Sánchez invitará al Papa a España

Lo más cerca que estuvo de venir fue en 2015, cuando se llegó a plantear una visita de un día a Ávila y Alba de Tormes

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tiene en sus manos su primera y, tal vez, la única oportunidad para lograr que el Papa Francisco cuele en su agenda internacional un viaje España. Y no la va a desaprovechar. Entre los puntos para abordar el sábado cuando conozca al Papa en el Palacio Apostólico Vaticano se encuentra la invitación oficial para que Francisco se deje caer por nuestro país. Desde Moncloa han confirmado este extremo a este diario, si bien le restan importancia al hecho en tanto que sigue la tónica habitual de sus predecesores en el cargo, que hicieron lo propio tanto con Juan Pablo II como con Benedicto XVI. De esta manera también niegan que se pudiera alterar esta dinámica por tratarse de un Ejecutivo de coalición con Unidas Podemos. Sánchez se sumará así a la petición que ya se ha formulado en varias ocasiones tanto por parte de los Reyes, de la Conferencia Episcopal Española, como por autoridades autonómicas y locales.

De hecho, en la «cumbre» que mantuvo el Santo Padre con la cúpula de los obispos hace un mes, también se puso sobre la mesa la cuestión. «Dijo que habrá que ver cómo evoluciona la pandemia y su misma salud. Él discierne mucho. En eso hemos quedado, ojalá pueda venir», expresó el presidente del Episcopado y cardenal de Barcelona, Juan José Omella, al ser preguntado por los periodistas sobre las dos perchas jubilares que podrían cerrar esta visita: el Año Santo Compostelano y el Año Ignaciano. Es más, Francisco llegó a citar en ese encuentro la posibilidad de desplazarse no solo a Santiago o a Loyola, sino también su interés por ir a la localidad catalana de Manresa, donde San Ignacio, el fundador de los jesuitas, descubrió su vocación y comenzó a desarrollar sus Ejercicios Espirituales. En cualquier caso, a Sánchez no le va resultar sencillo arrancar un compromiso de boca de Francisco, que ya se ha acostumbrado a responder con diplomacia –y sobre todo con humor– a las proposiciones de los jefes de Estado y de Gobierno de todo el planeta.

En primer lugar, porque hoy por hoy la agenda internacional de Francisco está congelada y no tiene visos de reactivarse a corto plazo. De hecho, solo ha salido fuera de Roma una vez desde marzo para acudir a Asís para firmar su tercera encíclica, «Fratelli tutti». Fue el pasado 3 de octubre.

Además, España nunca ha estado entre las prioridades de un Papa, que ha concentrado sus viajes a las llamadas «periferias» del mundo. Lo más cerca que estuvo de aterrizar en nuestro país fue en 2015, cuando se llegó a plantear una visita exprés de un día a Ávila y Alba de Tormes con motivo del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa. Francisco lo llegó a reconocer en el vuelo de regreso de Corea del Sur, Pero aquella posibilidad se esfumó. Desde entonces se le ha insistido a Jorge Mario Bergoglio. Especialmente, de manos de la corresponsal de Cope, Eva Fernández, que en todos los vuelos en los que ha coincidido con Francisco, le ha abordado para dejárselo caer obteniendo las más variopintas respuestas, que han generado ríos de tinta por las posibles interpretaciones. Así sucedió de camino a Marruecos cuando Bergoglio expresó que vendría «cuando haya paz», sin que se haya desvelado si se refería a la tensión política, social o eclesial.

Como antesala a la proposición del presidente del Gobierno, ayer la ministra de Exteriores, de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, Arancha González Laya, se reunió con su homólogo vaticano, el secretario para las Relaciones con los Estados, Paul Gallagher. Ambos hablaron de «multilateralismo, migraciones, Mediterráneo y América Latina», tal y como desveló la propia González Laya a través de un tuit. Según ha confirmado LA RAZÓN, el encuentro se alargó más de cuarenta minutos –más de lo habitual en estos casos–, ambas partes salieron satisfechas y la conversación se desarrolló íntegramente en castellano.