Gibraltar, tal como es

La colonia británica no podría sobrevivir sin la mano de obra barata y sin prestaciones que le ofrece generosamente España

Ambiente en Gibraltar un dia antes de la entrada oficial del Brexit © Alberto R. Roldan MADRID 31/01/2020La Razon

Al abordar cualquier comentario acerca de ese anacronismo de raíces e inspiración fraudulentas, que supone la presencia física con su estatus, de Gibraltar, hay que acudir a algunas evidencias que aun siéndolo, diluyen sus maliciosos efectos en la habitualidad de una larga convivencia con su Campo. Gibraltar es una colonia militar en la que una población civil inmigrante de orígenes diversos, ha ido constituyendo, a lo largo de trescientos años, una cobertura social, cual tinta de calamar, para la verdadera razón de su existencia: su gran interés estratégico y su naturaleza militar. La base no sólo es profusamente utilizada por el Reino Unido (RU), sino también por Estados Unidos (EU). En ella se reparan y arropan ingenios militares de propulsión nuclear y desde ella se vigila con detalle el trasiego por el Estrecho de naves de todas las hechuras. El enorme riesgo para la población de la comarca, que se aproxima rápidamente a las trescientas mil personas, está tácitamente asumido. Los gibraltareños porque saben que es el precio que han de pagar, para gozar del relajo impositivo del que disfrutan y de los privilegios de una colonia lejana y consentida por la potencia administradora; el FMI sitúa a Gibraltar en el tercer lugar del mundo en el PIB per cápita, si bien carece tanto de iniciativas industriales como agrícolas. Y los habitantes del Campo de Gibraltar porque se han acostumbrado a una realidad a la que nada se opone, que genera una economía sumergida de proporciones inconmensurables, que facilita el trapicheo y que aporta para una minoría, la posibilidad de alternativas a la falta de oportunidades y al desempleo.

Jamás se cedió la soberanía de Gibraltar. Hablar de cosoberanía sería entrar en vías de concesiones. El territorio usurpado, fue tomado en nombre del Rey de España, entre cuyos títulos sigue vigente el de Rey de Gibraltar, y el Tratado de Utrecht impone unas condiciones a esa cesión –sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tierra– que no se han cumplido nunca y mucho menos ahora. Ante el hecho de que su Majestad Británica, a instancia del Rey Católico consiente y conviene en que no se permita por motivo alguno que judíos ni moros habiten ni tengan domicilio en la dicha ciudad de Gibraltar, la realidad impuso que el gran artífice del nacionalismo, supuestamente identitario, de la colonia fuera un judío de origen marroquí, Joshua (o Yehoshúa) Abraham Hassan –conocido por Salvador entre su familia y amistades– que se propuso desde su juventud, creando en 1942 la «Asociación para el Desarrollo de los Derechos Civiles», alcanzar para Gibraltar la independencia o, en su defecto, una suerte de lo mismo en asociación con el RU. Hassan tuvo dos hijas de su segundo matrimonio, Fleur es hoy vicealcaldesa de la ciudad de Jerusalén y Marlène, diputada del Parlamento de Gibraltar.

El bufete Hassans, fundado por Sir Joshua en 1939, probablemente el más importante de la gran cantidad de bufetes de abogados –tal como de empresas– radicados en la colonia, tiene, como cualquier otro de los principales, oficina abierta en Sotogrande; la urbanización de alto standing localizada en el término de San Roque, donde se calcula residen circunstancialmente o de ordinario, en torno a un 20% de los gibraltareños. En él trabajan jóvenes abogados ligados a personalidades relevantes del Campo de Gibraltar; es el bufete al que pertenece el ministro principal, Picardo, y del que su esposa Justine fue nombrada, hace pocos años, socia. La administración gibraltareña es el mejor cliente de ese bufete cuya facturación a la institución pública se cifra en algunos medios, en alrededor del 30% de lo que gasta Convent Place en abogados. Gibraltar es seguramente el territorio con más densidad relativa de bufetes de abogados del mundo, se diría que la colonia es una verdadera república de bufetes, además de poder ser ya señalada como una de las capitales, a nivel mundial, del juego y las apuestas. Entre otras muchas empresas del ramo, allá están Bet365, Ladbrokes, Bwin y William Hill.

Bastaría hacer un repaso a la historia del desarrollo económico y social del Campo de Gibraltar, para deducir fácilmente que el cierre de la verja en 1969 es la clave para entender el despegue industrial y portuario de la comarca. Cualquiera que no esté bajo el extendido y amplio programa de dádivas, en metálico o en bienes y servicios, desplegado por el gobierno de los yanitos, al norte de la verja –Corea del Norte llama a veces a España, el chief Picardo–, sabe que la fluidez en la verja es inversamente proporcional al desarrollo del Campo de Gibraltar. Los efectos negativos de un control de paso consecuente con la nueva situación derivada del Brexit generado por los británicos –que es lo quieren ser los gibraltareños– lo son sobre todo para la colonia, que no podría sobrevivir a medio plazo sin recurrir a la mano de obra barata y sin prestaciones ni servidumbres, que le ofrece generosamente la comarca.

Alberto Pérez Vargas es Catedrático de Matemáticas