Llegó la hora de “Maje”: la viuda de los mil y un amantes

María Jesús Moreno encontró entre sus novios a uno dispuesto a acabar con la vida de su marido. El crimen, cometido en agosto de 2017, se juzga estos días en la Audiencia de Valencia

Ella sabía de su belleza y del efecto que provocaba en los hombres. Le gustaba tontear, simultanear varias relaciones e ir poniendo pequeños cebos a sus chicos para observar hasta dónde estaban dispuestos a llegar por ella. Ya lo intentó con su marido cuando aun eran novios: le propuso que le pagara 80.000 euros para la reforma de la casa de sus abuelos en Novelda (Alicante), el pueblo de ambos, y él a punto estuvo de aceptar hasta que la familia le debió abrir los ojos y ya pidió que mejor escrituraran a medias la vivienda. María Jesús Moreno, más conocida como «Maje», tuvo una infancia fuertemente marcada por la estricta educación de su familia, que pertenece a una congregación religiosa. Los cinco hermanos (ella es la menor de las dos chicas) fueron al colegio Santa María Magdalena de las Carmelitas, donde hay clases segregadas por sexos. Dicen que nunca iban a los cumpleaños de los amigos por las tardes y pasaba los veranos en campamentos religiosos. Así, apenas interactuó con chicos de una forma natural hasta ya bien entrada la adolescencia aunque todos comentan que siempre fue muy presumida y «coqueta», incluso cuando atendía algunas tardes de verano en el comercio de fontanería que tenían sus padres en el pueblo, hoy regentado por el hermano mayor. Fue mientras estudiaba enfermería cuando conoció al que sería su marido aunque sus caminos no se cruzaron en la facultad. Antonio Navarro, nueve años mayor que ella, estudiaba ingeniería en la misma universidad de Alicante que el hermano de María Jesús y a veces iba por casa. Allí se fijó en Maje. Empezaron a salir en 2011, cuando ella solo tenía 21 años y él 30. Ahora dicen que ella solo vio en Antonio una oportunidad de salir del pueblo y su buena posición económica.

Menos de un año casados

La pareja compró un piso en el número 14 de la calle Calamocha de Valencia, en el barrio de Patraix. Ella trabajaba en el Hospital Casa de la Salud y él en el Centro de Conservación de Carreteras de El Reboller. Ya antes de darse el «sí quiero» el 3 de septiembre de 2016 en el santuario de Santa Magdalena del pueblo, «Maje» le era infiel a Antonio. Su relación con un fisioterapeuta llegó a oídos de Antonio, que estuvo a punto de suspender la boda pero, una vez más, ella le convenció de que el amor de su vida, en realidad, era él. También por aquel entonces ya mantenía un idilio con un celador del hospital. Se llamaba Salvador Rodrigo, le sacaba 20 años y estaba casado. La mujer de este «pobre diablo» también trabajaba en centro hospitalario. Ambos tenían una hija casi veinteañera pero Salva perdió la cabeza por «Maje». Tenían encuentros furtivos, se mandaban cartas y él pretendía dejar a su familia por ella.

“Es un amor diferente a lo establecido”

En una de las cartas, según avanzó el periódico «Las Provincias», ella incluso le prometía fidelidad. «Con esta breve carta quiero decirte que te quiero, que te necesito y que voy a cuidarte y mimarte. Soy tuya y prometo serte fiel porque no hay nada más que un hombre como tú a mi lado. (...) Tienes a tu lado una mujer que te valora, que te quiere y te escucha. Me llevas de la mano. Seguimos el mismo camino juntos con caminos más llanos y otros más empinados, pero de la mano. Un fuerte beso para el mejor papi del mundo. Te quiero». Él emocionado, le responde que su amor es diferente a «lo establecido»: «Querida Maje. (...) Me haces sentirme muy amado y valorado. Quiero que sepas que mi amor por ti es tan grande que quiero que seas feliz a mi lado y con los demás. Sé que lo nuestro es diferente a todo lo establecido. Ojalá pudiera darte todo lo que necesitas. Me gustaría pasar junto a ti el resto de mi vida. Elige siempre a quién amas y debes de ser libre».

La boda: una “experiencia”

En otra de las misivas ella le recuerda que su inminente boda con Antonio es una «experiencia» que ella tiene que vivir aunque será un «proceso traumático» para Salva y ella. Después del enlace siguieron viéndose, como siguió haciéndolo con el fisio, un policía catalán y un publicista valenciano. Sin embargo, nunca tomó la decisión de separarse. Salva llegó a justificar esa negativa al divorcio a que su familia, tan religiosa, no se lo hubiera perdonado. Como si un asesinato estuviera mejor visto.

