Durmiendo con su enemigo, por José Antonio Vera

El presidente del Gobierno, Pedro SánchezFernando CalvoEFE

A propósito del pacto presupuestario, el ex vicepresidente Alfonso Guerra habló ayer con claridad. «Sánchez dijo que no podría dormir con Iglesias en la Moncloa», y sin embargo «ahora duerme con él». Duerme con su enemigo. A pierna suelta, cabría añadir. Sin pesadillas ni remordimiento de ningún tipo, pese a que el dirigente podemita está llevando al jefe del Ejecutivo a alianzas de las que siempre renegó. Primero, con el independentismo separata de ERC. Después, lo que es aún peor, con los proetarras de Bildu.

«Con Bildu no», le espeta Guerra a Sánchez, tras reconocer que muchos socialistas tienen hoy «un nudo en la garganta» como consecuencia de este acuerdo «despreciable» (sic). Lo dice Alfonso Guerra y lo dicen, cada uno a su manera, Leguina, Corcuera, Vázquez, Redondo Terreros, Lombán, Vara y García-Page, entre otros. Aunque ninguno da el paso de plantarse y decir «por aquí no pasamos», pidiéndole al presidente que rectifique.

Y es que lo peor de todo es que este pacto no es necesario. No hace falta el apoyo de Bildu para aprobar los presupuestos. Tiene Pedro Sánchez costaleros de sobra, empezando por ERC y el PNV y pasando por Mas País, el Bloque, Compromís, los canarios, Revilla y el de Teruel. Pactar con Bildu «sin haber necesidad» son ganas de exasperar a la militancia y de levantar en su contra a los barones y al socialismo histórico, que sabe muy bien qué fue el terrorismo de ETA, cuánto daño hicieron, cuántas familias rompieron, el dolor que han causado. Y saben que el principal problema para su rehabilitación política y democrática es que no se han arrepentido, no piden perdón, creen que lo que hicieron estaba justificado.

No solo eso. Envalentonados como están otra vez por el papel protagonista que les otorga Pablo Iglesias, y les admite Sánchez, se dedican a decir que vienen a Madrid «a tumbar el régimen». A acabar con la Constitución del 78 y la Monarquía parlamentaria, tal y como pregona el podemismo. A crear un nuevo estatus en el que el «estat catalá» y el «estado vasco» coexistan en igualdad con el Estado español dentro de la República Confederal de los pueblos ibéricos.

Esa es la Agenda que Iglesias le ha vendido a sus aliados, y que ERC y Bildu le compran con lógico entusiasmo. Los presupuestos y el traslado de presos no dejan de ser, en realidad, una cuestión coyuntural menor.