800.000 puestos de trabajo

Es inevitable referirse a la promesa realizada ayer por Sánchez de crear esa cifra de puestos de trabajo en los próximos tres años, anunciada en el acto de presentación de su plan para la recuperación económica. Una promesa muy familiar para los más veteranos, pues nos evoca esa otra parecida que efectuara Felipe González en la campaña de las elecciones generales que le auparían a la presidencia del Gobierno en octubre de 1982. Para él fue el principal objetivo de su legislatura, al final de la cual, con una mayoría de 202 diputados, tuvo la honestidad política de declarar: «prometí crear 800.000 puestos de trabajo, y lo que creamos fueron 800.000 parados más. Los puestos de trabajo los crean los empresarios, no el Gobierno».

Sánchez debería haber escuchado a su antecesor en el partido antes de haber hecho esa promesa, y así seguramente se habría ahorrado la sombra que desde hoy acompañará a su Gobierno, que no está precisamente en su mejor momento, si es que ha tenido alguno en sus escasos diez meses de vida, que para muchos se antojan ya una eternidad. Sin desdeñar todos esos miles de millones de euros comunitarios prometidos, lo cierto es que para crear empleo se necesita generar un horizonte de confianza basado en la seguridad jurídica y en la estabilidad institucional y política, imprescindibles para alentar a inversores y emprendedores. Que mire a su izquierda y responda si cree que todo eso puede garantizarse con esos socios de Gobierno y escasos 155 diputados.