Alarma sin control

El presidente del PP, Pablo Casado, es ovacionado por los miembros de su grupo parlamentarioZipiEFE

Como al actual Gobierno le gusta mucho la «Memoria democrática», es cívico y loable recordar el compromiso regenerador con el que Sánchez llegó a la presidencia, apoyado en el «bloque de la moción». Afirmó en aquel debate que la calidad de nuestra democracia se había deteriorado sobremanera por la corrupción del PP, y que ello exigía una censura para propiciar el cambio hacia un Gobierno «regenerador y transparente». Desde entonces, han transcurrido escasamente 29 meses, dos elecciones generales y una pandemia; tiempo y acontecimientos suficientes para evaluar el cumplimiento de aquel compromiso. Si los buenos marinos se acreditan con mar picada, el coronavirus está siendo sin duda una ocasión idónea para testar aquel compromiso.

El debate del jueves para aprobar el nuevo estado de alarma ha superado todas las expectativas posibles: aprobarlo durante seis meses, incluso sin la intervención del Presidente y sin control parlamentario, es una limitación de los derechos fundamentales de los ciudadanos no solo no contemplada en la Constitución para el estado de alarma, sino tampoco para el de excepción. Llueven sobre mojado los tics autoritarios del Gobierno, que muestran que no son infundadas las reservas sobre la deriva que está tomando, propias de regímenes políticos tan distantes geográficamente del nuestro como próximos a repúblicas bolivarianas en las que se han formado los socios de Sánchez. La UE nos ha salvado del asalto al poder judicial. Ahora deberá ser la Comisión de Venecia quien dé el alto a estos demócratas regeneradores.