Familiares de víctimas de ETAA.R.R / Villar López /J.G.F / Pere JoanLa Razón

“Quien negocia con los terroristas les legitima”

Las víctimas se preguntan si quienes hoy «pisan moqueta» de Bildu participaron en alguno de los crímenes sin resolver. “Han reunido en la prisión al comando que asesinó a mi hermano”

El “sí” calculado del histórico dirigente de Batasuna y líder de EH Bildu, Arnaldo Otegi, anunciando su apoyo a los Presupuestos Generales del Estado, horas antes de que se debatieran en el Congreso sonó para las víctimas a bula que conmuta el tiro en la nuca, el coche bomba, la extorsión, el secuestro o el chantaje. El Gobierno de Pedro Sánchez, quien había negado más de seis veces a Bildu, avanzaba en la conversión de Otegi y su brazo político en demócratas. Para ello envío a su emisario, Pablo Iglesias, quien a golpe de tuits y conversación distendida con la portavoz abertzale, Mertxe Aizpurua “blanqueaba” el relato. Quedaba así rubricada la “operación traición” a la Memoria.

Antes de que la ministra de Hacienda subiera a defender el borrador de las cuentas públicas otro gesto más: nuevo acercamiento de presos de ETA a las cárceles vascas, esta vez los asesinos de Alberto Jiménez Becerril y su mujer Ascen, asesinados el 31 de enero de 1998.

Teresa Jiménez-Becerril hermana del edil sevillano Alberto Jiménez-Becerril y cuñada de Ascens, asesinados en 1998. Los terroristas que les dispararon fueron acercados cárceles próximas al País Vasco el pasado miércoles Alberto R. RoldánLa Razón

Dentro del hemiciclo del Congreso, Teresa Jiménez Becerril, hermana del edil sevillano asesinado contemplaba la escena sin olvidar a sus sobrinos a los que los etarras con beneficios penitenciarios dejaron huérfanos.

Más tarde recibiría la llamada de su sobrina Clara. Tenía 5 años cuando ETA le robó a sus padres. Está indignada y cree que se "está mercadeando". "Es una crueldad con las víctimas, se ríen en nuestra cara", le dice a su tía Jiménez Becerril, hoy diputada del PP.

"Mi madre ha hecho de madre. ETA hizo todo el daño que podía, pero no pudo con mis sobrinos gracias a Dios", destaca. Ascen (31), Alberto (29) y Clara (27) eligieron estar fuera del foco de los medios y solo acompañan a su abuela y su tía cuando hay algún homenaje. Teresa Jiménez Becerril les inculcó cuando fueron creciendo que había que defender la Memoria y los valores.

Mientras hay una nueva generación de jóvenes que ignoran quién era ETA y qué hizo, “compran” la teoría de los bandos y piensan en los familiares de los presos que pueden “perder la vida” en las carreteras, por la dispersión, Alberto, el mediano de los Jiménez Becerril escribía en Twitter: “Cómo me gustaría a mí poder coger un autobús una vez al mes durante doce horas para poder ver a mis padres, pero no; dos seres que han sido acercados a sus familias decidieron acerca de sus vidas. Que pena que a algunos les importen más los asesinos que dos paisanos inocentes”. Teresa Jiménez Becerril le ha contado a su madre que han acercado a los asesinos de Alberto y Ascen “porque los familiares se quejan de viajar lejos” a las cárceles. La madre y abuela de los tres niños a los que ETA dejó huérfanos le pregunta: “¿Y yó dónde tengo que ir?”

Jiménez Becerril se enteró de estos traslados por la prensa. “Lo que está pasando ahora mismo es muy duro, nadie me llamó para decirme nada. Creo que están muy entregados. Pactar con Bildu es una ofensa a la razón, a la decencia y a todos los españoles”. “Han reunido al comando Andalucía que asesinó a mi hermano para que estén juntos otra vez”, sentencia. Los hijos de Alberto y Ascen no quieren ser políticos. Cuando se le pregunta a Clara por ello responde rápido: “No, gracias”.

Jiménez Becerril está segura de que "detrás del apoyo de Bildu está el acercamiento de terroristas como el de mi hermano" y advierte de que el nacionalismo es una "planta carnívora" y seguirán pidiendo más.

Antonio Salva, padre del guardia civil Diego Salva asesinado por ETA en PalmanovaPhotographer: Pere Joan OliverLa Razón

Acercamiento de presos

“Cada vez que se acerca a un preso etarra es como si Marlaska fuera a la tumba de mi hijo y le clavara un puñal”. Antonio Salvá se sienta a dos metros de la bancada de EH Bildu, es diputado por Vox. Entró en política para reclamar la memoria y la justicia del crimen sin resolver. Han pasado ya once años desde que el vehículo de los guardias civiles Diego Salvá y Carlos Sáenz de Tejada explosionara en Palmanova. Fueron las últimas víctimas, sin contar con el gendarme francés.

Salvá se muestra convencido de que en ETA hoy hay una "pugna" entre los presos de la banda y los que "pisan moqueta" y a veces se pregunta si alguno de los que hoy están en las instituciones o negocian con los gobiernos participó en el atentado que le arrebató a su hijo. "No lo puedo probar, pero ¿y si a quien asesinó a mi hijo le hubieran premiado de alguna manera?", se pregunta.

El padre de Diego Salvá asegura que "quien negocia con terroristas legitima su pasado", que los presupuestos "están manchados de sangre" y que las víctimas lo son también del Gobierno y del Ministerio del Interior. Está convencido de que los acercamientos son solo la primera parte de un plan mayor: liberar a todos los etarras por la "doctrina Bolinaga". "No seguirá ni un preso de la banda en la cárcel", vaticina.

