Canarias, camino de sufrir una nueva crisis de los cayucos como la de 2006

Las mafias llegan a cobrar 1.500 euros por “pasaje” y “garantizan” un rápido traslado a Europa

Las Islas Canarias se han convertido en un gran negocio para las mafias de la inmigración que operan en la costa africana (Marruecos, Mauritania, Senegal) y en el propio archipiélago. En lo que va de mes, han llegado, a borde cayucos, pateras y otras embarcaciones, 1.200 inmigrantes ilegales, en un fenómeno que cada vez se parece más a la crisis de los cayucos de 2006.

Según han informado a LA RAZÓN fuentes solventes, existen una serie de organizaciones delictivas, que están siendo objeto de investigación, que captan a los “clientes” en África por unas cifras que, en algunos casos, llegan a los 1.500 euros por persona/pasaje; e incluso cifras superiores, si se ofrecen “servicios complementarios”.

Estas organizaciones delictivas han encontrado en las costa africana un terreno favorable para desarrollar sus actividades delictivas, ya que existe una menor vigilancia que en el norte de Marruecos, donde las autoridades ejercen más presión, sobre todo por la pandemia de coronavirus.

Las mafias, en combinación con elementos afincados en el archipiélago, llegan a garantizar, a través de un sofisticado sistema de falsificación y tráfico de documentos y lugares de residencia, el rápido transporte de los inmigrantes hasta la península vía aérea o marítima. De hecho, personas que llegaron hace poco tiempo a las islas han sido detectadas, no sólo en la península, sino en Italia, Francia y Reino Unido.

En estos casos, cuando al inmigrante se le garantiza el rápido traslado a Europa, las cantidades a pagar son superiores a los citados 1.500 euros. Con ello, las mafias obtienen unos beneficios sustanciosos gracias a que los demandantes crecen cada día.

A este respecto, las citadas fuentes señalaron que se está produciendo un “efecto llamada” ya que los inmigrantes saben que, una vez que logran pisar territorio español, no pueden ser devueltos a sus países de origen por el cierre de fronteras a causa de la pandemia de coronavirus.

Solamente el miércoles, llegaron a Canarias 173 inmigrantes, 101 magrebíes y 72 subsaharianos, tanto a las costas de Gran Canaria y Tenerife a bordo de seis pateras y un cayuco. Entre ellos, había al menos 28 posibles menores (19 en el cayuco y nueve en las pateras) y dos mujeres (una en el cayuco y otra en una de las primeras pateras del día en Gran Canaria). De madrugada, llegaron tres pateras a Gran Canaria con ocupantes magrebíes: una con 18 varones rescatada por Salvamento Marítimo a cinco kilómetros de la costa y otras dos con 20 hombres y seis varones y una mujer, respectivamente, que desembarcaron por sus propios medios en las playas del Inglés y de Meloneras. A primera hora de la tarde, un cayuco alcanzó el puerto de Los Cristianos, en Tenerife, con 72 inmigrantes de origen subsahariano a bordo, 52 hombres, una mujer y 19 menores. De ellos, dos fueron derivados al hospital del sur de la isla, uno con deshidratación y otro con un síncope. Otras dos pateras lograron llegar a tierra en Gran Canaria: una en Puerto Rico con 16 varones magrebíes y otra en la playa de Triana, cerca de Arguineguín, con unos 15 hombres también de origen magrebí. La Salvamar Menkalinan llevó al puerto de Arguineguín a 25 varones del mismo origen, entre ellos cuatro menores, a los que socorrió en una patera a unos 14 kilómetros mar adentro.

En la crisis de los cayucos de 2006 llegaron a las islas unos 36.000 inmigrantes ilegales. Para poder atenderlas, hubo que habilitar todo tipo de instalaciones y se produjeron hasta ocupaciones de parques públicos ante la falta de lugar donde acoger a los que arribaban al archipiélago. Las mafias han visto la oportunidad de repetir la “jugada” y, si no se corta de raíz, sobre todo con la colaboración de los países africanos de los que parten las embarcaciones, el problema para una zona a la que le está costando remontar la caída del turismo puede alcanzar cotas altamente preocupantes.

En la elección de Canarias para desencadenar este fenómeno migratorio podría haber, según algunos observadores, otras razones relacionadas con fenómenos de desestabilización, en unos momentos de crisis política en España que no ofrece la mejor imagen institucional de cara al exterior.