencillo -y sobre todo reducido, en el que ambos han conocido de primera mano tanto las capacidades de la unidad como sus intervenciones tanto en la ya fnalizada “Operación Balmis” como en la actual “Baluarte”.
Cuatro efectivos de la UME han ofrecido su testimonio sobre la experiencia vivida en primera línea en distintas actuaciones, desde el traslado de cadáveres, a la desinfección de centros de mayores o como rastreadores de vigilancia epidemiológica.
Uno de los testimonios más emotivos ha sido el ofrecido por la sargento 1º Silvia Crespo, destinada en el traslado, control y custodia de féretros de fallecidos por la Covid-19 en ausencia de sus familiares, que en los peores momentos de la pandemia no pudieron hacerse cargo de sus seres queridos por motivos sanitarios. “La misión iba más allá, tenía un componente emocional muy importante. Fuimos muy conscientes desde el principio de que sus familiares no podían estar a su lado en esos momentos. Siempre los tratamos con todo nuestro respeto y cariño, en silencio y con el duelo que merecían, como si fueran un compañero", ha relatado.
Tras esto, han conocido el Centro de Operaciones Conjunto (JOC), desde donde se dirigen y controlan todas las intervenciones, y han visitado la zona de exposición sobre las capacidades sanitarias de esta Unidad que se convirtió en la “punta de lanza” de la primera batalla contra el coronavirus.