¿Quién está detrás del vandalismo?

Sin un perfil definido, detrás de las protestas hay jóvenes y radicales de izquierda y derecha

La tensión social va a ir en aumento en España como consecuencia de la situación económica que sufren muchos sectores y la reacción a las medidas de restricción de los movimientos que se han dictado con el fin de evitar que la pandemia de la Covid se extienda, en plena segunda oleada. Según expertos consultados por LA RAZÓN, la estimación que se tiene es que, de las protestas que se producen en nuestro país, el 30% tienen su origen en estos factores. Pero se cree que irán en aumento ya que el malestar que se ha detectado es grande y hay quienes interiorizan que no se están articulando las medidas para dar solución al problema, que no hay un plan de futuro contra la crisis.

Lo que ocurre, como ha sucedido en las últimas horas, es que las protestas pacíficas de sectores afectados son aprovechadas por extremistas de todo tipo y grupos anti sistema para protagonizar actos vandálicos e incluso saqueos de comercios. Muchos jóvenes, acostumbrados a las salidas de fin de semana hasta altas horas de la madrugada, no aceptan las medidas restrictivas y se suman a estas protestas sin darse cuenta que están orquestadas por extremistas.

Lo cierto es que la tensión empieza a sentirse en las calles de España al igual que sucede en otros puntos de Europa como Italia y Francia. Los cierres perimetrales y toques de queda en todo el país, coincidiendo con el puente de Todos los Santos, sirvieron como excusas a los citados grupos para protagonizar escenas violentas en varios puntos. Cinco ciudades registraron episodios especialmente virulentos el pasado viernes por la noche: Santander, Burgos, Valencia, Zaragoza y Barcelona. Y otras cuatro este sábado: Vitoria, Madrid, Bilbao y Logroño.

Sin un perfil definido, quienes apoyan estos disturbios son una macedonia de grupos que aglutina a negacionistas, inmigrantes, independentistas y grupos radicales que al albor de la protesta aprovechan para quemar contenedores, asaltar comercios y lanzar objetos a los agentes del orden. Todos tienen en común una característica: se movilizan a través de las redes sociales donde organizan las quedadas vespertinas que se prolongan hasta medianoche.

Los Mossos detienen ayer a un manifestante en Barcelona. Emilio MorenattiAP

El esquema se reproduce en ciudades europeas como París donde también grupos radicales protagonizaron actos vandálicos durante las protestas como saqueos y destrozos en las calles. Este aumento de la conflictividad, explican fuentes solventes, se explicaría por «el malestar social» ante los cierre y toques de queda y se produce en medio de un clima de alta tensión tras el último atentado terroristas en Niza con tres muertos.

También esta semana en varias ciudades italianas se produjo el mismo esquema. Escenas de guerrilla urbana en varias ciudades italianas, como Milán y Turín, durante las protestas contra el cierre a las 18.00 horas de algunas actividades y de los bares y restaurantes, decretado por el Gobierno para frenar los contagios por coronavirus. De hecho, se investiga la posibilidad de que entre los manifestantes se hayan infiltrado grupos de fascistas y de ultras. Según reconoció el Ministerio del Interior italiano esta semana existe preocupación por las tensiones y las protestas registradas desde el norte al sur del país. No en vano, señalan que no tienen que ver con los sectores más vulnerables por las medidas «sino con ambientes que tenían el propósito específico de provocar disturbios: ultras, extremistas de derecha».

Protestas ayer en la ciudad italiana de Nápoles.Fabio SassoAP

No en vano, cuando la mayoría de gobiernos europeos decretaron confinamientos domiciliarios a mediados del mes de marzo, se aceptó la medida sin oponer resistencia alguna. Hablar de una pandemia global tuvo un fuerte impacto entre la opinión pública como para cuestionárselo. Sin embargo, conforme transcurren los meses, aumenta el descontento y la sensación de que no se están tomando las medidas adecuadas. De hecho, ya en mayo se produjeron en Madrid las conocidas como manifestaciones de Núñez de Balboa que reclamaban el fin de las restricciones. Ahora, en noviembre, a la puerta de nuevas cuarentenas domiciliarias, las protestas siguen y cada vez suenan más alto y son más agresivas.

El cansancio de la población es palpable. Prueba de ello es que la Organización Mundial de la Salud (OMS) habló esta semana de la «fatiga pandémica», el cansancio mental por llevar meses realizando esfuerzos y sacrificios. De este hartazgo surgen estas protestas que son una ensalada de intereses y perfiles. Al comerciante cabreado se suman los jóvenes enfurecidos y, entre ellos, se cuelan los grupos extremistas que desean canalizar este malestar. Según los expertos consultados, las manifestaciones no tendrán grandes consecuencias políticas pero «es probable que sean utilizadas por grupos y activistas para tensionar aún más a la sociedad».