El asesinato de Diego Salva supuso una "estocada mortal" en su familia numerosa donde la unión de todos fue su fuerza. Un año y medio después, adoptaron a dos niños que siempre han sabido qué le pasó a su hermano y quién es ETA.

El crimen de Diego y Carlos es uno de los más de 300 sin resolver. Salvá está seguro de que los asesinos no lo habrán borrado de su mente. "Necesitarán de la adulación para no derrumbarse".

Más beneficios

El acercamiento de los presos de ETA fue el chantaje terrorista que a las 18:30 horas, los etarras exigieron un 10 de julio de 1997 al Gobierno. Acababan de secuestrar al edil de Ermua Miguel Ángel Blanco y de sentenciarlo a muerte. El etarra Javier García Gaztelo, "Txapote", lo ejecutó con dos disparos en la cabeza. Hoy, el sanguinario terrorista quien también participó en los asesinatos de Fernando Múgica o Gregorio Ordóñez es uno de los cinco etarras que se encontraban en el centro penitenciario de Huelva y que han abandonado el módulo de aislamiento.

Cristina Cuesta es ahora la directora de la Fundación Miguel Ángel Blanco. Los terroristas asesinaron a su padre, Enrique Cuesta en 1982 junto al policía nacional Antonio Gómez. Su asesinato supuso un duro golpe en la familia. Eran los "años de plomo" y funcionaba el "algo habrá hecho". Su madre tardó diez años en cobrar una pensión. Cuesta, tuvo que cambiar su vida en un mes, de estudiante de periodismo a trabajar en Telefónica de San Sebastián. "Me tocó ser la fuerte y reorganizar el equilibrio perdido". Recuerda cómo su hermana, con 14 años había quedado con su padre el día que lo mataron. "Mi hermana vio de lejos cómo le asesinaban".

Cristina Cuesta, directora de la Fundación Miguel Ángel Blanco. Su padre, Enrique Cuesta fue asesinado por los terroristas en 1982.Jesús G. FeriaLa Razon

Asegura que "en San Sebastián existía y sigue existiendo la legitimación de ETA en los vecinos, en los compañeros de trabajo... En 2000 se vio obligada a abandonar el País Vasco por la presión proetarra con la estrategia de "socializar el sufrimiento". Cuesta subraya que las víctimas ven con "preocupación y angustia" los beneficios penitenciarios que se están dando a los presos de ETA y tanto ella como Mari Mar Blanco, con la que habla a menudo, están convencidas de que el fin del aislamiento de "Txapote" "puede ser el primer paso de otros beneficios más". "Obedece a la negociación fruto de la colaboración del Estado" con quienes no han condenado los asesinatos de la banda. "Sentimos que se está negociando con nuestro dolor y sufrimiento. Es la derrota política de las víctimas". Además, apunta que la angustia que supone esa incertidumbre no les permite cerrar el duelo. "El asesino de mi padre está en la prisión de Burgos y me preocupa que salga por la puerta de atrás".

Criada en San Sebastián, destaca que las palabras del sacerdote de Lemona justificando los asesinatos como una guerra de dos bandos es "preocupante" porque, avisa: "Responde a la mentalidad de parte de la sociedad vasca".

Paz Prieto junto a sus hermanos Javier y Pilar Prieto en el mismo sitio donde aseinaron a su padre, el teniente coronel y exjefe de la Policía Foral José Luis Prieto Gracia.Villar LopezLa Razón

El mismo día que Pedro Sánchez acudía a Navarra para afianzar su entente con EH Bildu en la comunidad foral, pactando un nuevo acuerdo de presupuestos, esta vez autonómico y por medio de María Chivite; los hijos del teniente coronel y ex jefe de la policía foral, José Luis Prieto Gracia se reunían en la puerta de la iglesia donde su padre fue asesinado en 1981. Pilar, Javier y Paz Prieto son tres de los siete hermanos a los que ETA dej sin un padre "sin miedo" que "confiaba en la providencia". "Murió de pie, como militar; en Navarra, por español; a las puertas de una iglesia, como cristiano y, del brazo de su mujer", recuerdan en un poema sus hijos. En uno de los muros de ladrillo de la Iglesia, justo donde fue asesinado Prieto se repite desde entonces la pintada de una o dos cruces negra. Nadie sabe quién las pinta, alguna vez han sido borradas, pero siempre vuelven a aparecer. "A mí madre era algo que le consolaba".

"Traición" a Navarra

Ahora, Navarra es la tierra convertida en el laboratorio donde Sánchez se mira en su estrategia de integrar a Bildu en la "dirección del Estado", en palabras de Pablo Iglesias. "Cada beneficio penitenciario cada gesto con los etarras es un pago más del peaje que tiene que pagar con Bildu. No hacen nada gratis", recuerda Paz Prieto que pertenece a la asociación de víctimas de Navarra. "Los terroristas deberían reconocer el daño causado y colaborar para esclarecer los crímenes sin resolver".

Prieto recuerda que fue en Navarra donde Sánchez repitió el "no pactaré con Bildu. Te lo puedo decir cinco veces" y, sin embargo, ahora, "está legitimando a los herederos de ETA". Los hermanos Prieto esperan que Navarra no siga siendo moneda de cambio y continúen las cesiones porque "los navarros no lo aceptaremos", advierte.

Todas las víctimas coinciden: Son los pactos de la “indignidad”. Todos ellos tenían familia, las que ETA rompió.