Manuel García-Castellón, un juez acosado: “Me aterra salir en los papeles”

El magistrado del llamado «caso Dina» ha denunciado ante el Consejo General del Poder Judicial una campaña de desprestigio personal, profesional e intimidación en las redes sociales controladas por Podemos

Ha soportado una cascada de insultos, ataques y descalificaciones sin precedentes. Las hordas podemitas están furiosas y han colocado en la diana a Manuel García-Castellón, un juez con dilatada carrera a sus espaldas que se ha atrevido a pedir al Tribunal Supremo la imputación de Pablo Iglesias. El magistrado del llamado «caso Dina» ha denunciado esta semana ante el Consejo General del Poder Judicial una campaña de desprestigio personal, profesional e intimidación en las redes sociales controladas por Podemos y sectores de la «Brunete mediática» de la izquierda que le ponen a caldo. En un durísimo alegato al presidente del CGPJ, Carlos Lesmes, advierte que se siente «señalado» por Iglesias bajo una situación de indefensión y descrédito profesional. Ordenado, muy meticuloso y riguroso, le enoja profundamente que le acusen de ser un juez de partido, vinculado a la derecha, y ha dejado claro en su entorno que llegará hasta el final. Asegura no tener ningún miedo al líder morado, quien con su habitual chulería dice ya saber el fallo del TS contra su imputación, y no piensa permitir presiones ni un solo chantaje a su instrucción judicial.

Con su elevada estatura, casi dos metros, Manuel María García-Castellón y García-Lomas es todo lo contrario a un juez estrella. Siempre le horrorizó aparecer en los medios, aborrece el estilo Garzón y huye de la publicidad. «Me aterra salir en los papeles», comenta en su entorno. Pero el ardiente voltaje de los casos que le han tocado instruir, Banesto y Mario Conde, sumarios del GAL, Púnica, Lezo, Tándem, BBVA, y ahora el del vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, por varios delitos en el culebrón del robo del móvil a su exasesora Dina Bouselham, le granjearon esa fama de la que tanto quiso escapar. Nacido en Valladolid, hijo de un ingeniero agrónomo, fue el primero de su familia en estudiar Derecho en la Universidad de Salamanca. Es un hombre sensible, según sus allegados, como demostró en el caso de violación y asesinato de la niña Olga Sangrador, en Villalón de Campos. En aquel entonces se lo dijo a sus amigos: «Uno de los peores momentos de mi vida profesional». En otra ocasión, le arrancó al conocido como «violador del ascensor», Pedro Luis Gallego, la confesión de haber asesinado a la joven Leticia Lebrato, tras intentar violarla.

Quienes bien conocen a Manolo, como le llaman familia y amigos, cuentan que su refugio es el campo y la naturaleza. De planta seria, reservado y amante de su casa, se transforma cuando sale del juzgado número seis de la Audiencia Nacional y se encamina hacia su tierra, Valladolid. Le encanta montar en bicicleta por los pinares castellanos y muchos coinciden: "«Es una persona cercana, muy normal, amigo de sus amigos». Rara vez pierde los nervios, pero ahora loa furibundos ataques de Podemos por su instrucción sobre Pablo Iglesias le han enojado. Ataques a su familia, pasado franquista, vinculación al PP y toda suerte de insultos personales le han llevado a pedir amparo al CGPJ: «Prefiere ponerse una vez rojo que cincuenta amarillo», dice un colaborador del juzgado. En su escrito denuncia toda una campaña de acoso ante la exposición razonada ante el Tribunal Supremo para imputar a Iglesias, quien con su habitual osadía asegura que no lo será y dice conocer ya el fallo del Alto Tribunal. Un buen mazazo contra la independencia del Poder Judicial por parte de un vicepresidente del Gobierno.

Juez de Delitos Monetarios, sus veinte años fuera de España en servicios especiales en París y Roma le colocaron en una situación confortable, una especie de «dolce vita» que no dudó en abandonar cuando se le llamó para la Audiencia Nacional en sustitución del juez Eloy Velasco. Manuel García-Castellón ocupó su primer destino en Marquina, Vizcaya, y tras un puesto en Castrojeriz, Burgos, volvió a tierras vascas en un juzgado de Azpeitia, dónde conoció los terribles años terroristas de ETA. Allí se enamoró del País Vasco, en especial de Guipúzcoa, a donde acude todos los veranos. Aficionado a la novela negra y cinéfilo empedernido, es asiduo del Festival de San Sebastián. Cuando Baltasar Garzón decide abandonar su puesto como juez para ser diputado socialista con Felipe González, García Castellón trabajó con el entonces presidente de la Audiencia Nacional, Clemente Auger. Un hombre claramente de izquierdas, fundador de Justicia Democrática, que siempre le definió como un juez de valía extraordinaria. Algo que ahora recuerda cuando se le acusa de su vinculación a la derecha. También recuerda que sentó en el banquillo a los ex presidentes de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre e Ignacio González.

Máster en Comunidades Europeas y Derechos Humanos por la Universidad de Salamanca, durante su estancia en París, a dónde fue destinado por los entonces ministros de Justicia y Exteriores, Ángel Acebes y Josep Piqué, recibió la Legión de Honor francesa, máxima condecoración de la República gala. Fundador del Grupo Iberoamericano de Jueces, integrado por ocho países, le encantan las motos y la lectura, algunas novelas filosóficas como «El mundo de Sofía», de Jostein Gaarder. Ahora, está en el ojo del huracán de los cabecillas de Podemos, quienes se sienten ufanos ante la decisión del Supremo, convencidos de que la Fiscalía, batutada por Dolores Delgado, pedirá su archivo. De momento, Manuel García Castellón resiste y ha aportado al CGPJ un amplio repertorio de insultos y palabras gruesas contra su persona. Su conciencia está serena.