David Madí y Xavier Vendrell: Una corte entre el procés y los negocios

Madí fue el artífice del lema «Derecho a decidir» y Vendrell llegó a militar en grupos radicales como Terra Lliure

Platón La Razón

Independentistas radicales, pero apasionados del dinero. La operación de la Guardia Civil ordenada por el juez de instrucción número uno de Barcelona, Joaquín Aguirre, ha destapado una ingente trama política y económica para financiar el procés y, según el auto del magistrado, acumular al mismo tiempo suculentos negocios propios. Entre los veintiún detenidos, todos ellos ya puestos en libertad sin medidas cautelares, sobresalen dos cabezas visibles: David Madí y Xavier Vendrell, antiguos altos cargos de la Generalitat, conocidos en Cataluña como «el clan de los negociantes». Dirigentes de la antigua Convergencia aseguran que Madí, asesor personal y consejero aúlico de Artur Mas «estaba detrás de todo». Vendrell, un hombre de Esquerra Republicana procedente de grupos muy radicales, era «un halcón» para asuntos lucrativos en su provecho personal, según fuentes de ERC. Ambos están ahora en el punto de mira de la Justicia y, a pesar de militar en diferentes partidos, se les considera el estado mayor del soberanismo y el gran «lobby» en la sombra del fugitivo de Waterloo, Carles Puigdemont.

«El ingeniero de Artur Mas». Así definen todos a David Madí i Cendrós, el hombre sin quien el ex presidente de La Generalitat no daba un solo paso. «Que nadie se mueva sin hablar conmigo», solía decir por los pasillos del Palau, prueba de su control y poder absoluto. Nacido en una familia pudiente de Barcelona, su abuelo Joan Baptista Cendrós era un barbero de Sants que se hizo millonario al inventar la famosa espuma de afeitar Floid. Amigo personal de Jordi Pujol, colocó grandes inversiones en Banca Catalana e insufló a su nieto la llama soberanista, aunque siempre bajo el lema «Con el dinero no se juega». David perteneció al núcleo duro de CDC dentro de un grupo de «cachorros» llamados «El Pinyol». Escuderos de Mas, allí estaban Francesc Homs, Oriol Pujol, Germá Gordó y Josep Lluis Corominas. Todos ellos con altos cargos en el Govern y el partido, pero imputados después en causas judiciales Fue director de la campaña que llevó a Mas a la presidencia de La Generalitat, era su influyente estratega y manejaba los hilos. «Tenía topos en todas partes», dicen antiguos cargos convergentes sobre los tentáculos de Madí en sectores políticos y económicos de Cataluña.

Con sus dos metros de estatura, una ampulosa sonrisa de satisfacción y unas gruesas gafas de concha que llamaban la atención, decidió un día pasar a la empresa privada y dedicarse a los negocios. Fue entonces cuando sería nombrado consejero asesor de Endesa en Cataluña, con un imponente despacho en Barcelona. Pero esto se le quedaba corto, David Madí se movía bien por Madrid, era habitual verle en restaurantes y hoteles próximos al Congreso y tejió una red de influencias que le llevaron a otras empresas como Deloitte, Telefónica y Aguas de Valencia. «Era simpático, astuto y con olfato para ganar dinero», afirman quienes con él trabajaron. En paralelo, nunca ocultó sus tesis radicales, colaboró estrechamente con Carles Puigdemont y fue el artífice del famoso lema «derecho a decidir». En círculos soberanistas aseguran que Madi y Vendrell han sido estos años el auténtico gobierno en la sombra del fugitivo, con la sospecha de haber financiado su lujosa vida en Waterloo y sus actos públicos como el mitin de Perpiñán.

Xavier Vendrell, el otro cabecilla de la trama, fue conseller de Gobernación durante un mes en la etapa final de Pascual Maragall. Militó en grupo radicales como el Movimiento de Defensa de la Tierra (MDT) y Terra Lliure. Llegó a comparecer ante la Audiencia Nacional donde admitió su participación en dos atentados contra infraestructuras, pero la causa fue sobreseída tras la disolución de esta organización. Compaginó siempre la política con los negocios y ocupó cargos en ERC, aunque nunca fue cercano a Oriol Junqueras. Por el contrario, fuentes republicanas cuentan que Vendrell siempre consideró a Junqueras «un tonto útil». Algo similar a la despectiva opinión de David Madí sobre Quím Torra, a quien definía como «un alocado visionario». Pese a militar en partidos distintos, ambos sintonizaron con Puigdemont y han batutado en la sombra el procés. Ellos fueron también quienes colocaron a Jordi Sánchez al frente de la ANC y en el entorno del fugitivo.

El tercer escudero en el entorno de El Puchi es Oriol Soler, considerado el gran ideólogo de la comunicación independentista. Editor de publicaciones separatistas, fue militante del MDT, dirigió campañas de la ANC y Omnium, y ha diseñado la estrategia informativa del procés. En el mundo soberanista todos coinciden en que Madí, Vendrell y Soler han sido los auténticos consejeros ocultos desde que Puigdemont llega a la presidencia de La Generalitat: Un «lobby» político y económico a la sombra de El Puchi, aseguran en estos círculos.

También sospechan que están detrás del elevado tren de vida del fugitivo, junto a su amigo de confianza, el empresario gerundés Josep María Matamala. El entramado se completa con el historiador Josep Lluis Alay, ex director de la Oficina de Puigdemont, a quien acompañaba en marzo de 2018 cuando fue detenido en Alemania. Y Víctor Tarradellas, un peculiar personaje antiguo responsable de Relaciones Exteriores de La Generalitat, a quien se atribuye la intoxicación grotesca de vinculación del procés con Rusia. «Pura fantasía», dicen en el entorno de Puigdemont.

Lo cierto es que pese a las duras acusaciones que realiza el juez en el auto sobre financiación irregular, malversación de fondos y negocios turbios, los llamados empresarios del procés quedaron todos esta semana en libertad con cargos, aunque sin medidas cautelares. La salida de David Madí y Xavier Vendrell de la Ciudad de la Justicia se convirtió en un gran mitin para denunciar «el acoso policial contra el soberanismo». Desde Waterloo, Carles Puigdemont asegura que esto vuelve a darles alas, mientras aún espera la tramitación de su suplicatorio que se sigue en el Parlamento Europeo. En su entorno niegan un supuesto desvío de fondos públicos para costear sus gastos: «Eso habrá que demostrarlo», zanjan desafiantes.