Moncloa, cambio radical

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, conversa con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, el Día de la Fiesta NacionalKiko HuescaEFE

Pedro Sánchez ha cambiado, radicalmente, de estrategia con respecto a Isabel Díaz Ayuso. Hace apenas una semana el gran problema de la pandemia era la presidenta madrileña, a la que se acusó de no tomar las medidas adecuadas para controlar el virus.

No hace ni quince días que el Gobierno se reunió de urgencia para decretar el estado de alarma, como respuesta a la rebeldía que había mostrado Díaz Ayuso recurriendo a los tribunales las medidas del Ejecutivo.

Sin embargo, ahora, Moncloa ve como una «medida adecuada» lo que hizo la popular, el cierre perimetral solo los días correspondientes a puentes festivos y no los periodos en los que actuaron el resto de comunidades. Las palabras «corresponsabilidad» y «comprensión» han sustituido a las de «ocurrencias» e «irresponsable».

La cosa no ha pasado desapercibida para los que lo han atribuido al giro en las relaciones con la calle Génova desde la moción de censura. Sin embargo, lo que hay detrás es otra cosa, un nuevo error de Moncloa que ha tenido que ser enmendado.

La batalla política de Madrid no le iba bien a Sánchez porque contenía fallos de cálculo. Díaz Ayuso la ha ganado porque ha conseguido ocupar un lugar privilegiado en la política nacional y crear adeptos a su figura, algo que antes del enfrentamiento no tenía. Además, el choque tuvo como excusa dos modelos diferentes de afrontar la lucha contra la pandemia, el de Illa y el de la madrileña. El balance, 15 días después, es claramente favorable para el Gobierno regional, mientras las cifras de incidencia acumulada se han reducido un 60% en Madrid, han crecido, prácticamente, en el resto de España.

Haber mantenido la tensión hubiese puesto contra las cuerdas a Sánchez por comparación. La tregua era necesaria para poder argumentar que puede haber estrategias diferentes según el territorio.

El discurso es pobre y poco creíble y no deja de sorprender que hasta Fernando Simón haya cambiado de posición respecto a Madrid, cuestión que genera aún más dudas de las ya existentes sobre la solvencia del Ministerio y de sus mediáticos expertos. Es llover sobre mojado.

En lo que también ha perdido el líder socialista es en que ha hecho evidente lo que se sospechaba, que Gabilondo es un cero en la política madrileña, aunque se resista a dejar el sillón, y que Franco, el delegado del Gobierno, debería dejar su responsabilidad en el PSOE de Madrid porque Díaz Ayuso va a requerir de otros liderazgos más eficaces. El ciclo, es evidente, se ha terminado para ellos.

Sánchez ha tenido que dar marcha atrás en demasiadas estrategias fallidas que aún no han pasado factura, pero lo harán. La moción de censura de Vox, y el protagonismo que dio a Abascal, terminó volviéndose en su contra. Casado supo aprovecharlo, por eso nunca se refiere a lo sucedido.

Más de lo mismo con la reforma del Consejo General del Poder Judicial, en la que también tuvo que retractarse y, ahora, a rastras, saca la bandera blanca ante Díaz Ayuso.