La propuesta

El tema surgió tras una comida romántica en la casa de campo que Salva tenía en Ribarroja. Ella le comentaba que su marido la maltrataba psicológicamente y, en plena explosión de amor, le preguntó si él estaría dispuesto a hacer cualquier cosa por ella. Él contestó que por supuesto, y entonces «Maje» manifestó su deseo de ver a Antonio «muerto». Incluso maldijo que no hubiera sido él en lugar de un compañero de trabajo quien hubiera muerto en un accidente de tráfico. Ella creía que lo mejor era «hacerlo» en el garaje un día que les «viniera bien a los dos por el trabajo». Era verano de 2016 y Salva iba a cogerse vacaciones en julio. Ella y Antonio harían lo propio en septiembre pero no quería hacer ese viaje por nada del mundo: el asesinato de su marido debía producirse antes. Además, en verano había mucha gente de vacaciones así que habría menos probabilidad de que les pillaran testigos incómodos. Concretamente a él, porque ella no pisaría la escena del crimen y esperaría a que Salva cambiara su estado de WhatsApp como señal de que «eso» ya estuviera hecho.

Compró un cuchillo para la ocasión

Pero el hecho de que fuera verano y no hubiera muchos coches hizo que Antonio dejara varios días el coche en la calle en lugar de en el garaje, lo que enfadaba a «Maje» porque impedía ejecutar el plan. Salva, al contrario, se sentía aliviado. Lo confesaría en su declaración posterior. A la vuelta de sus vacaciones empezó a ponerse nervioso: tenía poco margen de tiempo pero no decidió echarse atrás, decirle a «Maje» que no iba a matar a un tipo al que ni conocía, que la quería pero que aquello era demasiado. Él, a sus 47 años y a pesar de su hija, ejecutó el plan. Su amada ya le había dado las llaves del garaje, le dijo la plaza donde estaría aparcado el coche de su marido, el modelo y la matrícula. Y la hora: sobre las 7:30 horas de la mañana, cuando él se iba a trabajar. Salva compró un cuchillo de 15 centímetros de hoja en una ferretería de la calle Lérida. La noche anterior no pegó ojo. «Maje», sin embargo, la pasó con su amante el publicista. Incluso tuvo ánimo de ponerse a hacer una empanada. A su marido le dejó un trozo para que cenara. Estaba hecha «con mucho amor», como le puso en un mensaje para avisarle de que ella ya estaba en el «hospi»: aquella noche tenía guardia. Era mentira. El resto de empanada y ella estaban en casa del amante, del que Salva tampoco conocía su existencia. Mientras, el obediente sicario, que pensaría que por aquel trabajo «cobraría» el amor eterno de su amada, se escondió tras el coche y en cuanto vio aproximarse a Antonio, le asestó seis puñaladas que afectaron a los pulmones y el corazón del ingeniero. Era el 16 de agosto de 2017.

Una carta en el funeral

Antonio murió allí mismo y Salva, después de tirar su ropa ensangrentada, se reunió con «Maje», que supuestamente estaba saliente de guardia. Se juntaron en casa de la hermana de ella y, cuando los móviles les posicionaron allí, ella declaró que le recriminó su acción pero no le delató por miedo. Dejaron de verse varias semanas: tenía que hacer el papel de viuda. Tres días más tarde, en el funeral de su marido, ella leyó una emotiva carta de despedida. Todos le daban el pésame: tan joven y ya viuda, ni un año casados, qué tragedia... El móvil del robo no convenció a la Policía, que pronto sospechó de la mujer de la víctima: le intervinieron el teléfono y vieron que a una amiga sí le confesó sentirse «liberada» tras la muerte de Antonio y había comenzado a cobrar 1.100 euros de pensión.

Un amante diferente al resto

El 8 de noviembre Maje llama por primera vez a Salva y en esa conversación, ya bajo la escucha policial, hablaron de lo sucedido. Hasta entonces los investigadores no tenían constancia de Salva y les llamó la atención su perfil, muy distinto al del resto de amantes de Maje, siempre jóvenes, atléticos y seguros de sí mismos. El 2 de enero quedaron en Torrent para concretar lo que diría si la Policía volvía. Maje estaba nerviosa, y con razón: diez días más tarde fueron detenidos y, a los tres días, ingresaron en la prisión de Picassent, donde ella ya se ha echado varios novios.

Cazadora de cuero

No se habían vuelto a ver hasta el miércoles, sentados en el mismo banquillo de acusados. Ella tan guapa, tan rubia, con una sexy cazadora de cuero. Él, más canoso y cabizbajo, dicen que sigue bebiendo los vientos por ella. La vista oral desarrollará en la sala Tirant lo Blanch de la Ciudad de la Justicia de Valencia, está previsto dure 12 sesiones y están acreditados 40 periodistas. El fiscal Vicente Devesa pide 28 años para María Jesús y 18 para Salvador Rodrigo. La acusación particular pide 25 y 20 respectivamente. La defensa de Salva dice que él fue víctima del «amor obsesivo» que sentía por Maje y, la de ella, que la mujer creía que su amante «fantaseaba» cuando le dijo lo que haría. El letrado que defiende al cerebro del crimen, Javier Boix, criticó que la investigación y los medios hubieran «construido» en torno a su cliente la imagen de «una mujer malvada que engaña al marido».